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Autopercepción de salud en ancianos no institucionalizados

SELF-PERCEPTION OF HEALTH OF THE NON-INSTITUTIONALISED ELDERLY

M Meléndez Hernández a, R Montero Herrero b, C Jiménez Sánchez a, LE Blanco Montagut c

a Hospital Nuestra Señora de Sonsoles, ZBS Ávila Rural y ZBS de Mombeltrán. DUE
b Hospital Nuestra Señora de Sonsoles, ZBS Ávila Rural y ZBS de Mombeltrán.DUE
c Hospital Nuestra Señora de Sonsoles, ZBS Ávila Rural y ZBS de Mombeltrán.Médico. Tutor del I Curso de Investigación en Enfermería.

Palabras Clave

Autopercepción de salud. SF-36. QWB. Estudio comunitario.

Keywords

Self-perception of health. SF-36. QWB. Community study.

Resumen

Objetivo. Evaluar la autopercepción de salud (AS) de los mayores de 65 años no institucionalizados. Relacionar dicha AS con edad, sexo, nivel socioeconómico (NSE) y utilización de servicios sanitarios (USS). Diseño. Descriptivo transversal sobre muestra estratificada por edad y sexo. Emplazamiento. Ciudad de Ávila. Participantes. Un total de 425 entrevistas representativas de la población censal de mayores de 65 años utilizando el Cuestionario de Salud SF-36 y un cuestionario complementario que recoge información sobre NSE y USS. Resultados principales. El índice de bienestar QWB es de 0,67 (0,69 varones; 0,65 mujeres), decreciendo con la edad (0,70 en < 70 años; 0,59 en > 84 años). Las mejores puntuaciones en el cuestionario se dan en las dimensiones función social (81,1) y rol emocional (79,8) y las peores en salud general (51,9) y vitalidad (58,5), con mejores valores siempre en varones (p < 0,05 excepto en función física [p = 0,05] y salud general [p = 0,47]). A mayor edad siguen peores puntuaciones, afectándose más función física (­50,6%) y rol físico (­45,7%) y menos salud mental (­12,1%), salud general (­16,1%) y rol emocional (­17,8%). Los varones perciben más estable su salud que las mujeres (63,7% frente a 44,6%; p < 0,001). Hay mejor AS cuanto mayor es el NSE (p < 0,05 en todas las dimensiones), mayor es el nivel de estudios (p < 0,05 excepto en función social) y menor es la USS (p < 0,05 excepto en salud mental-ingreso hospitalario). Conclusiones. El índice de bienestar de nuestros ancianos es comparable al de otras poblaciones. Los varones presentan mejor AS que las mujeres y perciben que su salud se mantiene estable en mayor proporción. La AS empeora con la edad significativamente. Un mayor NSE y una menor USS se relacionan con una mejor AS.  

Artículo

Introducción

El envejecimiento poblacional es probablemente el fenómeno demográfico más importante a finales del siglo xx y principios del xxi en los países desarrollados1. El aumento de la esperanza de vida y los descensos de la mortalidad infantil y de la natalidad han condicionado un incremento del grado de envejecimiento, previéndose un 20,1% de mayores de 65 años para España en el año 20202. El aumento de este sector de la población repercute directamente en la labor de enfermería, que tiene en los ancianos a los principales usuarios de sus cuidados.

En el concepto «calidad de vida» se incluye no sólo el aspecto fisiológico del desarrollo individual, sino que se trata el fenómeno «salud» en un sentido amplio, en el que los aspectos psicológicos y sociales cobran gran relevancia3-8. En este sentido, cuando hablamos de «calidad de vida relacionada con la salud» nos referimos al valor asignado a la duración de la vida que se ve alterado por la deficiencia, el estado funcional, la percepción y las oportunidades sociales debidas a una enfermedad, a un accidente, a un tratamiento determinado o incluso a una decisión política3.

El objetivo del presente estudio es evaluar la autopercepción del nivel de salud (AS) de las personas mayores de 65 años, no institucionalizadas, de la ciudad de Ávila a través de la administración de un cuestionario genérico, así como relacionar dicha autopercepción con las variables edad, sexo, nivel socioeconómico (NSE) y utilización de servicios sanitarios (USS).

El escoger este grupo de población se debe a su progresivo «peso» demográfico y a su importancia respecto a la toma de decisiones tanto en política general como en salud pública, debido al gran ­y creciente­ consumo de recursos que su atención y cuidados requiere9,10.

Material y métodos

Hemos analizado la calidad de vida relacionada con la salud en la población mayor de 65 años de la ciudad de Ávila mediante un estudio descriptivo transversal sobre muestra estratificada por edad y sexo, utilizando el Cuestionario de Salud SF-36 junto con un cuestionario complementario que recoge información sobre filiación, NSE y USS.

El SF-36 fue desarrollado para su uso en el Medical Outcomes Study (MOS) a partir de una extensa batería de cuestionarios, cuyo formato final proporciona un perfil del estado de salud a través de 8 dimensiones. Sus ítems detectan tanto estados positivos como negativos de la salud física y mental. Para cada dimensión, los ítems se codifican, agregan y transforman en una escala que tiene un recorrido desde 0 (el peor estado de salud para esa dimensión) hasta 100 (el mejor estado de salud), no generando un índice global. El cuestionario complementario se ha construido con ítems de la Encuesta Nacional de Salud de España 199311 (asistencia por médico en las últimas 2 semanas, visitas a urgencias e ingresos hospitalarios en el último año) y otros propuestos por la Sociedad Española de Epidemiología12 para valorar el nivel socioeconómico (nivel de estudios y ocupación, dividiendo la ocupación en 5 grandes grupos según la Clasificación Nacional de Ocupaciones de 1984 RD 917/84, BOE de 27 de mayo).

Hemos utilizado además un indicador que proporciona una puntuación global de la calidad de vida y que se obtiene a través de una ecuación de regresión en la que intervienen 5 de las 8 dimensiones del cuestionario SF-36, según la fórmula QWB = 0,59196 + 0,0012588 * PF ­ 0,0011709 * MH ­ 0,0014261 * BP + 0,00000705 * GH * RP + 0,00001140 * PF * BP + 0,00001931 * MH * BP13,14, donde PF = función física, MH = salud mental, BP = dolor corporal, GH = salud general y RP = rol físico. Dicho indicador, QWB (Quality of Well-being Index, denominado también Índice de Bienestar), alcanza valores entre 0 (muerte) y 1 (asintomático, estado óptimo) y muestra una distribución normal en poblaciones adultas.

La muestra se ha estratificado por edad y sexo, y el método de extracción ha sido el siguiente: partiendo de los datos referidos a Ávila en el último censo de población disponible (1991), hemos calculado el tamaño muestral recomendado según la fórmula de los universos finitos para 2.554 varones y 3.604 mujeres > 65 años, lo que nos proporciona un tamaño mínimo muestral de 362 personas para p = q = 0,5, un nivel de confianza del 96% y un error de muestreo del 4%. Desglosando el valor mínimo muestral por sexo, se obtiene una población muestral de 133 varones y 229 mujeres. Conocida la estructura etaria de la población y el total muestral se ha calculado el número de entrevistas estratificadas por grupo de edad y sexo a realizar, cifra que pudo ampliarse al realizarse más encuestas válidas que el mínimo necesario hasta alcanzar 425 entrevistas, 154 a varones y 271 a mujeres.

Los cuestionarios se realizaron mediante entrevista personal durante los meses de marzo a junio de 1999 por entrevistadores pertenecientes al ámbito sanitario que fueron entrenados sobre el modo de realizar las entrevistas, unificando criterios y abordando las dudas existentes sobre los diferentes aspectos del cuestionario en 3 sesiones de 2 horas de duración. Cada miembro del equipo realizó un número determinado de entrevistas a un número concreto de personas comprendidas en cada grupo de edad y sexo. Se utilizó para la captación de la muestra el procedimiento de las «rutas aleatorias», de modo que cada entrevistador era dirigido a una zona de la ciudad al azar, contactando allí personalmente con los individuos y realizando la entrevista directamente al anciano. Se determinaron criterios para que no existiera una excesiva agregación espacial de las entrevistas, pues aunque no se trata de un estudio sociológico conviene que exista la mayor independencia posible de factores externos. Se excluyeron del estudio los ancianos institucionalizados y aquellos que presentaban algún tipo de demencia al tratarse de un cuestionario de salud autopercibida. El análisis de los datos se realizó a través del programa informático Epiinfo v. 6.04. La edad se ha tratado como una variable discreta con 5 categorías ­65-69 (138 individuos), 70-74 (103), 75-79 (82), 80-84 (57) y más de 84 (45)­, así como el sexo ­varón (154 individuos), mujer (271)­, mientras que las variables de utilización de servicios ­visita a médico, a enfermero, a urgencias, ingreso hospitalario­ y de nivel socioeconómico ­ocupación y estudios­ eran dicotómicas. La distribución de los valores de las distintas escalas del cuestionario se muestran como medias ± desviación estándar, tanto para su valor global como para los distintos grupos de edad y sexo, valorando mediante la prueba de ji-cuadrado la existencia de diferencias estadísticamente significativas (p < 0,05) en relación con el sexo. La relación entre el valor medio obtenido en cada dimensión con la edad, con cada una de las variables socioeconómicas y con las de utilización de servicios sanitarios se estableció mediante la prueba de Kruskal-Wallis con un nivel de significación p < 0,05 o mediante análisis de la variancia con idéntico nivel de significación previa comprobación de la normalidad de las muestras y de la homogeneidad de las variancias.

Resultados

El valor global alcanzado en nuestro estudio por el indicador QWB es de 0,67; en mujeres de 0,65 y en varones de 0,69. En el grupo de edad 65-69 años es de 0,70; en el de 70-74 años de 0,69; en el de 75-79 años de 0,66; en el de 80-84 años de 0,63, y en el de > 84 de 0,59.

Los valores globales de las 8 dimensiones del cuestionario figuran en la tabla 1, obteniendo puntuaciones (media ± DE) en la escala del dolor corporal de 63,3 ± 29,5, en función física 68,3 ± 27,9, en función social 81,1 ± 26,9, en rol emocional 79,8 ± 37,9, en rol físico 71,1 ± 40,7, en salud general 51,9 ± 19,6, en salud mental 69,2 ± 21,8 y en vitalidad 58,5 ± 23,8, existiendo diferencias estadísticamente significativas entre los sexos en todas las dimensiones excepto en función física y salud general.

Para cada dimensión se ha obtenido la evolución de su puntuación a medida que aumenta la edad (tabla 2), con un descenso entre el grupo más longevo y el más joven de un 25,1% en dolor corporal, de un 50,6% en función física, de un 26,2% en función social, de un 17,8% en rol emocional, de un 45,7% en rol físico, de un 16,1% en salud general, de un 12,1% en salud mental y de un 35,6% en vitalidad, existiendo diferencias estadísticamente significativas (p < 0,05) en todas las dimensiones.

 

 

Respecto a la autopercepción actual de salud en relación con el año anterior (tabla 3), un 51,6% (219 personas) manifiesta encontrarse «igual», un 37,8% (161) están «peor» y un 10,6% (45) «mejor». En relación con el sexo, un 44,3% (120) de las mujeres se encuentra «peor» frente a un 26,6% (41) de los varones (p < 0,001). Un 44,6% (121) de las mujeres se encuentra «igual» frente a un 63,7% (98) de los varones (p < 0,001), no existiendo diferencias estadísticamente significativas entre los que afirman encontrarse «mejor». En relación con la edad (ambos sexos), en < 70 años un 11,5% (16) se encuentra «mejor» y un 29,7% (41) «peor», mientras que en > 84 años un 6,7% (3) se encuentra «mejor» y un 68,9% (31) «peor». Considerando los mayores y menores de 75 años, se aprecian diferencias significativas entre los que se encuentran «peor» (30,2% frente a 47,8%; p < 0,001) y los que se encuentran «igual» (58,5% frente a 42,4%; p < 0,001), mientras que no se advierten entre los que se encuentran «mejor» (11,2% frente a 9,8%; p = 0,32).

 

En lo que se refiere a utilización de servicios sanitarios, en las dos últimas semanas, un 49,4% de los encuestados (210) ha acudido al médico y un 35,5% al enfermero (151); un 25,6% (109) había sido asistido en urgencias en el último año y un 14,6% (62) había estado ingresado en ese mismo período de tiempo, no encontrándose diferencias significativas entre el sexo y ninguna de estas variables.

Respecto a las variables socioeconómicas, un 65,9% (280) pertenecía a la clase social V, un 11,5% a la IV (49), un 14,6% a la III (62), un 5,6% (24) a la II y un 2,4% (10) a la I. No tenía estudios el 12% (51), un 19,4% (82) tenía el primer grado, el 58,0% (246) el segundo y un 10,6% (45) el tercero. No se encuentran diferencias significativas entre sexo y nivel de estudios (p = 0,32), pero sí entre sexo y clase social (muchas más mujeres en el grupo V; p < 0,001).

Los valores correspondientes a la media de la puntuación alcanzada en cada dimensión del cuestionario respecto a las distintas categorías de cada variable socioeconómica y de utilización de servicios sanitarios figuran en las tablas 4-6. Respecto a la USS, se advierten diferencias significativas (p < 0,001) en todos los cruces, a excepción del par salud mental-hospital (p = 0,21). Respecto a las variables socioeconómicas (ocupación y estudios), encontramos diferencias significativas en todas las dimensiones excepto en función social respecto a nivel de estudios (p = 0,21). Dentro de cada dimensión, si comparamos cada grupo ocupacional con el inmediatamente superior no se advierten diferencias significativas en las dimensiones función física, rol emocional y salud general. De manera generalizada se observan menores puntuaciones entre los grupos que utilizan más los servicios sanitarios, los que tienen menor nivel de estudios y los que pertenecen a una clase social más baja.

Discusión

El interés de la medida de la CVRS está fuera de discusión, estando probado que la salud percibida se asocia de manera independiente de los diagnósticos clínicos y otros factores de riesgo a la mortalidad a medio plazo, y que la CVRS predice de manera independiente la hospitalización y la utilización de servicios de atención primaria15.

Los factores determinantes para utilizar el SF-36 han sido su robustez psicométrica, su relativa simplicidad, su generalizada aplicabilidad, su alta consistencia interna y su aceptable reproductibilidad6,7, habiéndose obtenido para nuestro trabajo la licencia de los autores de la versión validada para España. Dado que el cuestionario no genera un índice global de salud percibida, hemos recurrido al indicador QWB, que si bien proporciona una menor información que el SF-36 en el perfil de salud, tiene la ventaja de poder ser utilizado en análisis de coste-utilidad y de coste-efectividad, así como en medición y comparación de cambios en el nivel de salud autopercibida en series temporales16,17. Hemos obtenido un QWB global de 0,67, mínimamente inferior al observado en Estados Unidos para población general > 65 años (0,70) y superior al de enfermos de ese grupo de edad con diabetes tipo 1 sin complicaciones (0,64)13. El valor de este indicador es mayor en varones que en mujeres y disminuye progresivamente con la edad, lo que coincide con lo observado en trabajos realizados con otras metodologías18-22.

En el cuestionario SF-36 las puntuaciones más altas (tabla 1) se obtienen en las dimensiones función social y rol emocional, y los valores más bajos en salud general y vitalidad, encontrando diferencias significativas en cuanto al sexo en todas las dimensiones (excepto en función física y salud general) en el sentido de mostrar puntuaciones más altas en varones que en mujeres, del mismo modo que en otras publicaciones18,19. Los resultados globales son inferiores a los de referencia en España23, lo cual es lógico al corresponder éstos a poblaciones > 18 años y los nuestros a población anciana. En el grupo de edad de 65-74 años los valores encontrados por nosotros son superiores a los de referencia, excepto en las dimensiones dolor corporal y salud general (en varones). En > 74 años son superiores a los nuestros, excepto en función física (mujeres) y en todas las dimensiones de los varones, excepto función física, salud mental y vitalidad.

Al relacionar las escalas con el factor edad (tabla 2) se comprueba una relación inversa (menor puntuación a mayor edad), existiendo significación estadística en todas las dimensiones. Las que porcentualmente disminuyen más entre los grupos de edad extremos son función física y rol físico, y las que menos salud mental, salud general y la mencionada rol emocional, lo que indica que las valencias físicas son las que más se afectan con la edad, mientras que las intelectuales son las que lo hacen
menos.

La simple pregunta sobre comparación del nivel actual de salud respecto al del año anterior (tabla 3) indica que, globalmente, los varones creen que su salud se mantiene estable más que las mujeres (63,7% frente a 44,6%), y que además menos de ellos se encuentran «peor» (26,6% frente a 44,3%). Respecto a la edad, globalmente, los < 70 años que empeoran son el doble de los que mejoran (29,7% frente al 11,5%), mientras que los > 84 años que empeoran son diez veces más que los que mejoran (68,9% frente a 6,7%). Ambos hechos ratifican la peor AS en las mujeres y el progresivo deterioro de la AS con la edad. La relación inversa entre AS y sexo y edad es una constante en la bibliografía20-22, aunque algún estudio muestre resultados contradictorios24. Se ha apuntado que la ganancia de vida de las mujeres (mayor esperanza de vida) se realiza a expensas de años vividos en incapacidad25, es decir, con procesos que restringen la actividad habitual o suponen discapacidad, deficiencias o minusvalía, lo cual se traduce en una menor calidad de vida.

En cuanto al análisis de la relación de las distintas dimensiones con las variables socioeconómicas y de utilización de servicios sanitarios (tablas 4-6), se concluye que cuanto más alto es el nivel socioeconómico (medido a través de una mejor clase social y un mayor nivel de estudios), mejor es la AS, y que ésta es peor cuanto más bajo es aquél, hecho citado reiteradamente en la bibliografía21,22,26. Del mismo modo, cuanto menor es la utilización de servicios sanitarios mayor es la puntuación alcanzada, reflejando que cuanto menos se precisa del recurso a la atención sanitaria mejor es la AS, hecho igualmente citado26,27, aunque exista algún resultado contradictorio22.

 

 

Si bien no hemos valorado a ancianos institucionalizados (que como es conocido tienen una mayor probabilidad de presentar peor salud o limitación más severa de su capacidad funcional23,28), creemos que los valores encontrados en este trabajo son aplicables a la población general anciana de Ávila, y que podemos aproximarnos al nivel de salud percibido por nuestros mayores habiendo establecido una relación con variables como edad, sexo, nivel socioeconómico y utilización de servicios sanitarios. Aunque estas estimaciones son complejas de aplicar en la planificación de servicios específicos, podrían resultar de interés tanto para conocimiento de los gestores como para la evaluación de programas que tengan este grupo de edad como población diana.

Agradecimientos

Este estudio se enmarca en el I Curso de Investigación en Enfermería organizado por el Colegio de Enfermería de Ávila entre mayo de 1998 y julio de 1999. Queremos expresar nuestro agradecimiento a la Junta Directiva del Colegio y especialmente a su presidente, D. Fidel S. Rodríguez Rodríguez, que creyó en las posibilidades de nuestro trabajo y que nos apoyó más que moralmente mucho más allá de lo que hubiéramos podido imaginar.

 

Correspondencia: Marta Meléndez Hernández. Avda. de José Antonio, 2, 2.°. 05197 El Fresno (Ávila). Manuscrito aceptado para su publicación el 5-II-2001.

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