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Evolución temporal y por comunidades autónomas del consumo de diferentes cantidades de alcohol durante el embarazo

Analysis of temporal evolution in alcohol consumption during pregnancy in the Spanish autonomic communities

María Luisa Martínez-Frías a, Eva Bermejo b, Elvira Rodríguez-Pinilla b

a ECEMC. Centro de Investigación sobre Anomalías Congénitas (CIAC). Instituto de Salud Carlos III. Departamento de Farmacología. Facultad de Medicina. Universidad Complutense. Madrid.
b ECEMC. CIAC. Instituto de Salud Carlos III. Madrid. España.

Palabras Clave

Alcohol y embarazo. Consumo de alcohol. Epidemiología. Síndrome alcohólico fetal (SAF).

Keywords

Alcohol and pregnancy. Alcohol consumption. Epidemiology. Fetal alcohol syndrome.

Resumen

Fundamento y objetivo: Desde que Jones y Smith describieron el síndrome alcohólico fetal (SAF), son muchos los trabajos realizados sobre sus efectos. Se considera la primera causa prevenible de defectos congénitos y deficiencia mental. Se analiza si con el tiempo ha variado el consumo de alcohol entre las mujeres embarazadas de España. Sujetos y método: Analizamos la evolución del consumo materno de alcohol en los últimos 24 años, por comunidades autónomas y por años y comunidades. Utilizamos los datos del Estudio Colaborativo Español de Malformaciones Congénitas (ECEMC), que corresponden a 1.820.862 recién nacidos, de los que 30.836 nacieron malformados. Se seleccionó como controles a un número similar de niños no malformados. Establecimos 5 niveles de dosis crecientes de ingestión de alcohol, incluyendo dosis esporádicas y dosis diarias, y tres niveles de escolaridad maternal. Resultados: Se observa una gran concordancia en las tendencias estudiadas entre las madres de los casos y controles. Excepto las dosis muy bajas y muy altas de alcohol, las demás presentan tendencias decrecientes y similares en prácticamente todas las comunidades autónomas. Al comparar cada nivel entre las comunidades, las diferencias son significativas. Cuanto menor es la escolaridad de la madre, mayor es la cantidad de alcohol ingerida durante el embarazo. Conclusiones: El conocimiento por parte de las mujeres del efecto del alcohol en el embarazo depende del nivel cultural. La ingestión materna de alcohol es diferente entre las comunidades autónomas, aunque tienen tendencias iguales. El hecho de utilizar datos recogidos con la misma metodología en todo el país permite comparar los resultados y evaluar el impacto de campañas de información.

Artículo

Desde que en 1973 Jones y Smith1 describieron el síndrome alcohólico fetal (SAF), son muy numerosos los trabajos realizados sobre el efecto que tiene la ingestión de bebidas alcohólicas en el desarrollo embrionario y fetal. De hecho, hoy se considera que es el teratógeno de más amplio uso en el mundo occidental2 y, en EE.UU.3, la primera causa no genética de defectos congénitos y de diferentes grados de discapacidad mental prevenibles.

El diagnóstico del síndrome se realiza cuando se constata la ingestión materna de bebidas alcohólicas durante la gestación y el niño presenta una combinación de los rasgos clínicos siguientes: retraso del crecimiento pre y/o posnatal, disfunción del sistema nervioso central, microcefalia y distintas dismorfias faciales como blefarofimosis, hipoplasia mediofacial, raíz nasal ancha, filtrum largo, labio superior liso y fino, entre otras. Además, en los niños expuestos prenatalmente a alcohol también se han descrito otras malformaciones congénitas físicas graves4, junto con alteraciones conductuales. En consecuencia, dado que los efectos del alcohol se pueden producir tanto durante la organogénesis como durante la fase madurativa fetal, debe quedar claro que el riesgo tras su ingestión existe en cualquier momento del embarazo.

Es difícil estimar las cifras de frecuencia del SAF, porque la información sobre la ingestión de alcohol durante la gestación en la mayoría de las ocasiones es retrospectiva y no siempre reconocida por la madre. Además, las manifestaciones del SAF son variables y, en muchas situaciones, difíciles de diagnosticar al nacimiento. Aun así, algunos trabajos ofrecen cifras de frecuencias en diferentes poblaciones y con resultados distintos. Esas estimaciones varían entre 0,33 a 2,2 por 1.000 en EE.UU.5,6, y por encima del 10 por 1.000 en ciertas reservas de indios americanos7. Sin embargo, muchas de las discrepancias en las cifras de frecuencia obtenidas en los distintos estudios están influidas por diferencias en las dosis de alcohol ingeridas (que la mayoría de las veces se miden en promedios semanales), la metodología para la identificación del SAF que se utiliza en cada trabajo y la población que se estudia, entre otros factores. Además, cada vez hay más evidencias de que existe una susceptibilidad genética, en forma de mutaciones polimórficas, relacionada con el metabolismo del alcohol8. Sin embargo, y a pesar de todas las dificultades para su estudio, no hay duda de su teratogenicidad, efecto que es conocido por la mayoría de los médicos y, cada vez más, por la población general como resultado de su difusión en los medios de comunicación, en ocasiones como consecuencia de las campañas de información que se realizan en la mayoría de los países.

En este trabajo se analiza el consumo de alcohol durante la gestación en España, así como cuál ha sido su evolución a lo largo de los últimos 24 años y en las diferentes comunidades autónomas. El estudio que se aborda es importante porque permite conocer si el devastador efecto que tiene el alcohol sobre el desarrollo del embrión y del feto humano es conocido por la población de mujeres embarazadas de nuestro medio, y dejan de ingerir bebidas alcohólicas durante el embarazo.

Sujetos y método

Hemos utilizado la base de datos del Estudio Colaborativo Español de Malformaciones Congénitas (ECEMC). Éste es un programa de investigación sobre las causas de los defectos congénitos y su vigilancia epidemiológica, que se inició en el año 1976. Desde sus comienzos, está metodológicamente estructurado como un estudio de casos y controles y de base hospitalaria. El ECEMC está organizado en dos grupos: a) el grupo periférico, que está constituido, fundamentalmente, por pediatras, neonatólogos y ginecólogos de 86 hospitales distribuidos por todas las comunidades autónomas. Este grupo identifica a los niños que tienen malformaciones (son los casos), selecciona a los controles y recoge una serie de datos de unos y otros, utilizando unos protocolos que son comunes para todos y siguiendo una estricta metodología, y b) el grupo coordinador, que está localizado en Madrid, lo integra un grupo multidisciplinario de expertos en dismorfología, genética clínica y citogenética, epidemiología y teratología clínica, aparte de contar con el soporte logístico de informáticos y bioestadísticos. El personal del grupo coordinador codifica y corrige la información, la analiza desde un punto de vista epidemiológico, estudia los casos tanto con un enfoque clínico como citogenético y, junto con el grupo periférico, realiza el diagnóstico de los niños malformados. La metodología de funcionamiento se puede resumir en los siguientes apartados:

1. Niños malformados (casos). Los médicos colaboradores de cada hospital, con los métodos habituales de exploración de los neonatos, examinan a todos los recién nacidos de su hospital durante los tres primeros días de vida e identifican a los que presentan algún defecto mayor y/o menor, que serán los casos. Por defecto se entiende cualquier alteración física o funcional que se detecte durante el período neonatal. Mensualmente se envía al grupo coordinador la información de todos los casos (y sus controles), en la que se describen todos y cada uno de los defectos de cada niño malformado, adjuntando fotos, radiografías, resultados de estudios complementarios, así como sangre para hacerles el estudio cromosómico de alta resolución (850 bandas) y con técnicas de citogenética molecular (FISH), cuando sean necesarias. El sistema de codificación seguido en el ECEMC se basa en una modificación del código internacional de enfermedades (CIE-8), al que se han añadido varios dígitos para obtener mayor especificación. Este sistema, que tiene tres niveles de código, ha sido publicado previamente9.

2. Niños controles. Por cada recién nacido malformado en cada hospital, se elige un control que se define como el siguiente nacimiento del hospital que sea del mismo sexo que el malformado y que no presente malformaciones. Tanto para el caso como para el control se recogen los mismos datos.

Los controles se seleccionan de la misma población que los casos y son representativos de aquellos que, si hubieran sido malformados, habrían sido seleccionados como casos. Éstas son las características que deben cumplir los controles10. Tras diversos análisis en que se comparan variables de los controles con las del total de nacimientos de España, según datos del Instituto Nacional de Estadística, comprobamos que los controles son representativos de los nacimientos de todo el país.

Por otro lado, en un protocolo aparte, se envía el total de nacimientos de cada hospital en cada mes, y separados por sexo. Por tanto, disponemos de los denominadores para el cálculo de las frecuencias y, como los controles se seleccionan por el sexo del malformado, disponemos de la proporción sexual del total de nacimientos.

3. Variables analizadas. Para cada niño malformado y su control se recogen alrededor de 304 datos. Durante los tres primeros días después del parto, los médicos que han seleccionado los casos y sus controles entrevistan a las madres (después de que éstas hayan sido informadas y aceptado la entrevista), usando unos protocolos comunes para todos. La información que recogen se puede resumir en: datos del presente embarazo, tales como enfermedades agudas y crónicas sufridas por la embarazada, exposiciones a fármacos, alcohol y otras drogas, tabaco, sustancias ocupacionales maternas y paternas, historia obstétrica e historia familiar, entre otros datos. Por consiguiente, cuando el médico identifica a los niños malformados y selecciona los controles, lo hace a ciegas de todas las exposiciones maternas y la historia obstétrica, familiar y de hábitos maternos. En relación con la exposición materna al alcohol, se pregunta qué tipo de bebidas alcohólicas ingirió durante el embarazo y la cantidad diaria, así como el momento y durante qué tiempo bebió en relación con la gestación.

Análisis estadístico

Se han utilizado el test de tendencia lineal ( * 2 con un grado de libertad) para medir gradientes de aumento o descenso en el consumo a lo largo del tiempo y el test de homogeneidad ( * 2 con K-1 grados de libertad) para medir diferencias de consumo entre los distintos estratos.

Uno de los aspectos que se considera dificultan los estudios epidemiológicos sobre el efecto del alcohol durante el embarazo es que muchas de las mujeres que ingieren alcohol durante la gestación no lo reconocen cuando se les pregunta retrospectivamente. Sin embargo, en este trabajo hemos analizado sólo a aquellas mujeres que reconocieron haber ingerido bebidas alcohólicas durante el embarazo, y en las cantidades que ellas dijeron. Por consiguiente, dado que en general si las madres no informan correctamente es en el sentido de minimizar las dosis de alcohol que ingirieron durante su gestación, consideramos que aquellas que reconocen haber consumido una determinada cantidad deben de haber tomado, al menos, esa cantidad, si no mayor.

Para el análisis hemos establecido los siguientes niveles de ingestión de alcohol:

­ Nivel 1: incluye aquellas mujeres que reconocen haber ingerido un poco de vino o cerveza (una o dos copas) esporádicamente durante el embarazo. En total fueron 1.737 madres de niños malformados y 1.633 madres de niños controles las que se han incluido en este nivel.

­ Nivel 2: corresponde a las madres que admiten haber ingerido durante el embarazo mucho vino y copas de alta graduación alcohólica, pero en forma esporádica. En este nivel se incluyen 101 madres de niños malformados y 101 de controles.

­ Nivel 3: corresponde a las mujeres que ingirieron entre 250-500 ml de vino y/o cereveza diariamente durante todo el embarazo. El total de este grupo fue de 2.267 y 2.141 madres de niños malformados y controles, respectivamente.

­ Nivel 4: incluye a las madres que reconocieron haber ingerido entre 250-500 ml de vino y/o cereveza más alguna copa de alta graduación alcohólica, a diario, así como a las que reconocían haber ingerido sólo vino y/o cereveza en cantidades de entre 500-1.000 ml diarios durante la gestación. Con ingestiones de este nivel de alcohol se identificaron 109 madres de niños malformados y 86 de controles.

­ Nivel 5: incluye a las madres que reconocían haber ingerido más de 500 ml de vino más alguna copa de alta graduación alcohólica diariamente, y las que reconocían ser alcohólicas crónicas. En este grupo se incluyeron 67 madres de niños malformados y 20 de controles.

Para el estudio temporal por comunidades autónomas, con objeto de no disminuir demasiado los tamaños de las muestras, hemos establecido dos períodos de tiempo. El primero corresponde a los años comprendidos entre 1977 y 1985, y el segundo, entre 1986 y junio de 2001.

Para el análisis por escolaridad materna, hemos establecido tres grados: A (mujeres analfabetas o que sólo leen y escriben), B (madres con estudios primarios y secundarios completos o incompletos), y C (las que tienen estudios universitarios completos o incompletos).

Para este trabajo, hemos analizado los datos del período comprendido entre enero de 1977 y julio de 2001. Durante este tiempo, se controlaron 1.820.862 recién nacidos vivos, de los que 30.836 presentaron defectos congénitos identificables en el momento del nacimiento. Una vez que excluimos a los niños a quienes se había diagnosticado algún síndrome reconocido de cualquier etiología, quedaron para el estudio 27.065 niños malformados y 26.277 controles no malformados. Entre éstos, 4.705 madres de niños malformados y 4.329 de las de los controles reconocieron haber ingerido bebidas alcohólicas durante la gestación, en cualquier cantidad y momento.

Hemos incluido en el estudio a las madres de los casos y las de los controles porque lo que pretendemos es saber si, a lo largo de los últimos 24 años y en las distintas autonomías, se ha modificado el hábito de ingerir bebidas alcohólicas durante la gestación. Por tanto, si las tendencias en el consumo de los diferentes niveles de alcohol son iguales en las dos muestras de madres (que son diferentes en cuanto al resultado del embarazo), podemos concluir que esas tendencias son las que existen en toda la población de mujeres embarazadas de nuestro país.

Resultados

En la figura 1 se presenta la evolución, a lo largo de los años incluidos en el estudio, de la proporción de madres de niños malformados que reconocieron haber ingerido durante el embarazo alguno de los distintos niveles de alcohol establecidos. En la primera gráfica de esta figura se han incluido los niveles 1 y 2, que corresponden a las exposiciones esporádicas (las de cantidades menores en el nivel 1, y con cantidades importantes pero en momentos esporádicos, en el 2). Como se aprecia claramente, la proporción de mujeres que ingirieron dosis de alcohol correspondientes al nivel 1 presenta una tendencia global creciente muy significativa a lo largo de los años, aunque tiende a disminuir lentamente a partir del año 1989. La distribución de las madres que consumieron las dosis de alcohol consideradas en el nivel 2 (cuyo número es mucho menor) presenta una ligera tendencia, con un valor de significación estadística de p = 0,075. Las que se incluyen en el nivel 3 tienen una importante tendencia decreciente y sin oscilaciones desde los primeros años, que es estadísticamente muy significativa. La tendencia es también decreciente significativamente en el nivel 4, mientras que las madres del nivel 5 no presentan una tendencia estadísticamente significativa. Los resultados del comportamiento temporal de las frecuencias de los 5 niveles de alcohol, presentados en las distribuciones de esta figura 1, son idénticos a los que obtenemos al analizar a las madres de los niños controles sanos.

Fig. 1. Niños malformados: distribución anual del porcentaje de madres que tomaron bebidas alcohólicas durante el embarazo, por los distintos niveles de consumo de alcohol.

En las figuras 2-6 se representan, tanto para los casos como para los controles, los resultados de la distribución por niveles y comunidades autónomas en los dos períodos de tiempo establecidos. Las comunidades cuyo nombre no aparece en las gráficas son aquellas donde no había ningún hospital que colaborara con el ECEMC en ese período. En las autonomías incluidas en las gráficas donde consta un cero, éste indica que no había ninguna madre que hubiera ingerido ese nivel de alcohol en la muestra disponible de cada una de esas comunidades. En cada gráfica con la distribución por comunidades se representa con una línea horizontal la proporción media de mujeres que consumieron ese nivel de alcohol durante el embarazo en ese período de tiempo, con objeto de observar cómo se ajusta o separa de la media cada comunidad.

Fig. 2. Nivel 1 de ingesta de alcohol: distribución del porcentaje de madres de casos y controles por comunidades autónomas y dos períodos de tiempo.

Fig. 3. Nivel 2 de consumo de alcohol: distribución del porcentaje de madres de casos y controles por comunidades autónomas y dos períodos de tiempo.

Fig. 4. Nivel 3 de consumo de alcohol: distribución del porcentaje de madres de casos y controles por comunidades autónomas y dos períodos de tiempo.

Fig. 5. Nivel 4 de consumo de alcohol: distribución del porcentaje de madres de casos y controles por comunidades autónomas y dos períodos de tiempo.

Fig. 6. Nivel 5 de consumo de alcohol: distribución del porcentaje de madres de casos y controles por comunidades autónomas y dos períodos de tiempo.

En la figura 2 se ilustra la distribución del nivel 1 de alcohol. Las dos gráficas de la parte superior de la figura corresponden a las madres de los niños malformados (casos) en los dos períodos de tiempo, y las inferiores, a las madres de los controles. Es de destacar que las diferencias entre las comunidades en cuanto al número de mujeres que ingieren pequeñas cantidades de alcohol (en vino o cerveza) de forma esporádica durante el embarazo (nivel 1) son estadísticamente muy significativas en todos los períodos de tiempo, y tanto en las madres de casos como en las de los controles. Por otro lado, se observa que las frecuencias medias de los primeros períodos (4,94% en casos y un 5,10% en controles) son inferiores a las de los segundos períodos (7,51 y el 7,02% en casos y controles, respectivamente), lo que se corresponde con la tendencia creciente que se observó en el análisis global (fig. 1). En la figura 2 se puede apreciar también que en la mayoría de las comunidades, y tanto entre las madres de los casos como entre las de controles, se aprecia la tendencia creciente en el tiempo del consumo de este nivel de alcohol, que ya se había observado en el análisis de la distribución global.

Las figuras 3-6 tienen la misma estructura que la 2, pero corresponden a los otros niveles de alcohol. Así, en la figura 3 (que incluye el nivel de alcohol 2) se observa que los valores medios obtenidos en los dos períodos de tiempo presentan una clara tendencia decreciente que no era tan clara en la figura 1, posiblemen-te debido a la dispersión de los datos al ser la muestra pequeña. En cuanto a las variaciones que se observan entre las diferentes comunidades, son estadísticamente muy significativas, aunque las observadas entre las autonomías del segundo período en el grupo de los controles presentan una significación estadística (p = 0,045) y las correspondientes al segundo período de tiempo entre las madres de los casos no son estadísticamente significativas.

En la figura 4 (nivel de alcohol 3) se mantiene una importante tendencia de descenso a lo largo del tiempo, que es más acusada que la que observamos en la figura 1 al no existir tanta dispersión, tanto en las madres de casos (promedio del 17,43% en el primer período y del 3,65% en el segundo) como de controles (promedio del 16,45% en el primer período y del 3,62% en el segundo). Esa tendencia se mantiene también dentro de cada circunscripción autonómica. No obstante, aunque las tendencias sean las mismas, las diferencias entre las proporciones de madres que ingirieron este nivel de alcohol durante el embarazo entre las distintas comunidades, en cada uno de los dos períodos de tiempo estudiados, son estadísticamente muy significativas, tanto en las madres de los casos como en las de los controles.

En la figura 5 (correspondiente al nivel de alcohol 4), aunque los tamaños de las muestras son pequeños, se aprecia una tendencia de descenso en el tiempo en todas las comunidades autónomas. Si analizamos las diferencias entre las autonomías de cada período, observamos que son estadísticamente significativas en tres de las gráficas, aunque la correspondiente a las madres de los controles del primer período presenta un valor de significación de p = 0,06, mientras que en la de los casos del segundo período presenta ligeras diferencias entre las comunidades que no son significativas.

El nivel de alcohol 5 (que incluye consumos muy altos de alcohol y el alcoholismo crónico) es el menos frecuente de todos y, como era de esperar, mucho menos frecuente entre las madres de los niños sanos que entre las de los malformados (fig. 6). Además, así como disminuye entre los dos períodos de tiempo en las madres de los controles pasando de una frecuencia media del 0,17% en el primer período al 0,02% en el segundo, la frecuencia media en las madres de los niños malformados prácticamente no varía entre los dos períodos, ya que el promedio en el primero es del 0,26% y en el segundo del 0,25%. Las diferencias entre las comunidades autónomas sólo son significativas en el primer período de tiempo en las madres de los niños sanos (controles).

Por último, en la figura 7 se representa la distribución de las madres de niños malformados y de controles por los 5 niveles de alcohol y los 3 grados establecidos de escolaridad materna. Como se puede observar, la proporción de madres que ingieren alcohol en las dosis del nivel 1 aumenta muy significativamente con el incremento de la escolaridad de las madres en casos y controles. El nivel 2 no parece estar relacionado con la escolaridad materna, ya que no presenta tendencias de incremento o descenso y las diferencias entre los distintos grados de escolaridad materna no son estadísticamente significativas. En la proporción de madres que ingieren las dosis de alcohol incluidas en el nivel 3 se observa una tendencia decreciente conforme aumenta la escolaridad de las madres, que es estadísticamente muy significativa. La correspondiente al nivel 4 presenta oscilaciones entre los distintos grados de escolaridad de las madres, pero sólo son estadísticamente significativas en las madres de los niños malformados. Finalmente, en el nivel 5 de alcohol se aprecia una tendencia lineal de descenso y estadísticamente significativa con el incremento de la escolaridad materna, tanto en las madres de los casos como en las de los controles.

Fig. 7. Distribución del porcentaje de madres de casos y controles por nivel de consumo de alcohol y por grado de escolaridad materna: A (analfabeta o sólo lee y escribe), B (estudios primarios-secundarios) y C (estudios universitarios).

Discusión

No hemos encontrado ningún trabajo publicado que analice no sólo el consumo de diferentes cantidades diarias de alcohol durante el embarazo, sino la evolución de ese consumo a lo largo del tiempo. Nuestro análisis muestra por primera vez cómo ha sido el consumo de alcohol por parte de las mujeres embarazadas de nuestro país a lo largo de los años y en las diferentes comunidades autónomas. La concordancia de las tendencias globales temporoespaciales que hemos observado en el consumo de los diferentes niveles de alcohol entre las madres de los niños malformados y las de los controles sanos apoya la conclusión de que son tendencias reales en nuestra población de mujeres embarazadas.

En general, los resultados constatan un descenso global del consumo de alcohol durante el embarazo en nuestro país a lo largo de los 24 años que abarca este estudio. Esto puede considerarse un indicio de que cada vez existe más conocimiento, entre la población de mujeres embarazadas, de los efectos negativos del consumo de bebidas alcohólicas durante el embarazo, sobre todo en dosis altas. Una excepción la constituyen las mujeres del nivel 5, cuyo porcentaje no presenta variaciones significativas en el tiempo, mientras que sí disminuye la frecuencia de las mujeres incluidas en el nivel 4, que, aunque ingieren grandes cantidades diarias de alcohol, éstas son menores que las incluidas en el nivel 5. Por otro lado, la baja frecuencia de ingestión de estas cantidades de bebidas alcohólicas entre las madres de los controles es indicativa de la gran relación entre estas dosis de alcohol y la aparición de defectos congénitos (que es objeto de otro estudio).

Un resultado llamativo de este trabajo es que, mientras que se aprecia un descenso del consumo de cantidades importantes de alcohol, se produce un incremento en las ingestiones de dosis bajas de alcohol (nivel 1) hasta el año 1989 y luego tiende a disminuir, pero muy lentamente. De hecho, se incrementa en casi todas las comunidades y tanto en las ma dres de casos como en las de controles (fig. 2). Esto parece indicar que se acepta que cantidades pequeñas de alcohol no suponen un riesgo para el desarrollo. Es más, algunos ginecólogos no recomiendan la abstinencia durante todo el embarazo, sino que no se ingiera más de una o dos copas de vino al día, quizá porque esas dosis se consideran cardiosaludables. Sin embargo, hemos de insistir en que no se ha podido confirmar que exista una dosis mínima de alcohol que pueda considerarse segura durante el embarazo. Es cierto que existe una importante controversia entre diferentes autores11-13, pero también es cierto que estudios sobre mutaciones de un solo nucleótido (SNPs) consideradas polimórficas han encontrado polimorfismos en enzimas que intervienen en el metabolismo del alcohol8 que parecen conferir variaciones en la susceptibilidad genética al efecto del alcohol durante la gestación. De hecho, en los indios americanos la frecuencia de SAF es mucho mayor que en el resto de americanos7, y también se observan frecuencias diferentes en otras poblaciones5,6. Esto implica que si bien el riesgo que se obtiene para las dosis bajas de alcohol es pequeño, ese riesgo seguramente es despreciable para las mujeres no susceptibles, y muy alto para las que sean genéticamente susceptibles. Como a priori no sabemos cuál es la susceptibilidad no sólo de la población, sino de cada embarazada en particular, la recomendación debe ser la de no ingerir ninguna cantidad de alcohol durante el embarazo. Además, se ha observado que niños prenatalmente expuestos a alcohol pueden no tener defectos congénitos apreciables, pero tienen un riesgo de pre sentar problemas de adaptación, de apren dizaje, de hiperactividad y otras alteraciones del comportamiento14. No obstante, en este trabajo, cuando nos referimos a niños con defectos congénitos, nos referimos fundamentalmente a niños con malformaciones congénitas físicas detectables al nacer. Por tanto, dado que la exposición prenatal al alcohol puede causar también efectos menos patentes en el nacimiento, y que cada vez hay más estudios que evidencian efectos conductuales14,15, habría que considerar que todo niño que haya estado expuesto prenatalmente al alcohol debería ser controlado mediante un seguimiento médico y psicológico durante la infancia, con objeto de detectar tempranamente esos problemas, para tratarlos de la mejor forma lo antes posible.

Los resultados de este estudio dejan también patente que, aunque las tenden cias globales se mantienen en todas las comunidades autónomas, se observan grandes diferencias en cuanto a las cantidades de alcohol ingeridas por las mujeres embarazadas de cada una. Es posible que en esas diferencias influyan las costumbres socioculturales de cada región, pero es también muy probable que existan diferencias en cuanto a la difusión adecuada de los efectos del alcohol durante el embarazo, tanto la dirigida a los profesionales sanitarios como a la población de mujeres en edad reproductiva. De hecho, en este trabajo se observa una importante relación entre el nivel de escolaridad de la madre y el consumo de ciertas cantidades de alcohol. Las mujeres con mayor nivel cultural beben menos cantidades que las que tienen niveles más bajos; es decir, tienen más fácil el acceso a los conocimientos científicos.

En conclusión, trabajos como el presente, en que la misma información es recogida durante mucho tiempo y con la misma metodología en las distintas comunidades, no sólo indican cómo ha evolucionado la situación a lo largo del tiempo y en cada región, sino que permiten la comparación entre las diferentes comunidades autónomas. Esto, además de ofrecer una visión espacial de la situación, permite determinar el impacto de ciertas medidas sociosanitarias en cada lugar y cómo esas medidas han ido modificando actitudes a lo largo del tiempo, con la posibilidad de identificar deficiencias en ciertos lugares, que habría que corregir. Consideramos que los resultados obtenidos de la comparación entre las diferentes comunidades son de gran utilidad para las autoridades sanitarias de cada una de las autonomías, porque les ofrecen la visión de su situación en relación con el conjunto del país.

Agradecimiento

Queremos expresar nuestro agradecimiento a todos los colaboradores del ECEMC, que recogieron los datos en cada hospital. Este trabajo se ha realizado en parte con ayudas de la Fundación 1000, del Instituto de Salud Carlos III (Ministerio de Sanidad y Consumo) y de las Consejerías de Sanidad de Andalucía, Aragón, Cantabria, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Extremadura, Galicia, Madrid, Murcia, Navarra, La Rioja y Valencia.

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