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doi: 10.1157/13112095

Micosis fungoide tratada con bexaroteno. Estudio de 13 casos

Mycosis fungoid treated with oral bexarotene: Study of 13 cases

Elena Roche Gamón a, Amparo Pérez Ferriols a, Juan José Vilata Corell a, Víctor Alegre de Miquel a

a Servicio de Dermatología. Hospital General Universitario de Valencia. Valencia. España.

Artículo



Sr. Editor: El bexaroteno oral es el primer rexinoide aprobado para el tratamiento de las manifestaciones cutáneas de los linfomas cutáneos de células T, resistentes o intolerantes a otras terapias, en cualquier estadio de la enfermedad. Con la dosis de 300 mg/m2/día, la tasa de respuestas está en torno al 50% en todos los estadios (el 54% en los iniciales y el 45% en los avanzados), y los efectos adversos más frecuentes son hipertrigliceridemia (82%), hipercolesterolemia (30%), hipotiroidismo central (29%), cefalea (20%), astenia (16%), prurito (13%) y leucocitopenia (11%)1-8.

Presentamos un estudio descriptivo que recoge todos los casos de micosis fungoide o síndrome de Sézary tratados con bexaroteno oral en el Servicio de Dermatología del Hospital General Universitario de Valencia desde 2003 hasta junio de 2006. Los datos recogidos se agruparon en epidemiológicos, clínicos y relativos al tratamiento, y se realizó un análisis por intención de tratar, independientemente de la duración del tratamiento. De acuerdo con la reducción de la masa tumoral y la superficie corporal afectada, la respuesta al tratamiento fue clasificada como remisión completa (desaparición de todos los signos clínicos de la enfermedad), remisión parcial (mejoría de al menos el 50%), enfermedad estable y enfermedad progresiva.

La muestra estaba formada por 13 pacientes, 4 mujeres y 9 varones, con edades entre los 28 y los 79 (media, 59) años. De los pacientes, 5/13 (38,5%) estaban en estadio IB; 2/13 (15,4%), en IA; 3/13 (23%), en IIB, y 3/13 (23%), en estadio IV. Previamente habían recibido entre 2 y 5 tratamientos distintos. La duración media del tratamiento fue de 11,3 meses. De los casos incluidos, 4 todavía estaban en tratamiento cuando finalizó el período de estudio (casos 2, 4, 5 y 9).

El resultado del tratamiento fue remisión parcial (RP) en 3/13 (23,1%), remisión completa (RC) en 4/13 (30,8%), estable en 4/13 (30,8%) y progresión en 2/13 (15,5%). De 13 casos, 3 (23,1%) estaban en monoterapia y 10 (76,9%), en politerapia, considerándose tal cualquier tipo de tratamiento concomitante, tópico o sistémico. Los fármacos empleados en combinación fueron corticoides tópicos (5/10 [50%]), mecloretamina tópica (3/10 [30%]), PUVA (3/10 [30%]), interferón alfa (1/10 [10%]) y prednisona oral más clorambucilo (1/10 [10%]). En 2 casos se realizó tratamiento con más de un fármaco en combinación. Todos los pacientes que alcanzaron RP estaban en politerapia. La mitad de los pacientes que alcanzaron RC estaban en monoterapia y la otra mitad, en politerapia. De los 4 pacientes que se mantuvieron estables durante el tratamiento, 1 estaba en monoterapia y 3, en combinación. Los 2 pacientes que progresaron estaban en politerapia.

Los efectos secundarios más frecuentes fueron hipertrigliceridemia en el 100% de los casos, hipercolesterolemia en 12/13 (92,3%) e hipotiroidismo central en 7/13 (53,8%). Las alteraciones en el metabolismo lipídico, fundamentalmente la hipertrigliceridemia, se produjeron durante las primeras 2 semanas de tratamiento. En 4/13 (30,8%) las cifras de triglicéridos no superaron los 300 mg/dl, en 4/13 (30,8%) alcanzaron un máximo de 300-800 mg/dl y en 5/13 (38,5%) superaron los 800 mg/dl en alguna determinación. En cuanto a la hipercolesterolemia, en 8/12 (66,7%) los valores no superaron los 300 mg/dl y en 4/12 (33,3%) fueron superiores a esa cifra. Otras efectos secundarios se presentaron en menos del 10% de los pacientes. Entre ellos, se había descrito en estudios previos astenia, anorexia, diarrea y diversas alteraciones cutáneas. Todos los pacientes precisaron fármacos hipolipemiantes (fenofibrato, atorvastatina o simvastatina) para controlar la dislipemia. En 7/13 (53,8%) fue necesario combinar dos de ellos. En 6/13 (46,1%) se precisó levotiroxina para controlar el hipotiroidismo. En 3/13 (23%) casos se requirió la reducción temporal de la dosis de bexaroteno hasta un mínimo de 150 mg/m2/día para controlar mejor los efectos adversos.

Las causas de la supresión de la terapia fueron en 4/13 (30,8%) de los casos por RC. En la mitad de éstos se reintrodujo meses después por recidiva, con una media de duración de la RC de 5,75 meses. En 3/13 (23,1%) de los casos se suspendió por reacciones adversas y en 4/13 (30,8%) el motivo fue la falta de eficacia o progresión clínica.

En 2/13 (15,4%), ambos en estadio IIB se observó, después de iniciado el tratamiento, una progresión hacia linfoma T de células grandes.

Para concluir, observamos que, de los 3 casos que presentaban hiperlipemia antes del tratamiento, ninguno superó los valores máximos de 800 mg/dl de trigliceridemia ni 300 mg/dl de colesterolemia. Aunque se trata de una serie reducida, este dato indica que las cifras alcanzadas en los lípidos sanguíneos no son proporcionales al grado de dislipemia previa; no obstante, se requieren estudios más amplios. En nuestra serie la incidencia de hipotiroidismo central fue del 53,8% (7/13) de los casos, superior a la descrita en los ensayos clínicos (29%). Sin embargo, diversas publicaciones han apuntado que la incidencia de hipotiroidismo central podría alcanzar cifras en torno al 70%, con dosis iguales o superiores a la dosis óptima1,8. Consideramos que la progresión hacia linfoma de células T grandes observada en 2 de nuestros pacientes, ambos en estadio avanzado, no tiene relación causal con el tratamiento, sino probablemente con la evolución de la enfermedad9,10.

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