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Índice SCImago

SCImago Journal & Country Rank

Colonización y/o infección por hongos en unidades de cuidados intensivos. Estudio multicéntrico de 1.562 pacientes

Fungal colonization and/or infection in intensive care units. Multicenter study of 1,562 patients

Francisco Álvarez-Lerma a, Mercedes Palomar b, Cristóbal León c, Pedro Olaechea d, Enrique Cerdá e, Begoña Bermejo f

a Servicio de Medicina Intensiva. Hospital del Mar. Barcelona.España.
b Servicio de Medicina Intensiva. Hospital Vall d'Hebron. Barcelona. España.
c Servicio de Medicina Intensiva. Hospital de Valme. Sevilla. España.
d Servicio de Medicina Intensiva. Hospital de Galdakao. Vizcaya. España.
e Servicio de Medicina Intensiva. Hospital del Getafe. Madrid. España.
f Servicio de Medicina Preventiva. Hospital de Navarra. Pamplona. España.

Palabras Clave

Colonización fúngica. Infección fúngica. Candida spp. Paciente crítico. UCI.

Keywords

Fungal colonization. Fungal infection. Candida spp. Critically ill patient. Intensive care unit (ICU).

Resumen

Fundamento y objetivo: Investigar la frecuencia de infección y/o colonización por hongos en pacientes críticos, ingresados en unidades de cuidados intensivos (UCI) de nuestro país y describir las características y factores de riesgo de los pacientes en los que se han aislado. Pacientes y método: Estudio observacional y multicéntrico en el que se incluyó a los pacientes ingresados en 64 UCI los días 23 de marzo, 22 de junio y 16 de noviembre de 1999. En ellos se investigó la presencia de hongos en alguna muestra biológica desde el día del ingreso hasta el día del estudio. Los pacientes se clasificaron como colonizados o infectados por hongos. Resultados: Se incluyó a 1.562 pacientes, 686 en el primer período, 567 en el segundo y 309 en el tercero, con una media de 24,4 enfermos/UCI (extremos, 9 y 62). En 248 pacientes (15,9%) se identificaron 456 muestras biológicas con aislamiento de hongos, predominando las procedentes del pulmón con 183 (40,1%) aislamientos, orina con 90 (19,7%) y orofaringe con 46 (10,1%). Sólo en 17 pacientes fueron identificados en sangre (3,7%). Candida albicans fue la especie más frecuente en todas las localizaciones (68,9%). En 121 pacientes el aislamiento de hongos permitió la clasificación de infección fúngica (tasa de infección fúngica: 7,7 episodios por 100 enfermos ingresados). Los factores de riesgo individual de infección fúngica en el análisis de regresión logística fueron la utilización previa de antibióticos (odds ratio [OR] = 5,01; intervalo de confianza [IC] del 95%, 1,77-14,2), la ventilación mecánica (OR = 3,45; IC del 95%, 1,61-7,40), la intervención quirúrgica urgente (OR = 2,44; IC del 95%, 1,59-3,74), la presencia de neoplasia sólida (OR = 2,32; IC del 95%, 1,29-4,19), la utilización de corticoides (OR = 1,88; IC del 95%, 1,18-2,99) y el índice de gravedad APACHE II (OR = 1,04; IC del 95%, 1,02-1,07). Conclusiones: Se identificaron hongos en el 15,9% de los pacientes ingresados en UCI, que se clasificaron como causa de infecciones en el 7,7% de los casos. Candida albicans fue el hongo más frecuente en todas las localizaciones. Los factores de riesgo de infección fúngica identificados fueron la utilización de antibióticos previos, el empleo de ventilación mecánica, la cirugía urgente, la presencia de neoplasia, la utilización de corticoides y el grado de gravedad medido por el APACHE II.

Abstract

Background and objective: Our objective was to assess the frequency of fungal colonization and/or infection in critically ill patients admitted to intensive care units (ICUs) and to describe the characteristics and risk factors of those patients in whom fungi had been isolated. Patients and method: Observational, multicenter study of patients admitted to 64 ICUs on March 23, June 22, and November 16, 1999. In these patients, the presence of fungi was investigated in some biological sample from the day of ICU admission to the day of assessment of fungal infection. Patients were classified as colonized or infected by fungi. Results: A total of 1,562 patients were included: 686 in the first period, 567 in the second, and 309 in the third, with a mean of 24.4 patients per ICU (range, 9-62). Fungi were isolated in 456 biological samples from 248 patients (15.9 patients per each series of 100 controlled patients): lung in 183 (40.1%) cases, urine in 90 (19.7%) cases, and oropharynx in 46 (10.1%) cases. Fungi were isolated in blood cultures in 17 (3.7%) patients. Candida albicans was the most frequently isolated fungal species in all sites (68.9%). Isolation of fungi allowed a diagnosis of fungal infection in 121 patients (fungal infection rate, 7.7 episodes per 100 patients admitted to the ICU). Individual risk factors for fungal infection were as follows: previous use of antimicrobials (OR=5.01; 95% CI, 1.77-14.2); mechanical ventilation (OR=3.45; 95% CI, 1.61-7.40); urgent surgical procedures (OR = 2.44; 95% CI, 1.59-3.74); solid neoplasm (OR=2.32; 95% CI, 1.29-4.19); use of corticosteroids (OR = 1.88; 95% CI, 1.18-2.99); and APACHE II score (OR=1.05; 95% CI, 1.02-1.07). Conclusions: Fungi were isolated in 15.9% patients admitted to ICUs and they were the causative agents of infection in 7.7% of cases. Candida albicans predominated in all sites. Risk factors for fungal infection included previous use of antibiotics, mechanical ventilation, urgent surgery, solid tumor, use of corticosteroids, and intermediate severity of illness according to the APACHE II score.

Artículo

En las últimas décadas existe una tendencia progresiva a ingresar en los hospitales a pacientes de edad avanzada, con numerosas enfermedades de base y un nivel elevado de gravedad, a la vez que con mayor frecuencia se indican tratamientos agresivos (quirúrgicos, trasplantes de órganos, radioterapia, citostáticos, corticoides). Por otra parte, no existen limitaciones para aplicar tratamientos que prolongan la vida, en muchas ocasiones con medios artificiales sofisticados y en algunos casos en condiciones extremas. Todas estas circunstancias justifican un cambio en los agentes patógenos que se detectan en el hospital, en especial, en los servicios de medicina intensiva (UCI), habiéndose observado un aumento del protagonismo de microorganismos oportunistas, especialmente de hongos, como causantes de infecciones nosocomiales1-5.

En estos pacientes ingresados en una UCI, con frecuencia se conoce la existencia de candidemias o candidiasis invasivas después del fallecimiento de un paciente en el que se habían aislados hongos en varias localizaciones de baja invasividad. Las dificultades para diagnosticar infecciones fúngicas continúan siendo un problema importante a pesar de la realización de dos conferencias de consenso sobre el diagnóstico y tratamiento de las infecciones producidas por estos microorganismos6,7.

Es conveniente, en estos momentos, investigar la situación de las infecciones y/o colonizaciones por estos microorganismos en pacientes críticos ingresados en una UCI. Por ello, este estudio se ha diseñado con el objetivo de conocer la frecuencia de infección o colonización por hongos en pacientes críticos ingresados en UCI de nuestro país, así como para describir las características y factores de riesgo de los pacientes en los que se han aislado.

Pacientes y método

Se diseñó un estudio observacional y multicéntri co en el que se incluyeron 1.562 pacientes ingresados en las UCI de 64 hospitales los días 23 de marzo, 22 de junio y 16 de noviembre de 1999. Los pacientes incluidos fueron analizados para determinar la presencia de hongos en alguna muestra biológica durante su estancia en la UCI desde el día del ingreso hasta el día del estudio. No se realizaron estudios adicionales a los llevados a cabo previamente al día de selección. Se valoró sólo una muestra positiva a hongos por foco en cada paciente, excepto en aquellos casos en los que se identificaron hongos diferentes en muestras sucesivas. Los estudios microbiológicos solicitados el día del estudio o en los días previos fueron seguidos hasta su resolución. Para valorar el impacto en la mortalidad del aislamiento de hongos se siguió a los pacientes hasta su alta de la unidad o hasta un máximo de 30 días. Los pacientes que permanecían ingresados en la UCI a los 30 días se clasificaron como vivos.

Se elaboró un cuaderno de recogida de datos (CRD) en el que se incluyeron las variables demográficas, factores de riesgo extrínseco, enfermedades de base, tratamientos previos y estudios microbiológicos realizados hasta el día del estudio. El grado de gravedad se valoró con el sistema APACHE II en el momento del ingreso del paciente en la UCI8. Las muestras obtenidas en cada paciente fueron analizadas en los servicios de microbiología de cada hospital. Los hongos aislados se estudiaron, siempre que fue posible, para conocer su género y especie.

Se consideró la existencia de los siguientes factores intrínsecos: enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), definida como tal cuando se disponía de una espirometría forzada con una reducción del volumen espiatorio forzado en el primer segundo (FEV1) y/o del cociente FEV1/capacidad vital forzada (FVC); hepatopatía crónica, si estaba confirmada mediante biopsia o existían signos de hipertensión portal como varices esofágicas o ascitis; diabetes mellitus, si el paciente precisaba de insulina antes del ingreso en el hospital; neoplasia sólida, si se disponía de confirmación histológica; neoplasia hematológica, si estaba confirmada por diagnóstico de seguridad; inmunodeficiencia si cumplía los criterios aceptados por los Centers for Disease Control (CDC) o si existían otras inmunodeficiencias, ya fueran congénitas o adquiridas9, y trasplante de órganos si existía trasplante previo de pulmón, corazón, riñón, médula ósea u otros.

Entre los factores extrínsecos se incluyeron los siguientes: utilización de corticoides, si el paciente consumía una dosis/día equivalente a 20 mg de prednisona durante al menos dos semanas; administración de quimioterapia, los 30 días previos al día del corte, ya fuera como tratamiento de una neoplasia, de un trasplante o por una enfermedad autoinmune; haber recibido tratamiento con radioterapia en los 30 días previos al día del corte; administración de antibióticos en los 10 días previos al día del corte; haber recibido ventilación mecánica durante el presente ingreso hospitalario, antes del día de selección; presencia de traqueostomía el día del corte; presencia de sonda uretral el día del corte; por último, haber sido intervenido de forma programada o urgente durante el presente ingreso hospitalario.

Las infecciones nosocomiales fueron clasificadas de acuerdo con los criterios de los CDC10 de la siguiente manera:

1. Neumonía adquirida en la UCI: diagnóstico de neumonía a partir de las 72 h de ingreso en UCI, cuando no estaba presente o estaba en período de incubación en el momento de ingreso. Asimismo se subdividieron según hubiera o no antecedente de ventilación mecánica previa a la neumonía.

2. Neumonía nosocomial no adquirida en la UCI. Diagnóstico de neumonía a partir de las 72 h de ingreso en el hospital, en un servicio diferente de la UCI, que no estaba presente en el momento de ingreso o bien se hallaba en período de incubación. Las neumonías adquiridas en las primeras 72 h en la UCI se consideraron como no adquiridas en la UCI.

3. Infección urinaria adquirida en la UCI: diagnóstico de infección urinaria a partir de las 72 h del ingreso en la UCI.

4. Bacteriemia primaria: hemocultivo positivo en ausencia de foco conocido.

5. Bacteriemia relacionada con catéter: presencia de microorganismos en sangre que coincidían con el identificado en la punta del catéter y en uno de los siguientes tres lugares: piel en el punto de inserción, conexión externa y líquidos perfundidos.

6. Otras bacteriemias secundarias: presencia de microorganismos en sangre que coincidían con los identificados en otro foco a distancia.

7. Otras infecciones nosocomiales, adquiridas o no en la UCI: cualquier otra infección nosocomial identificada de acuerdo con las definiciones del CDC.

Los aislamientos de hongos fueron clasificados como infección o colonización cuando así fue considerado por los médicos responsables de los pacientes. Se incluyeron como infección tanto las infecciones probadas como las que se valoraron como probables o posibles. Se definió fungemia como la presencia de uno o más hongos en sangre; infección urinaria como la presencia de hongos en orina en concentración superior a 104 unidades formadoras de colonias por mililitro (ufc/ml); infección abdominal como aislamiento de hongos en muestras obtenidas en la cavidad abdominal durante la intervención quirúrgica o a partir de un drenaje situado en una cavidad o espacio abdominal; esofagitis como el aislamiento de hongos en una muestra obtenida en el esófago o como la visualización de placas de hongos mediante fibroesofagoscopia, e infección relacionada con el catéter como la presencia de hongos en la punta de un catéter vascular que además se aislaron en la piel o en la conexión externa del catéter.

Se utilizaron las siguientes medidas de frecuencia: tasa de aislamiento de hongos, definida como el número de pacientes con uno o más aislamientos de hongos por cada 100 pacientes controlados; tasa de infección fúngica, definida como el número de pacientes con infección fúngica por cada 100 pacientes controlados.

Análisis estadístico

Las variables cualitativas se describieron mediante la distribución de frecuencias de cada una de las categorías. Las variables cuantitativas se describieron con la media y la desviación estándar cuando seguían una distribución normal, y con la mediana, valor mínimo y máximo en caso contrario. El estudio de la asociación entre las variables cualitativas se ha realizado mediante la prueba de la *2 . La comparación de medias de dos muestras independientes se ha llevado a cabo mediante las pruebas de la t de Student o U de Mann Withney, según las variables siguieran o no una distribución normal. Por último, para identificar variables predictivas de colonización y/o infección por hongos, se realizaron diversos modelos de regresión logística (paso a paso hacia delante), donde las variables dependientes fueron: aislamiento de hongos, (tanto en colonización como en infección), frente a ausencia de aislamiento; infección fúngica frente a pacientes sin aislamientos fúngicos, e infección frente a colonización fúngica. Las variables independientes son aquellas que resultaron significativas en el análisis bivariable. Los resultados se han expresado mediante la odds ratio (OR) y el intervalo de confianza (IC) del 95%. El nivel de significación estadística aceptado fue del 5% (p < 0,05).

Resultados

Se incluyó a un total de 1.562 pacientes, 686 en el primer período, 567 en el segundo y 309 en el tercero, con una media de 24,4 enfermos/UCI (extremos, 9 y 62), pertenecientes a 64 UCI diferentes. En 248 pacientes se aislaron uno o más hongos durante su estancia en la UCI en el momento del estudio (tasa de aislamiento de hongos, 15,9 pacientes por cada 100 enfermos controlados). Las tasas de aislamiento de hongos en los tres períodos fueron del 16,33, el 16,40 y el 13,92%, respectivamente, con diferencias estadísticamente no significativas (p = 0,57).

La enfermedad de base que predominaba en los pacientes incluidos en el estudio fue médica (n = 747; 48,5%), seguida de la quirúrgica (n = 358; 23,2%), traumática (n = 231; 15,0%) y coronaria (n = 205; 13,3%). El grado de gravedad valorado con el sistema APACHE II ha sido de 15,4 (7,7) (mediana, 15; extremos, 0 y 46) y la mortalidad global intra-UCI, del 18,2%. La mayoría de ellos (87,3%) presentaban uno o más factores de riesgo de infección, entre los que destacaron la utilización de sonda uretral y la ventilación mecánica. En 1.082 casos (69,3%) se habían administrado antibióticos durante la estancia en UCI, en especial cefalosporinas y aminoglucósidos. En 470 pacientes (30,1%) se habían identificado 621 infecciones nosocomiales (tabla 1), entre las que destacaban 194 episodios de neumonías relacionadas con ventilación mecánica (N-VM).

En 121 pacientes el aislamiento de hongos permitió la clasificación de infección fúngica (tasa de infección fúngica: 7,7 episodios por 100 enfermos ingresados), que fue en cada período del 8,6, el 6,9 y el 7,4% de los pacientes, respectivamente (p = 0,51). En la tabla 2 se describen las principales características de la población seleccionada, así como sus antecedentes patológicos y factores extrínsecos, diferenciándolas de acuerdo con la presencia o no de hongos en el momento del estudio. Las variables significativamente asociadas a aislamiento fúngico fueron las siguientes: nivel de gravedad APACHE II, enfermedad médica de base, uso de corticoides, quimioterapia, ventilación mecánica, traqueostomía, sondaje urinario, neoplasia sólida, inmunodepresión, número de factores de riesgo extrínseco, número de enfermedades de base, cirugía urgente y programada, y tratamiento antibiótico previo. Tras el ajuste mediante la regresión logística, las variables significativamente asociadas a aislamiento fúngico fueron: nivel de gravedad APACHE II (OR = 1,03; IC del 95%, 1,01-1,06), utilización de corticoides (OR = 1,77; IC del 95%, 1,22-2,57), empleo de ventilación mecánica (OR = 1,96; IC del 95%, 1,17-3,28), uso de sonda urinaria (OR = 2,68; IC del 95%, 1,28-5,61), inmunodepresión (OR = 2,73; IC del 95%, 1,02-7,29), neoplasia sólida (OR = 1,70; IC del 95%, 1,01-2,87), intervención urgente (OR = 1,56; IC del 95%, 1,10-2,23) y uso previo de antibióticos (OR = 7,12; IC del 95%, 3,04-16,7).

En la tabla 3 se incluyen las características y los factores de riesgo de la población en función de que el aislamiento de hongos fuera clasificado como infección o como colonización. Las únicas variables que alcanzaron diferencias significativas entre ambas poblaciones fueron la neoplasia sólida (p < 0,03) y la cirugía urgente (p < 0,007).

Cuando se compararon los pacientes con y sin infección fúngica, las variables significativamente asociadas en el análisis bivariable fueron las mismas que las identificadas en la comparación de la tabla 2. Tras el ajuste mediante regresión logística, resultaron estadísticamente significativas de infección fúngica las siguientes variables: utilización previa de antibióticos (OR = 5,01; IC del 95%, 1,77-14,2), ventilación mecánica (OR = 3,45; IC del 95%, 1,61-7,40), intervención quirúrgica urgente (OR = 2,44; IC del 95%, 1,59-3,74), neoplasia sólida (OR = 2,32; IC del 95%, 1,29-4,19), utilización de corticoides (OR = 1,88; IC del 95%, 1,18-2,99) y el índice APACHE II (OR = 1,04; IC del 95%, 1,02-1,07).

En los 248 pacientes en los que se aislaron hongos se identificaron 456 muestras con crecimiento de hongos, que procedían de las siguientes localizaciones: 183 (40,1%) del pulmón, 90 (19,7%) de orina, y 46 (10,1%) de orofaringe. Sólo en 17 pacientes el hongo se identificó en sangre (3,7%). En la tabla 4 se incluyen los hongos aislados según la muestra en la que habían sido identificados; en la tabla 5 se detalla la distribución de las especies de hongos en función de su clasificación como infección o colonización. Destaca en todos los casos el predominio de Candida albicans (68,9%), seguido de C. glabrata, C. tropicalis y C. parapsilosis.

Discusión

En este estudio no intervencionista y observacional se ha demostrado que en el 15,9% de los pacientes críticos ingresados en una UCI se aíslan hongos y que la mitad de dichos aislamientos son considerados por los médicos intensivistas como la causa de procesos infecciosos.

No existen datos de referencia en la bibliografía respecto al aislamiento de hongos en pacientes críticos, ya que la mayor parte de los estudios epidemiológicos sólo registran los microorganismos causantes de infecciones. El estudio que más se aproxima al realizado por nosotros, el estudio EPCAN11, presenta notables diferencias, entre las que destaca el hecho de que se trata de un estudio de incidencia (seguimiento continuo durante toda la estancia en UCI), de que se seleccionó sólo a los pacientes con estancia superior a 7 días y de que se realizó una intervención basada en la obtención semanal de muestras de mucosas para la búsqueda de hongos. En esa muestra poblacional se identificaron hongos en más del 50% de los pacientes.

Una de las principales limitaciones de nuestro estudio es el método de selección de los enfermos (método transversal que incluía a los pacientes ingresados en un día concreto), ya que tiende a seleccionar a los pacientes de más larga estancia y mayor gravedad, en los que existe un mayor número de factores de riesgo y, por tanto, mayor posibilidad de aislamiento de hongos. Por otro lado, las definiciones que se han aplicado para la identificación de infecciones fúngicas incluyen, además de las clasificadas como seguras o probadas, otras situaciones clínicas de infección en la que el protagonismo de los hongos sólo puede calificarse de probable o posible.

Los pacientes incluidos en el estudio tenían predominantemente enfermedades médicas, con un elevado grado de gravedad y utilización de sistemas artificiales para sustituir o monitorizar diferentes órganos alterados o insuficientes, la mayoría de ellos con abundantes factores favorecedores de la selección de flora emergente, entre los que predomina el uso de antibióticos. Estas características se favorecen con el sistema de selec ción de pacientes empleado en los estudios de prevalencia.

En el 30,1% de los pacientes incluidos en nuestro estudio se diagnosticaron una o más infecciones nosocomiales. Esta tasa es superior a la de otros estudios de prevalencia realizados en pacientes críticos. Así, en el estudio EPIIC4 se diagnosticó de infección nosocomial al 20,6% de los enfermos, mientras que en los diversos cortes del estudio EPINE12 esta tasa osciló entre el 22,5 y el 26,7%. El mayor número de infecciones registradas en nuestro estudio se debe a la metodología utilizada para su registro, ya que se han incluido todas las infecciones nosocomiales diagnosticadas en los enfermos seleccionados desde su ingreso hasta el momento del estudio, mientras que en los otros estudios se incluyeron sólo las infecciones nosocomiales presentes o en tratamiento en el momento del estudio. En nuestro caso se ha identificado un gran número de infecciones nosocomiales de adquisición fuera de la UCI que, en la mayor parte de los casos, ya estaban resueltas el día del estudio.

En la mitad de los pacientes en los que se han identificado hongos se ha considerado que eran causantes de infecciones. La tasa de infecciones fúngicas por 100 pacientes ha sido del 7,7%. En el estudio ENVIN-UCI13, que incluye sólo infecciones adquiridas en UCI relacionadas con dispositivos invasivos (tubo orotraqueal, sonda urinaria, catéter vascular), los hongos son la causa del 6,5% de las infecciones documentadas, mientras que en el estudio EPINE12 los hongos se identifican entre el 6,65 y el 9,01% del total de aislamientos causantes de infecciones. En el estudio EPIIC4 los hongos llegaron a suponer el 12,5% de todos los aislados en infecciones nosocomiales. En todos los estudios señalados se han considerado infecciones fúngicas tanto las probadas (candidemia, infección abdominal) como las que hoy clasificamos como probables o posibles (candiduria).

Las muestras respiratorias han sido las que más veces han permitido la identificación de hongos, en especial las muestras obtenidas por aspirados bronquiales en pacientes intubados, seguidas de las muestras de orina y exudado orofaríngeo, mientras que sólo en unos pocos casos se han identificado en sangre o en otras muestras de seguridad. Es probable que esto se relacione con el mayor número de muestras obtenidas en dichas localizaciones, aunque en el estudio EPCAN11, que obligaba semanalmente a la obtención de muestras de 4 mucosas diferentes, también fueron las muestras pulmonares las que más identificaciones de hongos permitieron.

Existe una gran variabilidad en las muestras utilizadas para diagnosticar una infección fúngica que se debe, sin duda, a la ausencia de unos criterios de seguridad que sean fáciles de aplicar de forma temprana. Sin embargo, la actitud de los médicos responsables de estos pacientes fue la de considerar los hallazgos microbiológicos de baja seguridad como guía para diagnosticar las infecciones fúngicas. Es posible que esto conduzca al sobrediagnóstico de infecciones fúngicas y al inicio de tratamientos antifúngicos innecesarios. La reciente publicación de los criterios de infección fúngica14,15 en pacientes inmunodeprimidos contribuirá en el futuro a mejorar el diagnóstico de estas infecciones en los pacientes críticos.

C. albicans continúa siendo la especie más frecuentemente identificada, aunque las especies de Candida no albicans o Candida spp. llegan a representar el 35%. En otros países se ha demostrado un incremento progresivo de las especies de Candida no albicans como causan tes de infecciones fúngicas16-19. En un estudio se ha demostrado un incremento de 4 veces de aislamiento de Candida no albicans a lo largo de un seguimiento de 3,5 años18. Estos cambios en la epidemiología de los hongos se han relacionado con el incremento en la utilización prolongada de antifúngicos para profilaxis de estas infecciones en pacientes inmunodeprimidos18. Las infecciones por C. parapsilosis y C. krusei se han asociado con la utilización de fluconazol, mientras que C. glabrata se ha relacionado con el uso de anfotericina B. El estudio SENTRY20, que analiza las candidemias en el año 1997 en diferentes países americanos, ha demostrado que los aislamientos de Candida no albicans han supuesto el 43,8% en EE.UU., el 47,5% en Canadá y el 40,5% en América del Sur. En nuestro estudio sólo se ha identificado un 20% de Candida no albicans, en especial C. glabrata y C. tropicalis. El resto de hongos han sido escasamente identificados, correspondiendo a Aspergillus spp. el 3,0% de los aislamientos fúngicos. El escaso número de aislamientos de Aspergillus spp. contrasta con el impacto que las infecciones por este hongo tienen en los distintos medios de información21.

Los factores de riesgo de infección fúngica identificados en nuestro estudio dibujan un perfil de paciente caracterizado por: mayor gravedad, necesidad de ventilación mecánica, utilización de antibióticos y/o corticoides, que ha sido inter venido de urgencia o que ha sido diagnosticado de una neoplasia. Estos factores y otros no identificados en nuestro estudio han sido señalados por otros autores en relación con las infecciones fúngicas. Entre estos factores destacan la colonización previa por Candida spp.22,23, así como la intensidad de la colonización23, el número y la duración de los antibióticos administrados24-26, la utilización de catéteres vasculares24,27, el uso de ventilación mecánica26, la administración de nutrición parenteral24,25 o de corticoides26, el empleo de hemodiálisis24 y el nivel de gravedad valorado por el índice APACHE II27,28. Además se ha identificado a subgupos de pacientes ingresados en una UCI en los que el riesgo de infección fúngica es superior, como son los pacientes con peritonitis23, pancreatitis aguda28, quemados26, cirugía mayor26, neutropenia26, desnutrición22, cirugía previa25, tumores previos22 o tumores entratamiento25.

En resumen, en este estudio se ha demostrado la importancia creciente de los hongos en los pacientes críticos, que llegan a identificarse en más del 15% del total de pacientes ingresados en UCI, el protagonismo de C. albicans como agente causal de la mayoría de las infecciones por hongos y la diversidad de muestras (muchas de ellas de baja seguridad) que se utilizan para la clasificación de una infección como de origen fúngico, por lo que es posible que exista un sobrediagnóstico. Finalmente se han identificado los factores de riesgo individual para desarrollar una infección fúngica nosocomial que permiten señalar un perfil de paciente en el que se deben extremar las medidas para diagnosticar de forma temprana estas infecciones.

 

Agradecimientos

Agradecemos la colaboración en este estudio del personal del laboratorio Pfizer España, S.A., en especial a sus delegados de hospitales, que han facilitado la participación de los médicos intensivistas en el estudio.

 

 

 

 

Hospitales que forman parte del Grupo de Estudio de Infección Fúngica en UCI (EPIFUCI)

Hospital Universitario La Fe, Valencia; Hospital de Galdakao (Vizcaya); Hospital de Getafe (Madrid); Hospital de Motril (Granada); Hospital del Mar, Barcelona; Hospital Río Hortega, Valladolid; Hospital Insular, Las Palmas de Gran Canaria; Hospital Nuestra Señora del Pino, Las Palmas de Gran Canaria; Hospital Carlos Haya, Málaga; Hospital Vall d'Hebron, Barcelona; Hospital Puerta de Hierro, Madrid; Hospital Juan Canalejo, A Coruña; Hospital del Conxo, Santiago de Compostela (A Coruña); Hospital Clínic (UVIR), Barcelona; Hospital La Paz, Madrid; Hospital Cabueñes, Gijón (Asturias); Hospital General de Segovia; Hospital de Bellvitge, L´Hospitalet de Llobregat (Barcelona); Hospital Ciudad de Jaén; Hospital Río Carrión, Palencia; Hospital Arnau de Vilanova, Lleida; Hospital de Txagorritxu, Vitoria; Hospital Camino de Santiago, Ponferrada (León); Hospital Verge de la Cinta, Tortosa (Tarragona); Hospital Nuestra Señora de Aranzazu, San Sebastián; Hospital Germans Trias i Pujol, Badalona (Barcelona); Hospital Virgen del Camino, Pamplona; Hospital Central de Asturias (Covadonga), Oviedo; Hospital Universitario San Carlos, Madrid; Hospital de Navarra, Pamplona; Hospital de Son Dureta, Palma de Mallorca; Hospital General de Alicante; Hospital Virgen de la Victoria (Málaga); Hospital Josep Trueta, Girona; Hospital de Cruces, Bilbao; Complejo Hospitalario de León; Hospital Provincial de Guipúzcoa; Hospital Príncipe de Asturias, Alcalá de Henares (Madrid); Hospital San Millán y San Pedro, Logroño; Hospital Clínic (AVI), Barcelona; Hospital Torrecárdenas, Almería; Hospital Dr. Peset, Valencia; Hospital General, Palma de Mallorc a; Hospital Santiago Apostol, Vitoria; Hospital Xeral de Galicia, Santiago de Compostela (A Coruña); Hospital Universitario de Canarias; Hospital Xeral de Vigo (Pontevedra); Hospital de Barcelona; Hospital San Joan, Reus (Tarragona); Hospital Joan XXIII, Tarragona; Hospital del Poniente, Almería; Hospital Ramón y Cajal, Madrid; Hospital Marqués de Valdecilla, Santander; Hospital Clínico, Málaga; Hospital General, Móstoles (Madrid); Clínica Moncloa (Madrid). Hospital La Paz (Quemados), Madrid; Hospital Clínico Universitario, Granada.

 

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