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doi: 10.1016/j.medcli.2010.07.005

¿Por qué fallecen los pacientes con fractura de cadera?

Why do hip fracture patients die?

Juan Ignacio González-Montalvo a, , Teresa Alarcón a, Ana Isabel Hormigo Sánchez a

a Servicio de Geriatría, Hospital Universitario La Paz, IdiPAZ, Madrid, España

Palabras Clave

Fractura de cadera. Mortalidad. Ancianos.

Keywords

Hip fracture. Mortality. Elderly.

Resumen

La tasa de mortalidad después de sufrir una fractura de cadera es muy elevada, duplica la de las personas de la misma edad sin fractura y el exceso de mortalidad se mantiene durante años. Existen una serie de factores conocidos, dependientes del paciente, que se asocian a una mayor mortalidad y que permiten identificar a los portadores de mayor riesgo de muerte, pero los mecanismos íntimos de la relación entre fractura y mortalidad no son bien conocidos. Las causas de defunción no difieren de las habituales en la edad avanzada. Los pacientes del sexo masculino están especialmente expuestos. Durante el postoperatorio temprano fallecen más los pacientes previamente más frágiles y con mayor comorbilidad, pero durante los meses y años posteriores la mortalidad también afecta a personas previamente saludables. Algunas estrategias que pueden reducir la mortalidad debida a la fractura de cadera son la reducción de su incidencia, el manejo multidisciplinar de todo el proceso asistencial y la instauración de tratamiento de fondo para la osteoporosis.

Artículo

Introducción

De las diferentes fracturas osteoporóticas, la fractura de cadera (FC) es la que mayor mortalidad provoca1. Los avances quirúrgicos y anestésicos introducidos en su tratamiento no se han visto acompañados de una reducción de sus tasas de mortalidad, las cuales han permanecido estables durante las últimas décadas2, 3, 4. Estas tasas se encuentran entre el 2 y el 7% de los pacientes durante la fase hospitalaria aguda, entre el 6 y el 12% durante el mes posterior y entre el 17 y el 33% al cabo del primer año tras la FC2, 3, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12, 13, 14, 15. Puede estimarse que, en España, de los casi 40.000 pacientes que sufren anualmente una FC11 fallecerán unos 10.000 durante los doce meses posteriores a la misma.

La mortalidad posfractura no sigue un patrón homogéneo, sino que varía en función de la edad y el sexo1, 5, 15. Es más elevada en los varones, en los que oscila entre el 32 y el 62% al año de la FC, mientras que en las mujeres se sitúa entre el 17 y el 29%. También es mayor entre los más ancianos, pasando del 7% al año en los menores de 75 años al 33% en los mayores de 85. Existen, además, otros factores, como el vivir en residencias de ancianos o el padecer comorbilidad, que también infuyen notablemente en la mortalidad. La influencia de estos factores dificulta el estudio del problema, porque las series publicadas difieren entre sí en lo referente a la distribución de las variables mencionadas.

Los pacientes con fractura de cadera mueren más que sus controles en la comunidad

En los pacientes que han sufrido una FC se produce un marcado incremento de mortalidad respecto al resto de la población durante los meses y años siguientes al evento. Este exceso de mortalidad ha sido expresado mediante distintos indicadores: mortalidad relativa, supervivencia relativa, riesgo relativo de muerte, cociente de mortalidad estandarizada, probabilidad relativa de supervivencia, exceso de probabilidad de muerte y mortalidad absoluta, pero el resultado final siempre es en la misma dirección.

La cuantía de ese incremento del riesgo relativo de fallecimiento es de entre dos y tres veces el de la población de similar edad y sexo sin FC16, 17, 18, 19. En el sexo masculino la tasa de fallecimientos tras FC puede llegar a ser hasta cuatro veces mayor que la de los varones sin fractura18, 20. El exceso de mortalidad de los pacientes tras la FC comparado con los controles oscila entre el 8 y el 36% al año19.

Para la población en conjunto, el hecho de sufrir una FC reduce la expectativa media de vida restante del paciente en un 25%. Pero la pérdida absoluta de número de años de vida no es homogénea, sino que es mayor cuanto menor sea la edad del paciente en el momento de sufrir el evento y también es mayor en los varones. En los dos extremos se encuentran, por un lado, los varones menores de 75 años que presentan un riesgo relativo de mortalidad al año 4 veces superior que los controles de su edad y, en el opuesto, las mujeres mayores de 85 años que tienen un riesgo relativo que no llega al doble de sus coetáneas20. El hecho de que el exceso de mortalidad debido a la FC sea menos marcado en los más mayores se explica porque a pesar de que la mortalidad tras la fractura aumenta a mayor edad del paciente, también es mayor la mortalidad debida a otras causas entre los que no sufren FC (menor expectativa de vida en la población de mayor edad).

Relación temporal entre la fractura y la mortalidad

Respecto al perfil temporal del exceso de mortalidad tras la FC, este incremento de mortalidad es máximo en los primeros 6 meses tras la FC, fase en la que se producen casi la mitad de todas las muertes y en la que la probabilidad de que un paciente con FC fallezca llega a ser de 5 a 8 veces mayor que la de los controles. Posteriormente el exceso de mortalidad disminuye, aunque persiste durante el primer año y probablemente se prolongue durante los 5 o incluso 10 años posteriores18, 19, 20, 21, 22, 23.

La razón de que la mayor frecuencia de muerte se acumule en los primeros meses tras la FC no es bien conocida y ha sido interpretada de diferentes modos. Es posible que la propia fractura incida en la salud general del paciente, desencadenando complicaciones graves y la muerte. Pero también es posible que la FC actúe como un factor desequilibrante sobre un sustrato de mala salud previa del individuo.

Causas de muerte

En los primeros 30 días tras la fractura las causas de muerte más frecuentes son los problemas del aparato respiratorio (neumonía e insuficiencia respiratoria), del sistema cardiovascular (insuficiencia cardiaca, infarto de miocardio e ictus) y el cáncer. Otras causas menos frecuentes son la sepsis, la insuficiencia renal y las hemorragias digestivas. Antes del uso generalizado de la profilaxis antitrombótica, la tromboembolia pulmonar era una causa destacada. La mayoría de estas muertes se relacionan con un empeoramiento del mal estado previo del paciente más que con la aparición de complicaciones posoperatorias fatales. Un estudio24 muestra que un porcentaje importante (el 43%) de estas muertes precoces puede considerarse inevitable, ya que es debido a enfermedades previas intratables o muy graves. El resto de las muertes se deben a complicaciones posoperatorias y son potencialmente evitables, aunque en muchas de ellas (el 34%) se limita el esfuerzo terapéutico por considerarlo fútil ante la mala situación funcional y mental previas del paciente.

Las muertes que ocurren posteriormente, durante los meses y años siguientes a la FC, se deben principalmente a enfermedad cardiovascular (cardiopatía isquémica e ictus), cáncer y enfermedades pulmonares (neumonías y enfermedad pulmonar obstructiva crónica [EPOC]), que son las causas de muerte más frecuentes también en el resto de la población de la misma edad. Se estima que la propia FC contribuye a la muerte como causa directa tan sólo entre el 10 y el 24% de los fallecimientos22, 25, 26.

Fractura de cadera, salud general y mortalidad

Las FC ocurren en un subgrupo de la población anciana caracterizado por un peor estado de salud previo, mayor precariedad social y mayor frecuencia de deterioro funcional y mental17, 27, 28.

Así, comparados con los controles poblacionales de su misma edad y sexo, los pacientes que padecen una FC con más frecuencia viven en una residencia, carecen de pareja o viven solos en el momento de la fractura, son portadores de mayor deterioro en la movilidad y en la capacidad para realizar las actividades de la vida diaria, y tienen mayor comorbilidad asociada y mayor número de hospitalizaciones previas. Respecto a la frecuencia de enfermedades concretas, presentan más a menudo algunas como demencia, hipertensión arterial, neoplasias, dislipemia, insuficiencia cardiaca, secuelas de ictus, insuficiencia renal, desnutrición y deprivación visual. De modo que se considera que los pacientes con FC llegan a ella con un precario estado de salud, lo que explicaría en parte el exceso de mortalidad que este evento conlleva.

Sin embargo, en los trabajos en que se ha realizado un análisis de la mortalidad posterior a la FC, equiparando los casos con fractura y a sus controles mediante el ajuste de sus condiciones demográficas, su situación clínica y su estado funcional basal, aunque el exceso de mortalidad se reduce, la FC se sigue comportando como un factor independiente de mayor mortalidad, sobre todo en varones (mortalidad 7 veces superior que sus controles) pero también en mujeres (mortalidad 1,5 a 2 veces superior que sus controles)22, 27, 28, 29.

En estos estudios, realizados en los últimos años, en los que se realiza el ajuste de los casos y controles no sólo por edad y sexo, sino también por variables como la comorbilidad y la situación funcional previas, la reducción del exceso de mortalidad muestra patrones aparentemente contradictorios. En algunos se produce una reducción del exceso de mortalidad precoz, el ocurrido en los primeros meses tras la FC, indicando que la peor situación clínica, funcional y mental puede estar influyendo más en esta mortalidad inicial (la más frecuente) que en la tardía. En otros, la que más se reduce, e incluso se iguala con la de los controles sin FC, es la mortalidad tardía, la que acontece a partir de los 3 a 6 meses posfractura, sugiriendo que esta mortalidad tardía también puede depender del estado de salud previo de los pacientes. Otros, por último, no observan apenas cambios en el exceso de mortalidad y deducen que debe ser la propia FC y sus complicaciones las que condicionan la mayor mortalidad, más que el estado previo de los pacientes22, 27, 28, 29, 30, 31.

Por su parte, la cirugía de reemplazo de cadera en pacientes programados muestra unas cifras muy bajas de mortalidad postoperatoria, del 0,3 al 0,6% de los operados, por lo que el estrés quirúrgico por sí mismo no parece ejercer una excesiva influencia en la elevada mortalidad tras la FC7.

De todo lo anterior, aunque es difícil obtener conclusiones definitivas, podría deducirse que la mortalidad ocurre más y antes en las personas más enfermas, pero que la propia FC debe ejercer alguna influencia negativa, por sí misma, en la supervivencia.

Se ha planteado la interesante hipótesis de que existen dos tipos de pacientes con FC22, 32. Un grupo estaría compuesto por aquéllos más ancianos y frágiles, portadores de mayor comorbilidad y dependencia en actividades de la vida diaria, que son los que tienen más probabilidad de fallecer rápidamente en las semanas o meses tras la FC. El otro grupo, de ancianos más vigorosos y con mejor salud general, tolera mejor el estrés inicial que supone la FC, pero ésta o sus complicaciones (inmovilidad, delirium, anemia,) podrían actuar en ellos como un desencadenante de deterioro progresivo que facilitaría el fallecimiento tardíamente durante el primer o segundo año. Por el momento no se puede asegurar la veracidad de esta hipótesis.

Enfermedades coexistentes (comorbilidad)

Hasta tres cuartas partes de los pacientes presentan enfermedades coexistentes en el momento del ingreso. En la Tabla 1 se resumen las enfermedades importantes asociadas con más frecuencia en los pacientes con una FC. Se trata de enfermedades crónicas correspondientes al área cardiovascular, EPOC, demencia, anemia e incluso malnutrición. Son aún más frecuentes las enfermedades o problemas de salud menos graves, de los que se han detectado una media de 4 por paciente, llegando las patologías del aparato circulatorio a afectar al 63%, las digestivas al 48% o las enfermedades mentales al 39% de ellos33.

Tabla 1. Prevalencia de otras enfermedades en los pacientes que ingresan por una fractura de cadera en diversas series, ordenadas según su frecuencia, de mayor a menor

Trastorno Porcentaje de pacientes con el diagnóstico
Hipertensión 29-47
Cardiopatía isquémica 8-40
Anemia 22-37
Demencia 8-36
EPOC 9-34
Arritmias (especialmente fibrilación auricular) 9-26
Diabetes 7-23
Secuelas de ictus 6-19
Insuficiencia cardiaca 15-18
Insuficiencia renal 3-18
Malnutrición 17
Hipotiroidismo 11-14
Neoplasias 5-13
Fractura de cadera previa 9-12
Ateraciones hidroelectrolíticas 8-11
Enfermedad de Parkinson 4-8
Hepatopatía crónica 1-3

EPOC: enfermedad pulmonar obstructiva crónica.

El riesgo quirúrgico de estos pacientes es elevado. En la mayoría de las series se encuentran clasificados como de riesgo quirúrgico alto (puntuación de la escala de la American Association of Anaesthesiologists [ASA] ≥III) entre el 45 y el 65% de los pacientes y no son raras las series en las que el porcentaje de estos casos sobrepasa el 70%14, 21, 24, 34, 35, 36.

Ante esta elevada prevalencia de enfermedad, el estrés agudo e intenso que supone la fractura y la posterior intervención quirúrgica puede desencadenar tanto la exacerbación de enfermedades previas como la aparición de complicaciones. De entre las comorbilidades graves las más fuertemente asociadas con la mortalidad precoz son las enfermedades cardiovasculares, pero también lo están la demencia, la insuficiencia renal, la malnutrición y los tumores.

Factores asociados a mortalidad tras la fractura

Existen muchos factores asociados a la mortalidad tras padecer una FC (Tabla 2, Tabla 3).

Tabla 2. Factores dependientes del paciente cuya presencia se asocia a mayor mortalidad tras una fractura de cadera

Sociodemográficos
Sexo masculino
Edad avanzada
Vivir en una residencia de ancianos
Confinamiento, aislamiento o necesidad de ayuda en domicilio
Alta a residencia
Clase social baja
Sufrir la fractura estando hospitalizado
Factores funcionales
Alteración movilidad previa
Dependencia previa para las actividades de la vida diaria
Mala movilidad posoperatoria
Deterioro posoperatorio en las actividades de la vida diaria
Inmovilidad prolongada en el ingreso
Poca fuerza muscular de prensión manual
Miedo a caer
Déficit sensorial
Factores mentales
Demencia/Deterioro cognitivo
Delirium en el ingreso
Depresión
Enfermedades previas
Comorbilidad
Enfermedad cardiaca
Cáncer
EPOC
Insuficiencia renal crónica
Enfermedades neurológicas
Historia de fracturas previas
Hepatopatía
Desnutrición
Hospitalización en el año previo
Tratamiento con antiagregantes
Diabetes
Situación clínica durante el ingreso
Riesgo quirurgico alto (ASA III-IV)
Complicaciones médicas en el posoperatorio
Tipo de fractura: extracapsular, intracapsular
Anemia al ingreso
Insuficiencia renal aguda
Ingesta insuficiente
Desnutrición
Necesitar transfusión
Ictus
Infección respiratoria baja
Inestabilidad clínica al ingreso durante él o al alta
Incontinencia
Úlceras por presión
Luxación de la prótesis
Obstrucción intestinal
Alteraciones analíticas: ↑ urea, ↑ troponina I, hiper o hiponatremia

EPOC: enfermedad pulmonar obstructiva crónica.

Tabla 3. Factores no dependientes del paciente asociados a mayor mortalidad tras una fractura de cadera

Relacionados con la cirugía
Tratamiento conservador
Escasa experiencia del cirujano
Anestesia general
Artroplastia frente a fijación interna
Fijación interna frente a artroplastia
Cirugía de duración prolongada (más de 90 minutos)
Relacionados con el tratamiento médico
Carecer de tratamiento en equipo multidisciplinario
Carecer de manejo mediante vía clínica
No tratar la osteoporosis
No recibir tratamiento antitrombótico
Valoración preoperatoria no estandarizada
Relacionados con el dispositivo asistencial
Ingreso en periodo de vacaciones
Ingreso en viernes
Tránsito acelerado en urgencias (menos de 190 minutos)
Hospital con alto volumen de fracturas
Hospital con muy bajo volumen de fracturas
Hospital no docente
Estancia hospitalaria prolongada en traumatología

Entre los factores socio-demográficos, el sexo masculino es un claro factor de mal pronóstico, sin que se conozca la razón. En España, la mortalidad durante la hospitalización en los varones es casi del doble que en las mujeres (8,9 frente al 4,8%)11. Aunque la mortalidad entre los varones de esta edad sin FC también es mayor que en las mujeres, parece que el exceso de mortalidad provocado por la FC es proporcionalmente superior en el sexo masculino que en el femenino y que ese exceso de mortalidad se mantiene incluso cuando se ajustan el estado de salud y la situación funcional previos de los casos2, 18, 37.

La mortalidad aumenta a mayor edad de los enfermos en el momento de sufrir la fractura. También el sufrir la FC en una residencia de ancianos se evidencia en muchos estudios como un predisponente para fallecer.

La clasificación ASA de riesgo quirúrgico se muestra como un fiable instrumento predictivo de mal pronóstico vital, especialmente en los pacientes clasificados en los grados III y IV. Esta escala evalúa, aunque de un modo simple, la situación clínica de los pacientes en el momento previo a la cirugía y puede ser un marcador de gravedad.

Como suele ocurrir entre los pacientes ancianos, independientemente del diagnóstico, una situación previa de mala movilidad o de discapacidad para las actividades de la vida diaria se asocia a mayor mortalidad tras el evento. Lo mismo ocurre si está presente algún grado de deterioro cognitivo o demencia.

La presencia de enfermedades previas, hecho frecuente en estos pacientes, como hemos visto, y, específicamente, la presencia de cardiopatía, se asocia a una mayor mortalidad. Lo mismo ocurre en el posoperatorio, donde la aparición de alguna complicación cardiaca o pulmonar se revela como otro consistente marcador de mortalidad.

También se asocian a mayor mortalidad algunos factores no dependientes del paciente (Tabla 3), aunque han sido menos estudiados y aparecen menos frecuentemente en la bibliografía.

Aunque en gran parte la supervivencia dependa del “estatus prefractura”, considerando las asociaciones que aquí se presentan se deduce que la atención sanitaria a aquellos pacientes con FC que pueden identificarse como de mayor riesgo de mortalidad debe incluir un abordaje más integral que la sola intervención quirúrgica. Se debe prestar especial atención a los pacientes varones y a los de edad muy avanzada. Se debe conferir a la escala ASA una validez no sólo para la detección del riesgo quirúrgico, sino también para la estimación del pronóstico vital a medio y largo plazo. Hay que sospechar una potencial mayor gravedad en los portadores de una fractura de localización extracapsular. Deben estudiarse las áreas funcional y cognitiva previas de los pacientes y dedicar especial atención clínica a los ancianos en los que se detecte un deterioro basal en estas áreas. Por último, los médicos que atiendan a estos casos deben conocer bien y estar adiestrados en el manejo de la pluripatología del paciente de edad avanzada y capacitados para la detección y tratamiento de las complicaciones frecuentes durante su hospitalización.

El retraso quirúrgico como predictor de mortalidad

Durante los últimos 20 años, la asociación entre el retraso quirúrgico y la mortalidad tras la FC ha sido un tema muy controvertido. De los trabajos publicados, muchos relacionan la cirugía tardía con un peor pronóstico vital, pero muchos otros no confirman esta relación. Se trata de estudios observacionales, con diferente metodología, lo que dificulta las comparaciones entre ellos. Aunque se obtendría mayor calidad de información a partir de ensayos aleatorizados, la dificultad para realizar este tipo de estudios en pacientes con FC es grande y es poco probable que se lleven a cabo. Es difícil sacar conclusiones de la heterogénea información existente10, 38, 39, 40.

En España, la mediana de tiempo entre el ingreso y la intervención se sitúa alrededor de los 3 días y hasta el 25% de los pacientes son intervenidos después del sexto día10, cifras probablemente superiores a las de los países de desarrollo similar al nuestro, sobre todo teniendo en cuenta que las principales guías españolas e internacionales recomiendan que la intervención se practique en las primeras 24 o 48 horas tras la FC40, 41, 42, 43.

El retraso quirúrgico, además, puede provocar otros problemas. No debe considerarse sólo el posible aumento de la mortalidad como el único motivo para indicar una cirugía temprana. La cirugía tardía se asocia con un incremento de las infecciones, las úlceras por presión y otras complicaciones médicas, el incremento de días con dolor, peores resultados funcionales, más reingresos en el primer mes tras el alta, mayores costes de la asistencia, prolongación de la estancia hospitalaria posoperatoria y de la estancia global39, 44, 45, 46, 47, 48, 49.

Complicaciones graves tras la fractura

Entre el 15 y el 30% de los pacientes presentan complicaciones graves durante la fase aguda de una FC (Tabla 4), aunque la frecuencia y tipo de las mismas presentan una amplia variabilidad entre diferentes hospitales50, 51. Las complicaciones menores como la anemia leve, el estreñimiento o las formas leves de delirium pueden alcanzar cifras mucho más elevadas, pues se ha cuantificado una media de 2 complicaciones por paciente33.

Tabla 4. Complicaciones médicas mayores más frecuentes en el postoperatorio tras una fractura de cadera en diferentes series, clasificadas por aparatos y sistemas

Complicación Porcentaje de pacientes que la presentan
Neurológicas
Delirium 9-30
Ictus 1-5
 
Cardiovasculares
Insuficiencia cardiaca 2-15
Arritmias cardiacas 4-10
Infarto agudo de miocardio 1-10
Otras complicaciones cardiacas 8-9
Enfermedad tromboembólica venosa 1-8
 
Respiratorias
Neumonía 2-18
Otras complicaciones respiratorias 4-9
 
Nefro-urológicas
Infección urinaria 4-23
Retención urinaria 0,5-3
Insuficiencia renal 0,1-19
 
Digestivas
Úlcera de estrés 4-7
Hemorragia digestiva alta 1-2
Disfunción hepática 2
Obstrucción intestinal 1
 
Endocrino-metabólicas
Desnutrición 30
Alteraciones hidroelectrolíticas 9
Descompensación diabética 2-4
 
Otras
Úlceras por presión 2-22
Sepsis 1-2
Pacientes con alguna complicación 17-44

Las complicaciones son más frecuentes en los pacientes portadores de ciertas características como edad más avanzada, sexo masculino, mala función previa, sometidos a anestesia general, necesidad de transfusión, alto grado en la escala ASA y en los que padecen ciertas enfermedades (insuficiencia cardiaca, diabetes, EPOC, insuficiencia renal, neoplasias, malnutrición, deshidratación, hepatopatías y secuelas de ictus, entre otras) así como en aquéllos en los que se retrasa la cirugía. Parece existir una frecuencia mayor en los varones de algunas de las complicaciones como neumonía, tromboembolia pulmonar o úlcera de estrés5, 13.

Las complicaciones mayores no quirúrgicas pueden ser la causa de la muerte en más de la mitad de los fallecimientos que ocurren en el primer mes del posoperatorio24. Las complicaciones que provocan la muerte de una forma significativamente más frecuente son las cardiovasculares (infarto de miocardio e ictus), las respiratorias (neumonía y tromboembolia pulmonar) y la insuficiencia renal. Si se asocian complicaciones múltiples cardiacas y pulmonares, la mortalidad resultante es muy elevada, pudiendo llegar a fallecer dos tercios de los pacientes al año de la FC.

Un metaánalisis reciente ha demostrado que el manejo de los pacientes con FC durante su fase aguda siguiendo las vías clínicas estandarizadas reduce notablemente la frecuencia de algunas complicaciones, concretamente trombosis venosa profunda, úlceras por presión, infección urinaria e infección de la herida quirúrgica, aunque no se pudo demostrar una reducción de la mortalidad durante el ingreso ni en los 30 días tras la FC52.

Posibles actuaciones para reducir la mortalidad por fractura de cadera

Aunque la relación entre la FC y la mortalidad que provoca no es totalmente conocida, se pueden proponer algunas estrategias que posibiliten la reducción de este desenlace fatal.

El primer objetivo debe ser la prevención de las fracturas. Estudios recientes de EE.UU., Canadá y Europa muestran cómo se está produciendo una reducción, o al menos una estabilización, en la tasa de FC en los últimos 10 a 15 años, invirtiendo la tendencia previa al aumento progresivo4, 53, 54, 55, 56, 57. Aunque no se conocen todavía las causas de esta reducción, se han sugerido como posibles la aparición y empleo de los bifosfonatos, los cambios en los estilos de vida que afectan a la osteoporosis y a las fracturas o incluso el posible efecto de una cohorte poblacional más sana y con mejor estado funcional4, 57.

En segundo lugar figura el manejo médico y multidisciplinar adecuado, la valoración integral del paciente, la cirugía y la movilización tempranas y la planificación precoz del alta. En teoría un correcto manejo médico durante la fase hospitalaria debería influir en una reducción de la mortalidad precoz, en la que las condiciones del sujeto pueden estar jugando un papel26. Además, parece que la edad y el número de comorbilidades está aumentando en los pacientes que sufren una FC, por lo que la necesidad de este manejo médico es cada vez más indiscutible4, 58.

Por último, sobre el tratamiento de la osteoporosis tras producirse la FC hay datos esperanzadores. En varios estudios recientes de casos y controles se ha observado que aquellos pacientes a los que se les instaura tratamiento para la osteoporosis tras el evento (calcio, vitamina D y bifosfonatos) presentan una reducción relevante y significativa de la mortalidad durante los años posteriores31, 59, 60, lo que da crédito a la hipótesis de que el tratamiento de la osteoporosis puede aportar beneficios en el pronóstico vital de los pacientes.

Mientras no dispongamos de un conocimiento más profundo sobre la relación entre la FC y la mortalidad secundaria a ella, la potenciación de las medidas mencionadas podrá ser de utilidad en la reducción de esta ominosa asociación.

Conflicto de intereses:

Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses.

Recibido 28 Mayo 2010
Aceptado 6 Julio 2010

Autor para correspondencia. jgonzalezm.hulp@salud.madrid.org

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