x

¿Aún no esta registrado?

Crea tu cuenta. Registrate en Elsevier y obtendrás:

Registrarme ahora
España | Cambiar
Ayuda - - Regístrese - Teléfono 902 888 740
Buscar en

Factor de Impacto:
2012

0,867
© Thomson Reuters, Journal Citation Reports, 2012

Indexada en:

Index Medicus/Medline IBECS, IME, SCOPUS, Science Citation Index Expanded, Journal Citations Report, Embase/Excerpta, Medica

Índice SCImago

SCImago Journal & Country Rank

Teratoma ovárico gigante: un hallazgo casual

Giant ovarian teratoma: An incidental finding

MªJ Tejedor Sanz a, L Martínez Rodríguez a, R Alpera Lacruz a, C Benlloch Sánchez a

a Servicio de Pediatría. Hospital Clínico Universitario de Valencia. España.

Artículo

Sr. Editor:

Los tumores ováricos son raros en la edad pediátrica, representando el 1-5 % de todos los tumores; el más común es el teratoma quístico benigno (90-95 % de ellos)1,2. Entre los teratomas, aunque poco frecuentes, también se encuentran formas inmaduras (1-3 %) y malignas (aproximadamente el 1 %)3-5.

Habitualmente el teratoma se manifiesta cuando alcanza un tamaño considerable como masa, visible o palpable, con síntomas compresivos o de forma aguda.

 

Se presenta el caso de una adolescente mujer de 14 años con menarquia 6 meses antes que acudía a valoración ginecológica por amenorrea en los últimos 3 meses. En la ecografía se apreciaba una masa quística de 20 cm, y destacaba en el momento de la valoración que la paciente se encontraba asintomática. La palpación abdominal resultaba difícil por el sobrepeso de la paciente (IMC: 23,52 en P75-P90) sin poder determinar si existía alguna masa abdominal.

Se realizaron hemograma y bioquímica que fueron normales. En la ecografía abdominal se apreciaba una formación quística en mesohipogastrio de más de 19 cm de diámetro mayor, con ecos y zonas sólidas en su interior, poco vascularizada, así como dilatación pielocalicial bilateral, siendo vejiga, útero y anexo izquierdo normales sin poder determinar con seguridad la dependencia orgánica de la masa.

Para completar el estudio se practicó una TC abdominopélvica en la que se observaba desplazamiento de asas intestinales por una gran masa, tras inyección de contraste se confirmó la formación quística ya conocida con material de densidad calcio y grasa en su interior (fig. 1), sin polos sólidos compatible con teratoma quístico posiblemente dependiente de anexo derecho, el cual no se identificaba en la TC.

Figura 1. TC. Corte transversal con contraste: formación quística heterogénea de gran tamaño con escaso material cálcico (flecha) y abundante contenido de densidad grasa en su interior.

Las determinaciones de hormonas (FSH, LH, prolactina, SHBG, T3 y T4, TSH estradiol, progesterona, testosterona y DHEA) y marcadores tumorales (CEA, alfafetoproteína, b -HCG) fueron normales.

El informe quirúrgico confirmó la existencia de un quiste ovárico derecho de aproximadamente 30 × 30 cm con hydrops tubárico acompañante (fig. 2). La punción del quiste permitió el drenaje de un líquido amarillento transparente y facilitó la extracción de la masa. Durante la intervención se practicó salpingooforectomía derecha y se revisaron anexo izquierdo y útero sin presentar alteraciones patológicas.

Figura 2. Imagen intraoperatoria: gran quiste ovárico derecho de unos 30 × 30 cm con paredes a tensión e hydrops tubárico acompañante.

Tras el estudio anatomopatológico se clasificó como teratoma quístico maduro benigno o quiste dermoide.

Presentó una buena evolución postoperatoria, encontrándose asintomática hasta la fecha.

 

Los tumores ováricos se presentan habitualmente en la práctica clínica como una masa abdominal, causando síntomas compresivos (pesadez, pirosis, etc.), o como abdomen agudo tras torsión, hemorragia o necrosis2,6,7. Sin embargo, no hay que olvidar, dada la localización intraabdominal del ovario, que los síntomas pueden ser tardíos y retrasar por ello el diagnóstico1.

Para el diagnóstico la prueba más utilizada es la ecografía, dada su elevada sensibilidad e inocuidad. Sin embargo, no más de la mitad de los teratomas quísticos maduros presentan los hallazgos típicos de los mismos8: quiste anexial con foco ecogénico y sombra acústica posterior, material sebáceo y/o piloso, siendo importante en los casos de duda completar el diagnóstico con TC o RM4,8.

Los marcadores tumorales son de ayuda para el diagnóstico diferencial siendo la elevación de la β -gonadotropina coriónica indicativa de coriocarcinoma, la de CA-125 de tumores ováricos epiteliales y la de α -fetoproteína de tumores de seno endodérmico1.

Además de con otros tumores como cistadenofibroma o cistoadenoma ovárico es importante el diagnóstico diferencial con patología urológica o linfática, incluso con un embarazo ectópico, sin olvidar la dificultad de distinguirlo de una apendicitis.

Tras diagnosticarlo la actitud terapéutica tradicional ha sido la ooforectomía6, aunque actualmente se prefiere la quistectomía para tumores de pequeño tamaño y de aparente benignidad6,4. Suele realizarse por vía laparoscópica, reservando la laparotomía para los tumores de gran tamaño (como en este caso) o en los que se sospeche malignidad4.

Aproximadamente el 10 % de los quistes dermoides son bilaterales5,7 a pesar de lo cual, si la ecografía preoperatoria y el examen intraoperatorio contralateral son normales, no sería necesaria la biopsia contralateral, ya que sólo el 1,1 % ocultarían un teratoma6.

Una vez extirpado el teratoma se recomienda al menos un seguimiento anual mediante pruebas de imagen, así como el seguimiento clínico hasta haber completado la pubertad.

Por último, cabe destacar la importancia de sospechar este tipo de tumores, principalmente en edades cercanas a la pubertad, ya que, aunque la mayoría se presentan con la sintomatología descrita, un pequeño porcentaje puede permanecer asintomático alcanzando un gran tamaño antes de ser diagnosticado, como ocurrió en el caso expuesto.  

 

Correspondencia: Dra. M.ªJ. Tejedor Sanz. Servicio de Pediatría. Hospital Clínico de Valencia. Avda. Blasco Ibáñez, 17. 46011 Valencia. España.
Correo electrónico: mjosetejedor@terra.es

Bibliografía

1. Gonzalo Alonso E, Merino Marcos I, Fdez-Tejeiro Álvarez A, Astigarraga Aguirre I, Navajas Gutiérrez A.T. Tumores ováricos en la infancia: a propósito de una revisión casuística. CITA
Medline
2. Cifuentes S, Rivas MF. Adolescente con dolor hipogástrico y masa abdominal. CITA
Medline
3. De la Torre Cecilia C, Espino Aguilar R, Amor Trucios J, Arcos Navarro A, Díaz Caneja C. Consideraciones clínico-radiológicas en un teratoma ovárico gigante de larga evolución. CITA
4. Mlikoti A, McPhaul L, Hansen GC, Sinow RM. Significance of de solid component in predicting malignancy in ovarian cystic teratomas. CITA
Medline
5. Muretto P, Chilosi M, Rabitti C, Tommasoni S, Colato C. Biovularity and coalescence of primary follicles in ovaries with mature teratomas. CITA
Medline
6. Templeman CL, Hertweck SP, Scheetz JP, Perlman SE, Fallat ME. The management of mature cystic teratoma in children and adolescentes: A retrospective analysis. CITA
Medline
Articulo
7. Ahmed S. Enlargement and maturation in benign cystic ovarian teratoma. CITA
Medline
Articulo
8. Lee DK, Kim SH, Cho JY, Shin SJ, Yeon KM. Ovarian teratomas appearing as solid masses on ultrasonography. CITA
Medline