x

¿Aún no esta registrado?

Crea tu cuenta. Registrate en Elsevier y obtendrás:

Registrarme ahora
España | Cambiar
Ayuda - - Regístrese - Teléfono 902 888 740
Buscar en

Factor de Impacto:
2012

1,399
© Thomson Reuters, Journal Citation Reports, 2012

Indexada en:

Current Contents/Clinical Medicine, Journal Citation Reports, SCI-Expanded, Index Medicus/Medline, Excerpta Medica/EMBASE, IBECS, IME, MEDES, PASCAL, SCOPUS, SciVerse ScienceDirect

Índice SCImago

SCImago Journal & Country Rank
doi: 10.1157/13128725

Agua de bebida como elemento de la nutrición

Drinking water as a nutrition element

José Luis Fernández-Martín a, Jorge Benito Cannata-Andía a

a Servicio de Metabolismo Oseo y Mineral. Instituto Reina Sofía de Investigación. REDinREN del ISCIII. Hospital Universitario Central de Asturias. Universidad de Oviedo. Oviedo. Asturias. España.

Artículo



Podemos definir el agua potable (del latín potabilis, bebible) como el agua que puede ser consumida por personas y animales sin riesgo de contraer enfermedades. Según las guías de la Organización Mundial de la Salud1, las legislaciones nacionales deben establecerse para asegurar que el consumidor disfrute de un agua segura. Así, la legislación española2 establece que el agua de consumo humano deberá ser salubre y limpia, entendiendo como salubre y limpia cuando no contenga ningún tipo de microorganismo, parásito o sustancia en una cantidad o concentración que pueda suponer un riesgo para la salud humana y cumpla con una serie de requisitos especificados relacionados, entre otros, con el olor, el sabor, la turbidez, el color, la conductividad, el pH y la contaminación bacteriana.

La legislación vigente estipula los requisitos del agua de consumo basada más en términos de seguridad para el consumidor que en sus valores nutricionales. Sin embargo, el agua de bebida contiene minerales que pueden contribuir a completar algunos nutrientes3.

El aporte principal de calcio en la dieta proviene de los productos lácteos. De manera estimativa, un vaso de leche (aproximadamente, 200 ml) o una ración de yogur (125 g) proporcionan alrededor de 250-300 mg de calcio; por lo tanto, 3 vasos de leche o yogures permitirían acercarnos a la cantidad diaria recomendada de calcio (0,8-1,5 g/día) con la ventaja de una elevada biodisponibilidad. Habitualmente, el calcio contenido en el agua de bebida no se tiene en cuenta dentro del aporte diario, en parte debido a la gran variabilidad de su concentración en los distintos tipos de agua.

El calcio en el agua de bebida se encuentra en forma iónica, con una elevada biodisponibilidad. La fracción de calcio absorbida del agua de bebida oscila en 0,23-0,48, esta variación depende de si se toma el agua en ayunas o acompañada de otros alimentos. La absorción es manor en ayunas4,5 y hay una correlación inversa entre la cantidad de calcio ingerida y su fracción de absorción5. La fracción de calcio absorbida del agua de bebida es comparable a la de la leche4, por lo que el aporte de calcio a través del agua de bebida puede tener gran relevancia desde el punto de vista dietético. El agua de bebida puede contribuir, en función de la concentración de calcio, a la cuarta parte del calcio diario de la dieta6. Se ha descrito que el agua de bebida con elevado contenido de calcio tiene un efecto positivo en los parámetros bioquímicos relacionados con el metabolismo del hueso7. En ese estudio, realizado en mujeres posmenopáusicas con una ingesta de calcio diaria menor de 700 mg/día, aquellas que recibieron durante 6 meses 1 l diario de agua con elevado contenido de calcio (596 mg/l) presentaron un descenso significativo en los valores séricos de parathormona (PTH) y en los parámetros bioquímicos séricos y urinarios que miden actividad del remodelado óseo. El descenso en los valores de PTH fue comparable al observado en mujeres que recibieron un suplemento de calcio de 1.600 mg/día durante 4 años8. Estos datos demuestran que el agua de bebida con un elevado contenido en calcio es una fuente de calcio en la dieta, importancia que se refleja en su capacidad de disminuir el remodelado óseo de un modo comparable al que se observa con la administración de suplementos de calcio.

En el trabajo de Martínez-Ferrer et al9 se analiza el agua de consumo humano en áreas de España y Europa en relación con las concentraciones de calcio, magnesio y potasio. El estudio encuentra una gran variabilidad en el contenido de dichos minerales en las distintas aguas de suministro de diferentes regiones y en aguas que se venden envasadas. Algunas de las aguas incluidas en el estudio tienen concentraciones de calcio por encima de 500 mg/l, lo que implicaría, al igual que en el otro estudio ya citado7, que un litro diario de agua aportaría prácticamente la mitad de los requerimientos diarios de calcio.

Un elevado contenido de calcio en el agua de bebida se acompaña generalmente con un contenido también elevado de magnesio, hecho ratificado por los datos de Martínez-Ferrer et al9. También hay evidencias sobre la relación entre el contenido de magnesio en el agua de bebida y el riesgo de enfermedad cardiovascular10. Un metaanálisis reciente11 analiza 6 trabajos y muestra que concentraciones de magnesio en el agua de bebida entre 8,3 y 19,4 mg/l se asocian con una menor mortalidad cardiovascular (odds ratio = 0,75; intervalo de confianza [IC] del 95%, 0,68-0,82). Sin embargo, estos datos deben ser interpretados con precaución, dado que existen limitaciones importantes, como la heterogeneidad de la exposición y las múltiples variables de confusión, que no permiten demostrar causalidad. De hecho, en un trabajo reciente de Morris et al12, realizado entre 1978-1980 en 7.735 individuos de 40-59 años que fueron seguidos durante 25 años, no se encontró ninguna asociación entre magnesio, calcio o la suma del efecto de ambos, conocido como «dureza total del agua» y muerte cardiovascular o enfermedad coronaria.

Si bien, como ya se ha mencionado, el magnesio en el agua de bebida podría tener un papel protector en la mortalidad cardiovascular, la OMS ha preferido no realizar ninguna recomendación sobre la dureza adecuada del agua de bebida y sobre su posible efecto en la salud1. En lo referente al sabor, el umbral de concentración del calcio a partir de la cual el agua adquiere «cierto» sabor es de 100-300 mg/l y para el magnesio esta cifra probablemente es inferior.

El trabajo de Martínez-Ferrer et al9 también analiza el contenido de sodio del agua de bebida en España y Europa, y muestra que en un 13% de las poblaciones incluidas la concentración de sodio es mayor de 100 mg/l y en 11 (2,9%) poblaciones la concentración es superior a 200 mg/l, similar al de aguas envasadas. Estas elevadas concentraciones de sodio deben ser tenidas en cuenta en el aporte diario total de sodio. Hay suficientes evidencias que asocian la ingesta excesiva de sodio con hipertensión arterial13, hecho que obliga a tener muy en cuenta el aporte de sodio a través del agua de bebida, fundamentalmente en hipertensos.

De todo lo expuesto podría deducirse que lo recomendable sería el agua de bebida con elevado contenido de calcio y magnesio (alta dureza) y bajo de sodio, pero esto podría tener una limitación relacionada con el efecto de estos minerales en el riñón, dado que en el caso del calcio y el magnesio estaría aumentada la excreción urinaria de estos elementos14, con consecuencias negativas en los enfermos con litiasis renal15. Sin embargo, la relación entre la dureza del agua de bebida y la formación de cálculos todavía es un tema controvertido y su efecto negativo aún no se ha contrastado16. Otros componentes presentes en el agua de bebida, como el bicarbonato, también podrían intervenir disminuyendo la formación de cálculos14.

Un 60-80% de los cálculos están formados por oxalato o fosfato de calcio. El calcio puede actuar en el tracto digestivo de pacientes propensos a los cálculos como un captor de oxalato, impidiendo su absorción y disminuyendo su excreción, por lo que se recomienda evitar dietas bajas en calcio17. Sin embargo, en los pacientes propensos a los cálculos con absorción intestinal incrementada de calcio, una ingesta elevada de calcio podría producir hipercalciuria e incrementar el riesgo de litiasis a pesar del efecto beneficioso en la inhibición de la absorción de oxalato18,19.

En resumen, el consumo de aguas de bebida con elevado contenido en calcio puede representar una fuente nutricional importante que debe ser tenida en cuenta en segmentos de la población cuya ingesta de calcio es insuficiente. Un contenido elevado de calcio habitualmente también implica un contenido elevado de magnesio. El aporte de magnesio a través de la dieta podría ser beneficioso en la prevención de enfermedades cardiovasculares; dado que no se han descrito efectos negativos, su ingesta a través del agua de bebida no parece suponer ningún riesgo. Por el contrario, la población hipertensa debe evitar las aguas de bebida con un contenido de sodio muy elevado. Por último, si bien no hay datos concluyentes, el consumo de aguas con elevada dureza debería valorarse en pacientes con propensión a la litiasis.

Agradecimientos

A la Red de Investigación Renal ISCIII-Retic-RD06, REDinREN (16/06). Instituto Reina Sofía de Investigación, Fundación Renal Íñigo Álvarez de Toledo.

Bibliografía

1.WHO. Guidelines for Drinking-water Quality: recommendations. 3.a ed. Geneva: WHO; 2006.
2.Boletín Oficial de Estado. Real Decreto 140/2003, de 7 de febrero, por el que se establecen los criterios sanitarios de la calidad del agua de consumo humano. BOE 2003;45:7228-45.
3.WHO. Nutrients in drinking water. Geneva: WHO; 2005.
4.Heaney RP. Absorbability and utility of calcium in mineral waters. Am J Clin Nutr. 2006;84:371-4.
Medline
5.Bohmer H, Muller H, Resch KL. Calcium supplementation with calcium-rich mineral waters: a systematic review and meta-analysis of its bioavailability. Osteoporos Int. 2000;11:938-43.
Medline
6.Galan P, Arnaud MJ, Czernichow S, Delabroise AM, Preziosi P, Bertrais S, et al. Contribution of mineral waters to dietary calcium and magnesium intake in a French adult population. J Am Diet Assoc. 2002;102: 1658-62.
Medline
7.Meunier PJ, Jenvrin C, Munoz F, De la Gueronniere V, Garnero P, Menz M. Consumption of a high calcium mineral water lowers biochemical indices of bone remodeling in postmenopausal women with low calcium intake. Osteoporos Int. 2005;16:1203-9.
Medline
8.Riggs BL, O'Fallon WM, Muhs J, O'Connor MK, Kumar R, Melton LJ, 3rd. Long-term effects of calcium supplementation on serum parathyroid hormone level, bone turnover, and bone loss in elderly women. J Bone Miner Res. 1998;13:168-74.
Medline
9.Martínez-Ferrer A, Peris P, Reyes R, Guañabens N. Aporte de calcio, magnesio y sodio a través del agua embotellada y de las aguas de consumo público: implicaciones para la salud. Med Clin (Barc). 2008;131: 643-8.
10.Rylander R. Drinking water constituents and disease. J Nutr. 2008;138: 423S-5S.
Medline
11.Catling LA, Abubakar I, Swift L, Hunter PR, Lake IR. A systematic review of analytical observational studies investigating the association between cardiovascular disease and drinking water hardness. J Water Health. 2008;6:433-42.
Medline
12.Morris RW, Walker M, Lennon LT, Shaper AG, Whincup PH. Hard drinking water does not protect against cardiovascular disease: new evidence from the British Regional Heart Study. Eur J Cardiovasc Prev Rehabil. 2008;15:185-9.
Medline
13.Karppanen H, Mervaala E. Sodium intake and hypertension. Progr Cardiovasc Dis. 2006;49:59-75.
14.Siener R, Jahnen A, Hesse A. Influence of a mineral water rich in calcium, magnesium and bicarbonate on urine composition and the risk of calcium oxalate crystallization. Eur J Clin Nutr. 2004;58:270-6.
Medline
15.Diaz-Lopez B, Cannata-Andia JB. Supplementation of vitamin D and calcium: advantages and risks. Nephrol Dial Transplant. 2006;21:2375-7.
Medline
16.Schwartz BF, Schenkman NS, Bruce JE, Leslie SW, Stoller ML. Calcium nephrolithiasis: effect of water hardness on urinary electrolytes. Urology. 2002;60:23-7.
Medline
17.Parmar MS. Kidney stones. BMJ. 2004;328:1420-4.
Medline
18.Moe OW. Kidney stones: pathophysiology and medical management. Lancet. 2006;367:333-44.
Medline
19.Asplin JR. Evaluation of the kidney stone patient. Semin Nephrol. 2008; 28:99-110.
Medline