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doi: 10.1016/j.anpedi.2012.06.013

Diabetes mellitus: formas de presentación clínica y diagnóstico diferencial de la hiperglucemia en la infancia y adolescencia

Diabetes mellitus: clinical presentation and differential diagnosis of hyperglycemia in childhood and adolescence

Ó. Rubio Cabezas a, J. Argente a,

a Servicio de Endocrinología, Hospital Infantil Universitario Niño Jesús, Madrid, España Instituto de Investigación La Princesa, Departamento de Pediatría, Universidad Autónoma de Madrid, España Centro de Investigación Biomédica en Red-Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (CIBERobn) (06/22), Instituto de Salud Carlos III, Madrid, España

Palabras Clave

Diabetes mellitus. Hiperglucemia. Glucosuria. Autoinmunidad. Insulinorresistencia. Maturity-onset diabetes of the young. Diabetes neonatal.

Keywords

Diabetes mellitus. Hyperglycemia. Glycosuria. Autoimmunity. Insulin resistance. Maturity-onset diabetes of the young. Neonatal diabetes.

Resumen

La diabetes mellitus es una de las enfermedades crónicas más frecuentes en la infancia. Constituye un conjunto de enfermedades clínica y etiopatogénicamente heterogéneo, aunque más del 95% de los casos en nuestro entorno corresponden a diabetes tipo 1 autoinmune. Los avances ocurridos durante los últimos años han permitido la adscripción de un número cada vez mayor de pacientes a subtipos distintos. En esos casos, el diagnóstico correcto se ve facilitado por el hecho de que muchas de estas causas raras de diabetes se asocian con síndromes clínicos específicos o se manifiestan a una edad determinada. Muchas de ellas son, además, subsidiarias de diagnóstico molecular. El objetivo de esta revisión es poner al día los conocimientos actuales en este campo con objeto de facilitar la consecución de un diagnóstico preciso y entender las implicaciones del mismo sobre el tratamiento y el pronóstico de dichos pacientes.

Artículo

Introducción

La diabetes mellitus es una de las enfermedades crónicas más frecuentes en la infancia1. En realidad, no se trata de una única enfermedad sino de un síndrome heterogéneo que incluye numerosas entidades clínicas etiopatogénicamente distintas, caracterizadas todas ellas por un dato analítico común, la hiperglucemia mantenida, responsable de gran parte de las complicaciones crónicas que los pacientes diabéticos pueden desarrollar con el tiempo2.

El mantenimiento de la glucemia en su estrecho rango de normalidad depende del equilibrio entre 2 factores: la secreción de insulina desde el páncreas, por un lado, y el grado de sensibilidad a la misma (fundamentalmente en hígado, músculo esquelético y tejido adiposo), por otro3. En condiciones normales, el producto de ambos factores, conocido como índice de disposición, permanece constante en un individuo dado y las variaciones fisiológicas de la sensibilidad a la insulina se compensan con cambios de la secreción de la misma en sentido opuesto. Así, por ejemplo, la insulinorresistencia característica de la pubertad se acompaña de un marcado aumento en la producción endógena de insulina. En caso de que una disminución de la sensibilidad a la insulina, fisiológica o no, no pueda ser compensada adecuadamente por un aumento de su secreción, el equilibrio entre los factores anteriores se altera, resultando en una situación de deficiencia relativa de insulina, con la consiguiente aparición de hiperglucemia. En otros casos, la hiperglucemia es debida fundamentalmente a una disminución primaria de la secreción de insulina sin cambios apreciables en la sensibilidad a la misma, es decir, a una deficiencia absoluta de insulina. De este modo, la hiperglucemia puede ser el resultado de una alteración grave en uno solo de los componentes del sistema o de una combinación de defectos leves en cada uno de los componentes. Desde un punto de vista etiopatogénico, por tanto, cualquier tipo de diabetes puede considerarse secundaria a una alteración predominante de la secreción de insulina (diabetes tipo 1, diabetes MODY, diabetes mitocondrial y diabetes neonatal, entre otras) o a una deficiencia relativa de insulina en pacientes con mayor o menor grado de insulinorresistencia (diabetes tipo 2, diabetes relacionada con la fibrosis quística, síndromes de insulinorresistencia grave y lipodistrofias, entre otras)4.

Con gran diferencia, la forma más frecuente de diabetes mellitus en los niños y adolescentes de nuestro medio es la diabetes tipo 1, en la que uno o más estímulos ambientales desencadenan, en ciertos sujetos genéticamente predispuestos, una reacción autoinmune contra las células β pancreáticas que acaba por destruirlas. No obstante, este no es el único tipo de diabetes mellitus que puede observarse en la infancia5, 6. El avance de los conocimientos en este campo en los últimos años ha hecho que un número creciente de pacientes pediátricos sean incluidos en otras categorías diagnósticas distintas a la diabetes tipo 1. La correcta identificación de estos casos puede tener implicaciones relevantes, no solo en cuanto al mecanismo de producción de la enfermedad, sino también en lo que se refiere a la forma de presentación clínica, a la manera de confirmar el diagnóstico, al tratamiento más adecuado, al pronóstico a largo plazo de la enfermedad o al riesgo de que los familiares próximos desarrollen la enfermedad en cada caso. El diagnóstico específico de estas formas poco frecuentes de diabetes mellitus se ve facilitado en ocasiones por el hecho de que muchas de ellas se asocian con síndromes multiorgánicos característicos (y frecuentemente preexistentes, ya que a menudo la hiperglucemia aparece de forma tardía, después de otras manifestaciones clínicas)7 o con una edad de presentación determinada, como es el caso de la llamada diabetes neonatal8.

Este artículo revisa los criterios diagnósticos actuales de diabetes mellitus y, más someramente, los distintos tipos de diabetes que pueden presentarse en niños y adolescentes, así como las situaciones que deben hacer sospechar la posibilidad de una forma de diabetes distinta a la clásica diabetes tipo 1. En la última parte del artículo, y con la intención de maximizar la utilidad práctica de la revisión para el pediatra general, se presentarán distintos escenarios clínicos característicos, que tratan de representar las formas de presentación más habituales de la diabetes infantil. Las posibilidades etiológicas en cada caso son distintas y, por consiguiente, es necesario considerar a cada paciente de forma individualizada antes de tipificar la forma de diabetes mellitus que presenta.

Diagnóstico de diabetes mellitus

Confirmar el diagnóstico sindrómico de diabetes mellitus no siempre es sencillo. La forma de presentación clínica de la enfermedad no es única, y aunque la mayoría de los pacientes muestran síntomas característicos secundarios a la hiperglucemia mantenida durante un tiempo más o menos prolongado antes de que la enfermedad se sospeche, otros son diagnosticados en una fase evolutiva más temprana, ya sea casualmente ya mediante el cribado selectivo de determinados grupos de riesgo, y se encuentran completamente asintomáticos en el momento del diagnóstico. Por este motivo, distintos organismos internacionales, como la Asociación Americana de Diabetes (ADA), han establecido una serie de criterios diagnósticos consensuados, tanto para el diagnóstico de diabetes mellitus como para el de otras alteraciones relacionadas del metabolismo hidrocarbonado, basados en la determinación directa de la glucemia (o, más recientemente, en su estimación indirecta a través de la HbA1c) y en la presencia de síntomas osmóticos característicos (poliuria, polidipsia y pérdida de peso, entre otros) (Tabla 1)2. En el caso de los pacientes asintomáticos, los puntos de corte más adecuados se determinaron teniendo en cuenta la asociación de la variable utilizada para hacer el diagnóstico (glucemia en ayunas, glucemia a las 2h de la sobrecarga oral de glucosa o HbA1c) con la presencia de retinopatía diabética en grandes estudios epidemiológicos2.

Tabla 1. Criterios diagnósticos de diabetes mellitus

1. HbA1c ≥6,5%Determinada por un método estandarizado frente al ensayo del estudio DCCT a
o
2. Glucemia en ayunas ≥126mg/dLAl menos 8h desde la última ingesta calórica a
o
3. Glucemia a las 2h durante una SOG200mg/dLUtilizando el equivalente a 1,75g/kg (hasta un máximo de 75g) de glucosa anhidra disuelta en agua a
o
4. Glucemia ≥200mg/dL en cualquier momento del díaEn pacientes con síntomas clásicos de hiperglucemia o complicación aguda hiperglucémica

SOG: sobrecarga oral de glucosa.

a En ausencia de hiperglucemia franca, los criterios 1 a 3 deben ser confirmados antes de establecer el diagnóstico definitivamente.

En la práctica clínica habitual, la mayoría de los niños con diabetes presentan síntomas característicos en el momento de la primera consulta, por lo que la glucemia al azar elevada suele ser la forma habitual de hacer el diagnóstico. Si el paciente presenta además cetosis, es urgente iniciar el tratamiento para evitar la evolución a cetoacidosis diabética. En estos casos, esperar al día siguiente para confirmar la hiperglucemia y el diagnóstico es peligroso y no está justificado en ningún caso. En ausencia de hiperglucemia sintomática franca o descompensación metabólica aguda, cualquiera de los criterios debe ser confirmado en un día diferente, preferiblemente con el mismo criterio, para minimizar el descartar un error en la medición antes de poder establecer definitivamente el diagnóstico. En ocasiones, puede no ser necesario repetir las pruebas en días distintos. Esto es así, por ejemplo, cuando se cumplen 2 criterios diagnósticos diferentes simultáneamente, como glucemia en ayunas de 126mg/dL o mayor, y HbA1c igual o superior a 6,5%.

La realización de una prueba de tolerancia oral a la glucosa (sobrecarga oral de glucosa) no se recomienda de forma rutinaria pero puede ser útil en determinadas circunstancias, como tras el hallazgo de hiperglucemia leve en un paciente sin síntomas osmóticos que consulta originalmente por otro motivo o en pacientes con glucemia basal normal que presenten una situación de alto riesgo para el desarrollo de diabetes. En esos casos, debe ser realizada tras ingerir una cantidad adecuada de hidratos de carbono (≥150g por 1,73 m2 de superficie corporal) durante al menos 3 días, con objeto de reponer los depósitos hepáticos de glucógeno. Tras el ayuno nocturno, de al menos 8h de duración, el paciente debe ingerir lo más rápidamente posible el equivalente a 1,75g de glucosa anhidra diluida en agua por kg de peso corporal hasta un máximo de 75g. Una glucemia a las 2h de la sobrecarga inferior a 140mg/dL indica una tolerancia oral a la glucosa normal.

La tolerancia anormal a la glucosa o intolerancia a los hidratos de carbono (glucemia a las 2h de la sobrecarga entre 140 y 199mg/dL) y la glucemia basal alterada (entre 100 y 125mg/dL) constituyen etapas intermedias en la historia natural de la diabetes mellitus. Ambas, junto a la HbA1c superior a 5,7% pero inferior a 6,5%, se incluyen bajo la denominación genérica de «prediabetes», término que hace referencia al mayor riesgo para desarrollar diabetes que presentan estos pacientes, y pueden aparecer en las fases más iniciales de la enfermedad.

Todos los criterios diagnósticos se basan en la concentración de glucosa o HbA1c medidas en plasma venoso. Aunque recientemente se ha extendido el uso de los medidores portátiles de glucemia capilar o de HbA1c por su rapidez y facilidad de utilización, su uso como método de cribado para diagnosticar diabetes mellitus no es recomendable debido a su baja precisión. Por tanto, cualquier resultado anormal debe ser confirmado siempre mediante la determinación correspondiente en un laboratorio de bioquímica clínica.

Pese a la conveniencia práctica de la HbA1c, debida al hecho de que no es necesario estar en ayunas para cuantificarla, su utilización como criterio diagnóstico de diabetes no está exenta de problemas9. En primer lugar, su fiabilidad diagnóstica solo ha sido validada cuando la HbA1c se determina con un método estandarizado frente al método de referencia utilizado en el estudio DCCT, lo que no siempre es el caso en los laboratorios clínicos hospitalarios. En segundo lugar, el grado de correlación de la HbA1c con la glucemia media durante los 2-3 meses previos puede no ser adecuado en algunos individuos, sobre todo en pacientes con hemoglobinopatías y ciertos tipos de anemia2. En pacientes con hemoglobinopatías pero con recambio de eritrocitos normal, como el rasgo falciforme, podría medirse la HbA1c mediante un ensayo en el que no interfieran las hemoglobinas anormales. En caso de que el recambio de hematíes esté alterado, como ocurre en las anemias hemolíticas y ferropénicas, el diagnóstico de diabetes mellitus no puede confirmarse utilizando la HbA1c y solo es posible realizarlo con los criterios basados en la glucemia. En tercer lugar, la HbA1c puede ser inicialmente normal o encontrarse solo ligeramente elevada en determinadas formas rápidamente progresivas de diabetes mellitus, como ocurre en algunos niños con la llamada diabetes tipo 1 fulminante. Por último, la sensibilidad diagnóstica de la HbA1c es significativamente más baja que la de los criterios glucémicos en determinados grupos de alto riesgo, como los adolescentes obesos10, 11. En este último caso, se ha sugerido que el hallazgo de una HbA1c superior a 5,7% podría ser considerado una indicación para la realización de una sobrecarga oral de glucosa.

Es importante tener en cuenta, por otro lado, que no todo niño con hiperglucemia tiene diabetes mellitus. Se estima que en torno al 5% de los niños que consultan en los servicios de urgencias presentan hiperglucemia de estrés12. En niños pequeños con ayunos prolongados, la hiperglucemia de estrés puede acompañarse de cetosis, lo que confunde aún más la situación. Hay una gran controversia sobre si la hiperglucemia de estrés es o no un marcador del desarrollo posterior de diabetes mellitus, sin que por el momento se haya llegado a un consenso. El dato anamnésico fundamental en este contexto es la ausencia de síntomas osmóticos previos. En estos casos y, de forma excepcional, es preferible confirmar la glucemia en otro momento para evitar un diagnóstico erróneo y un tratamiento innecesario y, por tanto, peligroso.

Clasificación etiopatógenica de la diabetes mellitus en niños y adolescentes

Una vez diagnosticada la diabetes, es importarte clasificar adecuadamente a cada paciente en función de su causa, ya que esta tiene implicaciones clínicas relevantes, tanto pronósticas (predisposición al desarrollo de complicaciones crónicas u otras enfermedades asociadas) y terapéuticas, como relacionadas con el riesgo de desarrollar la enfermedad para los familiares directos del paciente. La Tabla 2 muestra una adaptación de la clasificación etiológica de la diabetes recomendada por la ADA. A continuación, se detallan los subtipos más frecuentes o que característicamente se presentan en niños y adolescentes.

Tabla 2. Clasificación etiológica de la diabetes mellitus

1. Diabetes tipo 1
a. Inmune
b. Idiopática
 
2. Diabetes tipo 2
 
3. Otros tipos específicos
a. Alteraciones genéticas de la función de las células beta
i. HNF1A (MODY3)
ii. GCK (MODY2)
iii. HNF4A (MODY1)
iv. IPF1 (MODY4)
v. HNF1B (MODY5)
vi. NEUROD1 (MODY 6)
vii. Diabetes mitocondrial
viii. Otras
b. Alteraciones genéticas de la acción de la insulina
i. Resistencia a la insulina tipo A
ii. Leprechaunismo
iii. Síndrome de Rabson-Mendenhall
iv. Diabetes lipoatrófica
v. Otras
c. Enfermedades pancreáticas exocrinas
i. Pancreatitis
ii. Traumatismo/pancreatectomía
iii. Neoplasia
iv. Fibrosis quística
v. Hemocromatosis
vi. Pancreatopatía fibrocalculosa
vii. Otras
d. Endocrinopatías
i. Acromegalia
ii. Síndrome de Cushing
iii. Glucagonoma
iv. Feocromocitoma
v. Hipertiroidismo
vi. Somatostatinoma
vii. Aldosteronoma
viii. Otras
e. Inducidas por fármacos o sustancias químicas
i. Vacor
ii. Pentamidina
iii. Ácido nicotínico
iv. Glucocorticoides
v. Hormona tiroidea
vi. Diazóxido
vii. Agonistas β-adrenérgicos
viii. Tiazidas
ix. Dilantina
x. Interferón γ
xi. Otros
f. Infecciones
i. Rubéola congénita
ii. Citomegalovirus
iii. Otras
g. Formas infrecuentes de diabetes mediada por alteraciones inmunológicas
i. Síndrome del hombre rígido (“stiff-man”)
ii. Anticuerpos antirreceptor de insulina
iii. Otras
h. Otros síndromes genéticos
i. Síndrome de Down
ii. Síndrome de Klinefelter
iii. Síndrome de Turner
iv. Síndrome de Wolfram
v. Ataxia de Friedrich
vi. Corea de Huntington
vii. Síndrome de Laurence-Moon-Biedl
viii. Distrofia miotónica
ix. Porfiria
x. Síndrome de Prader-Willi
xi Otros
 
4. Diabetes gestacional
Diabetes tipo 1

Supone alrededor del 10% de los casos de diabetes en la población general, pero es la forma de diabetes más frecuente con gran diferencia en niños y adolescentes, en los que supone más de 95% de los casos13. En última instancia, se debe a la destrucción de las células β pancreáticas productoras de insulina, por lo que los pacientes requieren tratamiento con inyecciones de insulina exógena para sobrevivir. Por ello, esta forma de diabetes se conocía hasta hace relativamente poco tiempo como diabetes insulino-dependiente14. Dado que la mayoría de los casos se presentan en niños o adultos jóvenes, también se conocía como diabetes infanto-juvenil14. Sin embargo, cualquier forma de diabetes puede necesitar tratamiento con insulina en algún momento de su evolución. Por otro lado, se han descrito casos de diabetes tipo 1 en ancianos. Por ello, ambos términos están actualmente en desuso.

La diabetes tipo 1 es una enfermedad heterogénea que produce manifestaciones clínicas tardíamente, en general de forma aguda o subaguda, cuando ya se han destruido la mayoría de las células β15. En la gran mayoría de los casos, dicha destrucción está mediada por una reacción autoinmune de tipo celular frente a una o más proteínas de las células β (diabetes tipo 1A o autoinmune). Pese a su controvertida participación en el proceso destructivo, se pueden encontrar autoanticuerpos dirigidos frente a diferentes antígenos de las células β en el 90-95% de los pacientes en el momento del diagnóstico16, por lo que la determinación de anticuerpos se realiza de forma rutinaria para confirmar el diagnóstico de diabetes tipo 1A en la mayoría de los centros hospitalarios. Desde el punto de vista etiopatogénico, la diabetes tipo 1A es una enfermedad multifactorial, en cuyo desarrollo intervienen tanto factores genéticos predisponentes como factores ambientales desencadenantes. Hasta el momento, se han identificado más de 40 loci distintos asociados a la diabetes tipo 117, 18, pero la mayoría de ellos contribuyen muy poco a la susceptibilidad genética a desarrollar la enfermedad, por lo que su genotipado sistemático no resulta útil en la clínica. Solo uno de estos loci tiene cierta relevancia práctica: la región HLA de clase II del cromosoma 6p21.3, cuya variabilidad alélica es responsable aproximadamente del 50% del riesgo genético19. La susceptibilidad a la diabetes asociada al HLA representa el efecto combinado de varios genes dentro de esta región20. En individuos caucásicos, la diabetes tipo 1A se asocia fundamentalmente con los haplotipos DR3-DQ2 y DR4-DQ8. Por el contrario, los haplotipos que incluyen la variante DR2-DQ6 confieren protección frente al desarrollo de la enfermedad. La combinación DR3-DQ2/DR4-DQ8 se asocia con el mayor riesgo de desarrollar diabetes tipo 1, aumentándolo 20 veces con respecto al riesgo de la población general. El hecho de que se encuentre en el 20–30% de los pacientes con diabetes tipo 1 y en casi el 50% de los casos diagnosticados en la primera infancia indica, además, que se asocia a una presentación temprana de la enfermedad. Así, el 5% de los niños con este genotipo desarrollan diabetes antes de los 15 años de edad, frente al 0,3% de la población general. En general, el 95% de los pacientes con diabetes tipo 1A presentan un HLA de alto riesgo (DR3-DQ2 y/o DR4-DQ8), aunque estos mismos haplotipos se encuentran también en el 40-45% de la población sana. Por ello, la presencia de un HLA de alto riesgo no permite confirmar el diagnóstico de diabetes tipo 1A, pero su ausencia sí debe hacer dudar del mismo.

Los desencadenantes ambientales que inician la destrucción de las células β en individuos genéticamente predispuestos siguen siendo en gran medida desconocidos, pero el proceso destructivo, representado por la infiltración linfocitaria de los islotes de Langerhans (insulitis), generalmente comienza meses o años antes de que aparezcan los primeros síntomas de la enfermedad. Así, la presentación clínica de la diabetes tipo 1 durante la lactancia es muy poco frecuente, especialmente en los primeros 6 meses de vida, incluso aunque el proceso autoinmune se inicie ya durante la vida intrauterina y puedan encontrarse anticuerpos característicos de diabetes tipo 1 incluso en sangre de cordón21, 22.

Algunos pacientes presentan síntomas típicos de diabetes tipo 1, frecuentemente incluso cetoacidosis diabética23, pero carecen de marcadores de autoinmunidad pancreática. Este subgrupo, denominado diabetes tipo 1B o idiopática24, es mucho más raro que el anterior y se presenta sobre todo, aunque no exclusivamente, en individuos de origen africano o asiático. Engloba, a su vez, distintas formas de diabetes, entre las que se encuentran la llamada diabetes «flatbush»25, en la que se alternan episodios de cetoacidosis diabética por deficiencia grave de insulina endógena con periodos de normalización espontánea de la glucemia durante los que el paciente no requiere ningún tipo de tratamiento, o la diabetes fulminante26, en la que los pacientes presentan hiperglucemia grave y cetoacidosis diabética pocos días después de la aparición de los primeros síntomas osmóticos, con frecuencia precedidos de un cuadro seudogripal, junto a niveles normales de HbA1c y elevados de enzimas pancreáticas (amilasa, lipasa) en el momento del diagnóstico. A diferencia de lo que ocurre en los pacientes con diabetes «flatbush», la destrucción de células β es rápida y definitiva en la diabetes fulminante, por lo que característicamente los pacientes no presentan período de remisión parcial tras el inicio del tratamiento con insulina.

Se han publicado recomendaciones específicas, basadas en la presencia o ausencia de ciertas características clínicas o de laboratorio, para facilitar la identificación de los pacientes con poca probabilidad de padecer diabetes tipo 1 (Tabla 3). Ninguna de dichas características es patognomónica y, por tanto, deben ser consideradas en conjunto más que de forma individual27.

Tabla 3. Datos atípicos de diabetes tipo 1 en la infancia

1. Diagnóstico de diabetes antes de los 6 meses de edad2. Ausencia de autoanticuerpos, especialmente si han sido determinados en el momento del diagnóstico3. Ausencia de HLA de alto riesgo4. Buen control metabólico (HbA1c<6,5%) más de 3-5 años después del diagnóstico, con necesidades de insulina inferiores a 0,5 UI/kg/día y péptido C detectable (>0,5ng/mL) en presencia de hiperglucemia franca (>140mg/dL)5. Ausencia de cetonuria durante las enfermedades intercurrentes, una vez finalizado el período de remisión parcial («luna de miel»).6. Numerosos antecedentes familiares de diabetes no autoinmune o historia familiar de diabetes de cualquier tipo en uno de los progenitores7. Presencia de alteraciones auditivas, visuales o renales
Diabetes tipo 2

Previamente conocida como diabetes no insulino-dependiente o diabetes del adulto, fisiopatológicamente se debe a la coexistencia de cierto grado de resistencia a la acción de la insulina y un defecto funcional en las células β pancreáticas que no permite compensar completamente la situación mediante un incremento de la secreción de insulina28. La obesidad es la causa más frecuente de insulinorresistencia patológica en la infancia, que se hace más evidente durante la pubertad, cuando se suma a la insulinorresistencia fisiológica propia de esta etapa de la vida. La diabetes tipo 2 es, con diferencia, la forma más frecuente de diabetes en la población general. Aunque en ciertas poblaciones concretas con riesgo muy alto de diabetes tipo 2, como los indios Pima, esta es al menos tan frecuente en niños y adolescentes como la diabetes tipo 129, los casos pediátricos son excepcionales en nuestro medio30, 31 y suelen aparecer en adolescentes pertenecientes a determinados grupos étnicos minoritarios, con obesidad de predominio troncular, datos clínicos y analíticos de síndrome metabólico (acantosis nigricans, ovario poliquístico, hipertrigliceridemia, hipertensión y esteatosis hepática) e historia familiar de diabetes32. Hasta el 30% de los casos incidentes de diabetes tipo 2 pediátrica pueden presentar cetosis en el momento del diagnóstico y requerir tratamiento agudo con insulina32, por lo que la presencia de cetosis no puede utilizarse como criterio de exclusión de este diagnóstico. Sin embargo, se han publicado una serie de hallazgos clínicos y analíticos que deben hacer sospechar del diagnóstico de diabetes tipo 2 (Tabla 4)27.

Tabla 4. Datos atípicos de diabetes tipo 2 en la infancia

1. Ausencia de obesidad grave y/o acantosis nigricans u otros marcadores de síndrome metabólico2. Numerosos antecedentes familiares de diabetes sin obesidad3. Pertenencia a grupo étnico con prevalencia relativamente baja de diabetes tipo 2 (ej: caucásicos)4. Ausencia de insulinorresistencia (insulina y/o péptido C basales normales)5. Presencia de autoanticuerpos contra las células β pancreáticas

Aproximadamente un tercio de los adolescentes con aparente diabetes tipo 2 (inicialmente no insulino-dependiente) presentan autoanticuerpos contra las células β, sin que sea posible distinguirlos clínica o analíticamente de los pacientes con diabetes tipo 2 sin autoanticuerpos33. Se ha propuesto para estos pacientes la denominación de diabetes LADY (Latent Autoimmune Diabetes of the Young)34, por analogía con la llamada diabetes LADA (Latent Autoimmune Diabetes of the Adult)35, que supone aproximadamente el 10% de los casos de diabetes no insulino-dependiente en adultos. Es posible que estos casos representen en realidad una forma lentamente progresiva de diabetes autoinmune en el contexto de la actual pandemia de obesidad infantil. Por un lado, los niños y adolescentes obesos están más expuestos a la determinación de la glucemia que los niños no obesos, especialmente porque la mayoría de las guías clínicas de obesidad infantil recomiendan un despistaje selectivo de la diabetes tipo 2; por otro, la obesidad disminuye la sensibilidad a la insulina, lo que favorece la aparición de hiperglucemia en caso de que exista ya un factor favorecedor, como la autoinmunidad pancreática. Todo ello puede llevar a una cierta confusión diagnóstica entre diabetes tipo 1 y diabetes tipo 2 en adolescentes obesos.

Diabetes monogénica

Las formas monogénicas de diabetes mellitus constituyen una pequeña proporción de los casos (1-2%)27, 31. Pese a que las primeras formas familiares de diabetes identificadas se transmitían de padres a hijos según un patrón de herencia autosómico dominante36, en los últimos años se han descrito algunos tipos de diabetes monogénica que se transmiten siguiendo un patrón mendeliano autosómico recesivo o ligado al cromosoma X. En determinadas circunstancias, además, los pacientes pueden presentar mutaciones originadas de novo (es decir, no heredadas de los progenitores), por lo que no existen antecedentes familiares que hagan sospechar a priori la posibilidad de que dichos pacientes padezcan una enfermedad genética. Por tanto, y pese a que el diagnóstico definitivo de las diferentes diabetes monogénicas depende de la realización de estudios genéticos, la sospecha inicial se basa en las peculiaridades clínicas de cada uno de los subtipos37.

Maturity-Onset Diabetes of the Young

El término MODY (Maturity-Onset Diabetes of the Young) se aplica a un grupo heterogéneo de enfermedades caracterizadas por el desarrollo de hiperglucemia no cetósica antes de los 25-35 años de edad, en pacientes generalmente no obesos, que presentan abundantes antecedentes de diabetes en una sola rama familiar38. Constituye, probablemente, el tipo de diabetes infantil más frecuente en la raza caucásica después de la diabetes tipo 1 (Tabla 5). Todas ellas son debidas a la presencia de una mutación en heterocigosis en un gen relevante para el desarrollo y/o la función de las células β pancreáticas. En función del gen responsable, la mayoría de los cuales codifican factores de transcripción39, se han descrito varias formas clínico-genéticas distintas de MODY, de las que las más relevantes desde un punto de vista clínico son las siguientes:

Tabla 5. Características clínicas de las formas más frecuentes de diabetes en niños y adolescentes

  Diabetes tipo 1 Diabetes tipo 2 Diabetes monogénica
Predisposición genética Poligénica Poligénica Monogénica
Edad de presentación A lo largo de la infancia (rara en lactantes) Generalmente puberal o pospuberal Frecuentemente puberal o pospuberal (salvo MODY2 y diabetes neonatal)
Comienzo Generalmente agudo Variable, desde insidioso a agudo Variable
 
Asociaciones
Autoinmunidad Sí (90-95%) No No
Cetosis Frecuente Rara No en MODY, posible en diabetes neonatal
Obesidad Misma frecuencia que en la población general Misma frecuencia que en la población general
 
Acantosis nigricans No No
Frecuencia (% de los casos de diabetes en población joven) Generalmente >95% <5% en la mayoría de los países (50% en ciertas poblaciones) 1-2%
Antecedentes familiares (progenitor afecto) 2-4% 80% 90%
Hiperglucemia leve familiar (MODY2)

La enzima glucocinasa se considera el sensor de glucosa de las células β ya que, debido a sus características cinéticas únicas, acopla continuamente la secreción de insulina a la glucemia. Las mutaciones en heterocigosis en el gen GCK causan hiperglucemia leve y asintomática (100-145mg/dL) desde el nacimiento, que tiende a empeorar muy poco con el paso de los años y suele diagnosticarse de forma accidental al realizar un análisis de sangre por otro motivo. Los niveles de HbA1c suelen estar ligeramente elevados, típicamente entre el 6 y el 7%, pero casi nunca por encima del 7,5%40. Debido a la ausencia de síntomas, con frecuencia el progenitor portador de la mutación desconoce que tiene la glucemia ligeramente elevada, por lo que es importante medir la glucemia de ambos padres siempre que se atienda a un niño con hiperglucemia casual. Esta forma de MODY, la más frecuente en niños, no se asocia con complicaciones vasculares crónicas y no requiere tratamiento41.

Diabetes familiar autosómica dominante

Los pacientes con una mutación en HNF1A (MODY3) suelen presentar hiperglucemia sintomática entre la preadolescencia y los primeros años de la vida adulta, por lo que es muy frecuente que sean diagnosticados incorrectamente de diabetes tipo 1. Esta forma de MODY se debe sospechar en todo adolescente con diabetes sintomática pero no cetósica de reciente comienzo, que no presente anticuerpos típicos de diabetes tipo 1 y que tenga un progenitor diabético40. Dado que la alteración de la secreción de insulina es progresiva, los pacientes suelen requerir tratamiento farmacológico y pueden desarrollar complicaciones crónicas de la diabetes42. Los pacientes con mutaciones en HNF1A presentan de forma característica un umbral renal para la reabsorción de glucosa disminuido, secundario a una alteración del transporte tubular renal de glucosa43, y algo más de la mitad de los niños y adolescentes portadores de una mutación presentan glucosuria posprandial antes de desarrollar hiperglucemia44.

Un fenotipo muy similar, aunque mucho menos frecuente, presentan los pacientes con una mutación en HNF4A (MODY1)45, que se diferencian de los anteriores en que con frecuencia refieren el antecedente personal de macrosomía fetal con/sin hipoglucemia neonatal, ambas secundarias a un cuadro de hiperinsulinismo congénito transitorio que pudo requerir tratamiento con diazóxido temporalmente46.

Ambos grupos de pacientes son muy sensibles a las sulfonilureas que, a bajas dosis, constituyen el tratamiento de elección una vez la dieta sola no es capaz de controlar adecuadamente la hiperglucemia27, 47.

Quistes renales y diabetes

Aunque este síndrome, producido por mutaciones en heterocigosis en el gen HNF1B, se describió inicialmente como un subtipo de MODY (MODY5)48, su manifestación principal en la infancia no es la diabetes, sino las alteraciones del desarrollo renal, fundamentalmente la displasia renal quística49. La gravedad de la afectación renal es muy variable, de modo que las pruebas de función renal son normales en algunos casos, mientras que otros desarrollan insuficiencia renal terminal y requieren un trasplante, con frecuencia antes incluso de que la diabetes se manifieste. El síndrome puede incluir, además, malformaciones uterinas, hiperuricemia e hipertransaminasemia50. A diferencia de las demás formas de MODY, muchas de las mutaciones en HNF1B aparecen de novo51, por lo que la existencia de antecedentes familiares no es imprescindible para sospechar el diagnóstico. Los pacientes no suelen responder a sulfonilureas y necesitan tratamiento con insulina27.

Diabetes neonatal

La diabetes mellitus rara vez se presenta antes de los 6 meses de vida, y cuando lo hace, no se acompaña habitualmente de autoinmunidad frente a las células β ni conlleva asociado un mayor riesgo genético para desarrollar diabetes tipo 152, 53 y, por el contrario, debe ser considerada una enfermedad monogénica. Generalmente los pacientes nacen con un mayor o menor grado de retraso de crecimiento intrauterino secundario a la deficiencia de insulina durante la vida fetal54. Desde un punto de visto evolutivo, es posible diferenciar 2 subtipos de diabetes neonatal55: una forma transitoria, que remite pocos meses después y tiende a reaparecer en la edad escolar o la adolescencia, y una forma permanente, que requiere tratamiento continuado desde el diagnóstico; ambos subtipos son clínica y genéticamente muy heterogéneos8. Algunas características clínicas asociadas a la diabetes pueden ayudar a guiar el estudio molecular (Tabla 6). La mayoría de los casos de diabetes neonatal transitoria se deben a distintas alteraciones que aumentan el nivel de expresión del gen PLAGL1, sometido a imprinting materno (en condiciones normales, solo se expresa el alelo procedente del padre), en la región cromosómica 6q2456. Aproximadamente la mitad de los pacientes con diabetes neonatal permanente tiene una mutación en alguno de los dos genes que codifican el canal de potasio dependiente de ATP de las células β pancreáticas (KCNJ11 y ABCC8)57, 58 o en el gen de la insulina (INS)59, 60. Ambos genes del canal de potasio también se han relacionado con algunos casos de diabetes neonatal transitoria61 y, aproximadamente, el 20% de los pacientes presentan manifestaciones neurológicas como consecuencia de la expresión del canal mutado en las neuronas del sistema nervioso central62, 63. Además de causar diabetes neonatal, se han descrito mutaciones heterocigotas en ABCC8 e INS en algunas familias con MODY64, 65 y en algunos casos de diabetes tipo 1B65, 66. La mayoría de los pacientes con mutaciones en los genes KCNJ11 y ABCC8 pueden ser tratados con sulfonilureas, generalmente a dosis más altas de las habituales67, 68. El resto de los casos requieren tratamiento con insulina.

Tabla 6. Subtipos de diabetes neonatal

Gen Locus Tipo de herencia Manifestaciones clínicas asociadas
Desarrollo pancreático alterado
PLAGL1 6q24 Variable (imprinting) DNT±macroglosia±hernia umbilical
ZFP57 6p22.1 Recesiva DNT (síndrome de hipometilación múltiple)±macroglosia±retraso psicomotor±hernia umbilical±cardiopatía congénita
PDX1 13q12.1 Recesiva DNP+agenesia pancreática (esteatorrea)
PTF1A 10p12.3 Recesiva DNP+agenesia pancreática (esteatorrea)+ hipoplasia cerebelosa+disfunción respiratoria central
HNF1B 17cen-q21.3 Espontánea o dominante DNT+hipoplasia pancreática y quistes renales
RFX6 6q22.1 Recesiva DNP+atresia intestinal+agenesia de vesicular biliar
GATA6 18q11.1-q11.2 Espontánea o dominante DNP+cardiopatía congénita+alteraciones de la vía biliar
GLIS3 9p24.3-p23 Recesiva DNP+hipotiroidismo congénito+glaucoma+fibrosis hepática+quistes renales
NEUROG3 10q21.3 Recesiva DNP+anendocrinosis entérica (diarrea congénita malabsortiva)
NEUROD1 2q32 Recesiva DNP+hipoplasia cerebelosa+alteraciones visuales+sordera
PAX6 11p13 Recesiva DNP+microoftalmia+malformaciones cerebrales
 
Función anormal de las células β
KCNJ11 11p15.1 Espontánea o dominante DNP/DNT±síndrome DEND
ABCC8 11p15.1 Espontánea, dominante o recesiva DNT/DNP±síndrome DEND
INS 11p15.1 Recesiva DNP aislada (raramente DNT)
GCK 7p15-p13 Recesiva DNP aislada
SLC2A2 (GLUT2) 3q26.1-q26.3 Recesiva Síndrome de Fanconi-Bickel: DNP+hipergalactosemia, disfunción hepática
SLC19A2 1q23.3 Recesiva Síndrome de Roger: DNP+anemia megaloblástica sensible a tiamina, sordera
 
Destrucción precoz de células β
INS 11p15.1 Espontánea o dominante DNP aislada
EIF2AK3 2p12 Recesiva Síndrome de Wolcott-Rallison: DNP+displasia esquelética+fallo hepático recurrente
IER3IP1 18q12 Recesiva DNP+microcefalia+lisencefalia+encefalopatía epiléptica
FOXP3 Xp11.23-p13.3 Recesiva ligada a X Síndrome IPEX (enteropatía, eczema, hipotiroidismo, IgE elevada) a
WFS1 4p16.1 Recesiva DNP+atrofia óptica±diabetes insípida±sordera

DEND: «Developmental delay, Epilepsy, Neonatal Diabetes»; DNP: diabetes neonatal permanente; DNT: diabetes neonatal transitoria.

a Este síndrome puede asociarse a la presencia de autoinmunidad pancreática.

Síndrome de Wolfram

También conocido por el acrónimo DIDMOAD (diabetes insípida, diabetes mellitus, atrofia óptica y sordera), es una enfermedad autosómica recesiva muy poco frecuente. La diabetes mellitus suele ser la primera manifestación en aparecer, a veces incluso en lactantes, pero el dato clave para sospechar el diagnóstico es su asociación con atrofia óptica antes de los 16 años de edad69. Los pacientes suelen fallecer en la tercera o cuarta décadas de la vida, generalmente como consecuencia de un largo proceso neurodegenerativo. La mayoría de los casos presentan mutaciones en el gen WFS170, pero existe una variante minoritaria sin diabetes insípida secundaria a mutaciones en CISD271.

Diabetes mitocondrial

Debido a su elevada actividad metabólica, las células β son muy vulnerables a las enfermedades que alteran la función mitocondrial. Puesto que las neuronas y las células musculares presentan la misma vulnerabilidad, la diabetes mitocondrial suele aparecer formando parte de un síndrome multisistémico que incluye manifestaciones neuromusculares. La forma más frecuente de diabetes mitocondrial se debe a la mutación puntual m.3243A>G en el gen del ARN de transferencia para leucina37. La gravedad del cuadro clínico varía dependiendo del porcentaje de copias del ADN mitocondrial que presente la mutación (heteroplasmia), incluso dentro de una misma familia72. Generalmente existen antecedentes familiares en la línea materna. En los casos más leves, la diabetes suele manifestarse en adolescentes o adultos jóvenes, acompañada por sordera neurosensorial. La forma más grave de diabetes mitocondrial es el llamado síndrome MELAS (Myoclonus, Epilepsy, Lactic Acidosis, and Stroke-like episodes), del que la diabetes es un componente bien conocido73. También se ha descrito diabetes en el síndrome de Kearns-Sayre (miocardiopatía, oftalmoplejía, degeneración pigmentaria de la retina), debido a deleciones grandes en el ADN mitocondrial74. La diabetes mitocondrial puede ser tratada inicialmente con dieta y sulfonilureas, pero suele terminar requiriendo insulina. Los pacientes con diabetes mitocondrial son propensos a desarrollar acidosis láctica y, por tanto, la metformina está contraindicada.

Otros tipos específicos de diabetes mellitus Diabetes relacionada con la fibrosis quística

La diabetes relacionada con la fibrosis quística (DRFQ) es, probablemente, la forma más frecuente de diabetes secundaria en nuestro medio. La mejoría progresiva de la esperanza de vida de los pacientes con fibrosis quística hace que la frecuencia de la DRFQ sea cada vez mayor y que algunos pacientes puedan vivir lo suficiente como para desarrollar complicaciones crónicas de la diabetes. Las alteraciones del metabolismo hidrocarbonado en los pacientes con fibrosis quística evolucionan muy lentamente y no suelen asociarse con cetosis debido a que la secreción basal de insulina suele ser suficiente para inhibir la cetogénesis hepática75. Los principales factores para el desarrollo de DRFQ son la insuficiencia pancreática exocrina, las infecciones pulmonares recurrentes, el tratamiento con corticoides y la administración de suplementos nutricionales. La diabetes suele presentarse a partir de la pubertad, pero se han descrito casos más precoces, incluso en lactantes. Se debe principalmente a una deficiencia progresiva de insulina secundaria a la fibrosis pancreática; sin embargo, un cierto grado de resistencia a la misma, especialmente durante las exacerbaciones respiratorias agudas, puede hacer que la intolerancia a los hidratos de carbono sea inicialmente intermitente. El desarrollo de DRFQ se asocia con empeoramiento de la capacidad pulmonar y del estado nutricional (hasta el punto de que debe sospecharse esta forma de diabetes cuando cualquiera de los anteriores no responda al tratamiento antibiótico) y el tratamiento precoz con insulina puede revertir esta situación. Dado que muchos de los pacientes no presentan síntomas inicialmente, es necesario establecer medidas de detección selectiva en los programas de seguimiento habituales (sobrecarga oral de glucosa anualmente a partir de los 10 años)76. Por el momento, la insulina es el único fármaco recomendado para tratar la DRFQ. Inicialmente puede ser necesaria solo durante las exacerbaciones agudas. La destrucción de las células α pancreáticas origina una deficiencia de glucagón y el uso crónico de glucocorticoides puede originar insuficiencia suprarrenal, lo cual, junto a la malabsorción intestinal, determina que los pacientes con DRFQ tengan un mayor riesgo de hipoglucemia.

Diabetes iatrogénica o inducida por fármacos

  • - Las dosis elevadas de dexametasona utilizadas en los pacientes neuroquirúrgicos para evitar o prevenir el edema cerebral pueden causar una forma transitoria de diabetes, que puede tratarse con una infusión intravenosa de insulina.

  • - Numerosos fármacos antineoplásicos pueden producir hiperglucemia transitoria (L-asparaginasa, dosis altas de glucocorticoides) o diabetes permanente por destrucción de las células β (tacrolimus, ciclosporina).

  • - Los pacientes que reciben un trasplante, tanto de un órgano sólido77 como de progenitores hematopoyéticos78, desarrollan diabetes con cierta frecuencia, especialmente si requieren dosis altas de esteroides y/o tacrolimus.

  • - Los fármacos β-adrenérgicos utilizados para el tratamiento agudo del asma pueden producir hiperglucemia transitoria.

  • - Los antipsicóticos atípicos (olanzapina, risperidona, quetiapina) inducen resistencia a la insulina (no siempre asociada con obesidad) y aumentan el riesgo de diabetes.

  • - Los inhibidores de la proteasa utilizados en el tratamiento de la infección por VIH inducen una lipodistrofia característica y síndrome metabólico que puede evolucionar a diabetes mellitus.

  • - Los pacientes con talasemia mayor tienen alto riesgo de desarrollar insulinorresistencia y diabetes, especialmente a partir de la pubertad, posiblemente como consecuencia de la sobrecarga de hierro secundaria a las múltiples transfusiones (hemosiderosis)79.

Síndromes de insulinorresistencia monogénica

Mucho menos frecuente que la diabetes monogénica que cursa con deficiencia de insulina, los subtipos fundamentales que hay que tener en cuenta son:

  • - Las mutaciones bialélicas en el gen del receptor de insulina (INSR) producen un espectro de síndromes recesivos de gravedad variable80, 81. La forma más grave, conocida como leprechaunismo o síndrome de Donohue, cursa con retraso de crecimiento intrauterino con ausencia de grasa subcutánea, rasgos dismórficos (orejas de implantación baja, labios gruesos, hipertricosis y macrogenitalismo) y diabetes de inicio neonatal o en la lactancia. El síndrome de Rabson–Mendenhall se presenta algo más tarde y puede asociarse con hipertrofia gingival con displasia dental y nefropatía quística medular. Por último, el síndrome de resistencia a la insulina tipo A es la forma clínica más leve y suele diagnosticarse en mujeres adolescentes sin sobrepeso que consultan por acantosis nigricans intensa y signos clínicos y analíticos de hiperandrogenismo (síndrome de ovario poliquístico). Se ha descrito una forma clínica similar en pacientes con autoanticuerpos que bloquean el receptor de la insulina (síndrome de insulinorresistencia tipo B)82.

  • - Las lipodistrofias genéticas constituyen un grupo de enfermedades del tejido adiposo que originan una marcada resistencia a la insulina, secundaria a la falta de adipocitos y/o a los bajos niveles de adipoquinas circulantes83. La lipodistrofia generalizada congénita (síndrome de Berardinelli–Seip), de la que se han descrito 2 variantes producidas por mutaciones en AGPAT2 y BSCL, respectivamente84, es una enfermedad recesiva que cursa con ausencia de tejido adiposo, acantosis nigricans marcada, hipertrigliceridemia, virilización y miocardiopatía. La diabetes, que suele aparecer coincidiendo con el desarrollo puberal aunque puede hacerlo ya desde el período neonatal, es de muy difícil control y solo responde a la administración subcutánea de leptina recombinante85. En la lipodistrofia parcial familiar, la pérdida de tejido adiposo subcutáneo se limita a las extremidades, los glúteos y la región baja del tronco. Además del fenotipo característico, los pacientes presentan datos clínicos y analíticos compatibles con un síndrome metabólico marcado. La diabetes se manifiesta en la adolescencia o en los primeros años de la vida adulta. Aproximadamente la mitad de los casos se deben a mutaciones en heterocigosis en LMNA o PPARG83. La insulina y la metformina no son suficientes en la mayoría de los casos, pero la adición de tiazolidinedionas al tratamiento puede ofrecer un cierto beneficio86.

  • - El síndrome de Alström, producido por mutaciones en ALMS187, es una forma sindrómica sin retraso mental de obesidad y síndrome metabólico que cursa con retinitis pigmentosa y sordera88.

  • - El síndrome de Bardet-Biedl es otra forma de obesidad sindrómica, que a diferencia del anterior, cursa con retraso mental, alteraciones visuales y auditivas, polidactilia e hipogonadismo89. Debe distinguirse del síndrome de Lawrence-Moon, que no produce obesidad, diabetes ni polidactilia, pero que asocia paraplejía al hipogonadismo y las alteraciones visuales y auditivas. Hasta el momento, el síndrome de Bardet-Biedl ha sido asociado al menos a 15 loci genéticos distintos (BBS1 a BBS15), todos ellos relacionados con componentes de los cuerpos basales de los centrosomas, lo que justifica las diferencias en el patrón de herencia encontrado entre distintas familias90.

Escenarios clínicos

La presentación clínica de la diabetes mellitus es muy variable, e incluye todas las posibilidades, desde las descompensaciones agudas graves que hacen sospechar inmediatamente el diagnóstico, hasta las formas asintomáticas que se detectan al hacer pruebas de cribado selectivo en determinados grupos de riesgo, o incluso que se detectan casualmente al determinar la glucemia en un análisis de sangre realizado por otro motivo. En la mayoría de las ocasiones, la diabetes mellitus se presenta aislada, sin acompañarse de otras manifestaciones clínicas sobreañadidas. A veces, no obstante, la diabetes puede aparecer en el seno de un contexto clínico más amplio, ya sea formando una parte más del complejo sintomático de una determinada enfermedad, ya sea como consecuencia de algún tratamiento que predisponga a la misma. En estos casos, el diagnóstico suele ser relativamente sencillo y no suele plantear problemas de diagnóstico diferencial, por lo que este apartado se centrará exclusivamente en los pacientes en los que la hiperglucemia constituya el único o principal hallazgo clínico.

Diabetes sintomática (poliuria, polidipsia) con afectación del estado general y cetosis

La coexistencia de hiperglucemia y afectación del estado general o cetosis indica una deficiencia grave de insulina y debe, por tanto, ser tratada inicialmente con insulina para normalizar las alteraciones metabólicas del paciente, sea cual sea su causa última. En nuestro medio, esta forma de presentación clínica debe hacer sospechar el diagnóstico de diabetes tipo 123. El diagnóstico y el tratamiento de este grupo de pacientes pueden ser revisados posteriormente si se encuentra algún dato atípico entre los antecedentes o durante la evolución del paciente (Tabla 3).

Es importante tener en cuenta que la existencia de obesidad no es un dato en contra de este diagnóstico para no incurrir en el error de diagnosticar diabetes tipo 2. Numerosos estudios han demostrado en los últimos años una tendencia progresiva al aumento del índice de masa corporal de los pacientes con diabetes tipo 1 en el momento del diagnóstico91, lo que puede ser debido a un diagnóstico más precoz de la diabetes a causa de una mayor concienciación con esta enfermedad entre los pediatras y las familias de los pacientes (con una duración menor de la deficiencia de insulina y la consecuente lipólisis) o reflejar el actual incremento de la frecuencia de sobrepeso en la población pediátrica general.

Es recomendable la búsqueda sistemática de autoanticuerpos dirigidos contra las células β pancreáticas. Los anticuerpos contra las células de los islotes (ICA), detectables en más del 90% de los niños con diabetes autoinmune en el momento del diagnóstico pero cuya tasa de positividad disminuye rápidamente con el tiempo92, deben ser determinados mediante técnicas inmunohistoquímicas en cortes de tejido pancreático humano por lo que la técnica no suele estar disponible en la mayoría de los centros. La administración exógena de insulina favorece la aparición de anticuerpos contra ella (IAA) y, por tanto, la determinación de estos últimos solo es útil si se realiza dentro de los primeros 10 días de tratamiento. Los anticuerpos contra el transportador de zinc (ZnT8), recientemente descubiertos y muy específicos pero relativamente poco sensibles93, tienden a desaparecer rápidamente tras el diagnóstico. Por último, los anticuerpos dirigidos frente a la enzima decarboxilasa del ácido glutámico (GAD) o frente a la tirosina fosfatasa (IA2) tienden a permanecer positivos durante unos años después del diagnóstico inical, pero suelen desaparecer con el tiempo92. Por todo lo anterior, es recomendable la determinación de al menos 2 tipos distintos de anticuerpos en los pacientes, preferiblemente antes de instaurar tratamiento con insulina o durante los primeros días después de hacerlo. En un contexto clínico de hiperglucemia con afectación del estado general, la presencia de un solo anticuerpo resulta muy sugestiva de diabetes tipo 1A; la presencia de 2 o más anticuerpos, se considera diagnóstica94. No debe olvidarse, sin embargo, que una pequeña proporción de los pacientes con diabetes tipo 1A no presentan ningún marcador de autoinmunidad pancreática (diabetes tipo 1B)24.

En ocasiones, sobre todo en pacientes adolescentes obesos, puede plantearse inicialmente la posibilidad de que un paciente con hiperglucemia y cetosis tenga en realidad diabetes tipo 2. En estos casos, en muchos centros se recurre a la determinación de péptido C (en ayunas o postestímulo) para ayudar a realizar el diagnóstico diferencial con la diabetes tipo 1, ante la idea generalizada de que en este último caso los niveles serán inferiores al rango de normalidad para la edad y el sexo del paciente. Sin embargo, esta asunción ha sido cuestionada por un estudio reciente, cuyos resultados han mostrado que casi un tercio de los niños con diabetes tipo 1A presentan niveles de péptido C superiores al percentil 5 para la población sana (en un 7%, el péptido C superaba incluso el percentil 50)95. Desde el punto de vista práctico, unos niveles bajos o indetectables de péptido C confirman el diagnóstico de diabetes tipo 1, incluso en pacientes sin anticuerpos, pero unos niveles normales no lo descartan y, por tanto, no pueden utilizarse como justificación para retrasar el inicio de la insulinoterapia.

No se recomienda el genotipado rutinario del sistema HLA en todos los niños y adolescentes con diabetes94. Sin embargo, podría tener cierto valor en determinadas circunstancias, como cuando los anticuerpos son negativos. En este sentido, la presencia de un genotipo de riesgo no permite confirmar el diagnóstico de diabetes tipo 1A, pero su ausencia debe hacer dudar de este diagnóstico y estimular la búsqueda de otras explicaciones alternativas a la enfermedad del paciente.

En ciertos casos dudosos, la presencia de otras enfermedades autoinmunes asociadas, como tiroiditis, enfermedad celíaca u otras, puede aportar algún dato más a favor del diagnóstico de diabetes tipo 194. Dado que dichas enfermedades pueden presentarse inicialmente de forma silente, se recomienda la búsqueda activa de marcadores serológicos de autoinmunidad (anticuerpos antiperoxidasa tiroidea y/o antitiroglobulina y anticuerpos antitransglutaminasa, entre otros).

Un subgrupo de pacientes que habitualmente presenta una gran alteración del estado general en el momento del diagnóstico está constituido por aquellos en los que la diabetes se diagnostica antes de los 6 meses de edad. En la práctica, se debe considerar una causa genética subyacente en estos casos8. En general es difícil predecir en el momento del diagnóstico si la diabetes neonatal evolucionará hacia una forma transitoria o permanente, aunque algunas características clínicas pueden ayudar a diferenciar los distintos subtipos y pueden usarse para guiar el estudio molecular inicial (Tabla 5). En cualquier caso, ante la ausencia de algún dato clínico o analítico orientativo, lo más sensato sería descartar simultánea o sucesivamente alteraciones en la región cromosómica 6q24 y mutaciones en los genes KCNJ11, ABCC8 e INS, que suponen en conjunto aproximadamente el 95% de los casos de diabetes neonatal transitoria y el 50-60% de las formas permanentes. El estudio genético debe llevarse a cabo lo antes posible, pues existen razones cada vez más fundadas para creer que el tratamiento precoz con sulfonilureas en los pacientes con mutaciones en los genes del canal KATP no solo mejora el control metabólico de los pacientes, disminuyendo la variabilidad glucémica67, 68 y evitando las hipoglucemias, sino que también puede mejorar, e incluso prevenir, la sintomatología neurológica asociada en estos pacientes96, 97.

Diabetes sintomática sin cetosis

Las campañas de concienciación llevadas a cabo entre los pediatras y la población general han demostrado ser capaces de disminuir muy significativamente la proporción de pacientes pediátricos que presentan esta complicación aguda potencialmente letal como forma de presentación inicial de la enfermedad. Aunque la diabetes tipo 1 sigue siendo el diagnóstico más probable en este contexto, empieza a ser importante tener en cuenta otras posibilidades diagnósticas, como la diabetes tipo 2 o algunas formas de MODY, sobre todo después del inicio de la pubertad (Tabla 5).

Antes de los 10 años, y excluyendo los primeros meses de la vida, prácticamente todos los pacientes con hiperglucemia y síntomas osmóticos padecen diabetes tipo 1. La edad de presentación de la enfermedad parece haberse adelantado en los últimos años, probablemente como consecuencia de determinados factores ambientales no identificados, y es posible que continúe haciéndolo en los próximos años98. No obstante, a medida que disminuye la edad de manifestación inicial de la enfermedad, aumenta la proporción de pacientes que presentan cetosis y/o cetoacidosis en el momento del diagnóstico, lo que contribuye a que los problemas de diagnóstico diferencial sean cuantitativamente menos importantes entre los niños más pequeños que entre los preadolescentes.

En los pacientes peripuberales, el hallazgo de hiperglucemia y síntomas osmóticos sin cetosis debe hacer pensar en una posible diabetes tipo 1 como primera posibilidad, ya que este es el tipo más frecuente de diabetes en la mayoría de los casos. Por tanto, se deben solicitar las pruebas pertinentes, indicadas en el apartado anterior, para confirmar este diagnóstico. En caso de que haya datos atípicos (Tabla 3), hay que valorar otras posibilidades diagnósticas. Así, en pacientes obesos, con signos clínicos y analíticos sugestivos de resistencia a la insulina y una historia familiar cargada de obesidad y diabetes, sobre todo si pertenecen a un grupo étnico de riesgo, será necesario considerar la diabetes tipo 2 como diagnóstico más probable. En caso contrario (Tabla 4), habrá que considerar la posibilidad de que se esté ante un paciente con MODY. De entre los diversos tipos de MODY, en este contexto el tipo más frecuente con diferencia es el debido a mutaciones en HNF1A, y, en menor medida, HNF4A. En ambos casos, las mutaciones de novo son poco frecuentes y, por tanto, la mayoría de los pacientes habrá heredado la mutación correspondiente de uno de sus progenitores, pero la diabetes podría no haberse manifestado aún en el progenitor afecto. Las mutaciones en HNF1A tienen una alta penetrancia que depende en parte de la edad del portador, de manera que el 63% de los portadores desarrollan diabetes antes de los 25 años, el 79% antes de los 35 y el 96% antes de los 55 años37. Uno de los factores que determinan la edad de diagnóstico de la diabetes es la localización de la mutación dentro del gen99, 100. Así, las mutaciones que afectan a los exones terminales del gen (exones 8 a 10) se manifiestan clínicamente, de media, 8 años después que las mutaciones que se localizan en los exones 1 a 6. Por otro lado, la exposición intrauterina a la diabetes materna, en los casos en que la mutación se hereda de la madre, adelanta la edad de presentación clínica de la diabetes en unos 12 años101. La diabetes en los portadores de una mutación en HNF4A tiende a presentarse ligeramente más tarde que en los portadores de mutaciones en HNF1A (Hattersley, comunicación personal). Sea como fuere, la existencia de diabetes en uno de los progenitores no debería ser considerada condición sine qua non para la sospecha de MODY en un contexto clínico, por otra parte, sugestivo (pacientes peripuberales con datos atípicos de diabetes tipo 1 y tipo 2).

Diabetes en pacientes asintomáticos

Tanto las diabetes tipo 1 y tipo 2, como distintas formas monogénicas de diabetes, pueden ser identificadas en fase asintómatica, antes de que se manifiesten clínicamente. Pese a la rareza relativa de esta forma de presentación, realizar un diagnóstico diferencial adecuado en estos casos resulta extremadamente útil, por cuanto permite anticipar el curso de la enfermedad en cada caso y prevenir el desarrollo de complicaciones agudas potencialmente graves como la cetoacidosis diabética, además de facilitar la utilización inicial de fármacos antidiabéticos orales en los casos en los que estén indicados.

En este apartado, cabe distinguir 2 situaciones clínicas diferentes:

  • a) Pacientes pertenecientes a una población de alto riesgo que se someten a pruebas de cribado periódicamente. Este grupo corresponde básicamente a sujetos peripuberales con riesgo aumentado de desarrollar diabetes tipo 2, en función de la presencia de determinadas características personales y familiares (Tabla 7)32. En general, el hallazgo de diabetes en este contexto corresponde a diabetes tipo 2, pero conviene tener en mente otras posibilidades diagnósticas, como la diabetes tipo 1 o la diabetes MODY, especialmente en pacientes caucásicos obesos en los que los signos clínicos y analíticos de insulinorresistencia son leves o incluso están ausentes102.

    Tabla 7. Recomendaciones de la ADA para el diagnóstico de la diabetes tipo 2 en niños y adolescentes

    Criterios de cribado
    Sobrepeso (IMC por encima del percentil 85 para la edad y el sexo)
    y
    Al menos 2 de los siguientes factores de riesgo
    Antecedentes de diabetes tipo 2 en familiares de primer o segundo grado
    Grupo étnico no caucásico
    Presencia de signos de resistencia a la insulina (acantosis nigricans, hipertensión arterial, dislipidemia, síndrome de ovario polisquístico)
     
    Cuándo comenzar el estudio
    A los 10 años o coincidiendo con el inicio del desarrollo puberal (si este tiene lugar antes de los 10 años)
     
    Periodicidad del cribado
    Cada 2 años
  • b) Niños y adolescentes en los que la hiperglucemia constituye un hallazgo casual inesperado en un análisis realizado por otro motivo no relacionado. Hasta el 4-5% de los niños que consultan en los servicios de urgencias hospitalarias presentan hiperglucemia de estrés, definida como una glucemia superior a 150mg/dL12. La hiperglucemia de estrés, que aparece sobre todo en niños pequeños que sufren procesos agudos febriles, convulsiones o traumatismos craneoencefálicos y cuadros dolorosos103, suele ser transitoria y conlleva un riesgo bajo de progresión a diabetes tipo 1104, 105, 106, aunque una minoría de los casos representa la identificación casual de un estado de prediabetes107, 108 y podría ser, por tanto, recomendable repetir la determinación de la glucemia y buscar anticuerpos antipancreáticos una vez que la enfermedad intercurrente haya cedido. En cambio, cuando la hiperglucemia se encuentra casualmente en un individuo completamente asintomático, sin enfermedad intercurrente alguna, el riesgo de desarrollar diabetes tipo 1 es considerablemente mayor. En estos casos se debe ampliar el estudio midiendo los niveles de HbA1c, buscando anticuerpos antipancreáticos y realizando una sobrecarga oral de glucosa. Un estudio italiano realizado en casi 750 niños con hiperglucemia casual mostró que el 30% de ellos presentaban una prueba de tolerancia a la glucosa oral alterada109. Entre los casos que no cumplían criterios diagnósticos de diabetes inicialmente, aquellos con anticuerpos antipancreáticos positivos desarrollaron diabetes tipo 1 posteriormente con mucha mayor frecuencia que los niños sin marcadores inmunológicos de autoinmunidad pancreática109. De estos últimos, aproximadamente un tercio tenía antecedentes familiares de diabetes no insulino-dependiente y cumplía, por tanto, criterios clínicos de diabetes MODY. En un estudio posterior, los mismos autores comunicaron el hallazgo de mutaciones en GCK (MODY2) en casi dos tercios de estas familias y de mutaciones en HNF1A (MODY3) en un 7% adicional110.

Mención aparte merece el hallazgo casual de glucosuria. En estos pacientes, siempre hay que comprobar la coexistencia de hiperglucemia y, en caso de que la haya, proceder a ampliar el estudio según se ha indicado en el párrafo anterior. En los casos de glucosuria sin hiperglucemia, lo más probable es que se trate de un defecto intrínseco de la reabsorción tubular renal de la glucosa (glucosuria renal), pero es importante recordar que la glucosuria sin hiperglucemia puede ser la primera manifestación de la diabetes MODY por mutación del gen HNF1A (MODY3), sobre todo en pacientes que tengan numerosos antecedentes de diabetes mellitus en una de las ramas familiares43, 44. Aunque no se ha comprobado esta hipótesis, esta enfermedad podría estar detrás de los casos comunicados de glucosuria sin hiperglucemia que evoluciona a diabetes con el tiempo111.

Conclusiones

  • - La inmensa mayoría de los nuevos casos de diabetes mellitus en la infancia y la adolescencia corresponden a diabetes tipo 1.

  • - El diagnóstico parece bastante sencillo cuando se atiende a un paciente con afectación del estado general y cetosis. Sin embargo, cuando el diagnóstico de diabetes se confirma en un paciente con hiperglucemia sintomática sin cetosis o cuando el paciente no refiere síntomas osmóticos es necesario considerar varios factores adicionales antes de adscribir la diabetes a un subtipo concreto.

  • - Es necesario obtener un diagnóstico certero en estos pacientes ya que el pronóstico, la actitud terapéutica, el impacto sobre el estilo de vida y la búsqueda de complicaciones difieren drásticamente entre los distintos subtipos de diabetes.

  • - Mientras la diabetes tipo 1 y la diabetes tipo 2 carecen de una prueba diagnóstica única y el diagnóstico se basa en la agrupación de indicios, la mayoría de las formas monogénicas de diabetes pueden diagnosticarse mediante un estudio genético específico. El diagnóstico molecular es caro, pero puede tener un gran impacto en la actitud clínica para con el paciente y otros familiares. Es importante seleccionar cuidadosamente a los candidatos a estudio mediante los datos clínicos disponibles y la realización de determinadas pruebas complementarias, como la determinación de péptido C y autoanticuerpos pancreáticos, así como estudiar a otros miembros de la familia, antes de solicitar el correspondiente estudio genético.

Conflicto de intereses

Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses.

Agradecimientos

Óscar Rubio Cabezas es Investigador del Sistema Nacional de Salud del Programa «Miguel Servet» del Instituto de Salud Carlos III, Madrid (CP11/00263).

Recibido 15 Junio 2012
Aceptado 18 Junio 2012

Autor para correspondencia. argentefen@terra.es

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