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Conceptos básicos de hidratación cutánea (II). Deshidratación

Anna Fàbregas a, Alfonso del Pozo a

a Unidad de TecnologÍa Farmacéutica. Facultad de Farmacia. Universidad de Barcelona.

Artículo

2/44/1
Conceptos básicos de dermofarmacia

Recibido en febrero de 2006

Un estado de hidratación cutánea equilibrado, principalmente se consigue por difusión del agua a partir de los vasos dérmicos y no sólo por aporte externo. Cuando, por alguna de las causas que más tarde se comentan, la epidermis reduce su capacidad de retención de agua, aparecen en la piel manifestaciones típicas de sequedad cutánea (pérdida de turgencia y flexibilidad, aspecto «marchito», tendencia a formar arrugas, mayor descamación, etc.).

En conclusión, las variaciones cuantitativas en el contenido acuoso de la piel son las que determinan su estado de hidratación; este es un primer criterio para el establecimiento de tipologías cutáneas (pieles hidratadas y pieles deshidratadas).

Origen de los lípidos cutáneos y deshidratación

Hay dos grandes grupos de lípidos en la piel, los de origen sebáceo y los de origen dérmico.

De origen sebáceo

Las variaciones del contenido lipídico procedente de la secreción sebácea permiten hablar de:

* Piel hipolipídica. Cuando la secreción sebácea es escasa.

* Piel normolipídica. Cuando la secreción sebácea se ajusta cualitativa y cuantitativamente a unos valores considerados como «equilibrados» desde el punto de vista dermocosmético (es decir, la piel no presenta problemas ni de tipo estético ni de tipo dermatológico derivados de la actividad fisiológica de las glándulas sebáceas).

* Piel grasa o seborreica. Cuando la secreción sebácea es alta o excesiva, respectivamente, con la consiguiente aparición de problemas de tipo estético (brillo excesivo, aparición de comedones, etc.).

Estos lípidos, por su estructura poco polar (ceras, ácidos grasos, colesterol, etc.) no tienen prácticamente influencia en la capacidad de retención de agua en la epidermis, aunque sí que intervienen en la composición de la fase oleosa de la capa hidrolipídica.

De origen epidérmico

Estos lípidos influyen en la capa córnea de la epidermis (ver ficha ref. 2/42/1) de forma determinante en el estado de hidratación cutánea. Se trata básicamente de ceramidas. Su elevada polaridad permite la unión a moléculas de agua mediante enlaces por puente de hidrógeno. La capacidad solvatadora de estas ceramidas disminuye en el caso de que su cantidad o calidad difiera de la que se considera «óptima» desde un punto de vista fisiológico.

Causas de la deshidratación

Una piel deshidratada puede presentar todas o alguna de las siguientes características (fig. 1):

Fig. 1. Los valores de la TEWL incrementados son el resultado de un déficit de NMF o de una baja aportación de lípidos en superficie (ceramidas de origen epidérmico), ya que los lípidos presentes no son suficientemente eficientes en su capacidad solvatadora de agua y ésta acaba por evaporarse.

* Déficit en el aporte de lípidos en superficie (ceramidas provenientes del los espacios intercorneocitarios, que a medida que avanza la descamación de la piel acceden a capas más superficiales hasta llegar a la capa hidrolipídica).

* Escasa producción de NMF (del inglés, natural moisturizing factor, factor natural de hidratación). El NMF, compuesto por agua, electrólitos y otras sustancias, como la urea, representa la fracción acuosa de la capa hidrolipídica. Su composición define el pH cutáneo. Todo ello repercute en una elevación de la pérdida de agua transepidérmica (TEWL, según sus siglas en inglés).

Las causas que llevan a este estado de deshidratación pueden ser muy variadas (tabla 1).

Determinación de la deshidratación cutánea

Tanto con fines dermocosméticos (establecimiento o recomendación de un cosmético adaptado que compense o complemente el déficit de hidratación cutáneo) como dermatológicos (confirmación y estudio de la evolución de enfermedades que cursan con deshidratación, xerosis, etc.), resulta de especial interés poder valorar el grado de deshidratación presente en la piel.

Para ello, se utilizan dos tipos de métodos: visuales e instrumentales.

Visuales

Se observan los resultados tras realizar un pinzamiento o un ligero raspado mediante una espátula metálica.

Instrumentales

Se utilizan aparatos destinados a la evaluación de una serie de propiedades biofísicas de la piel, que pueden correlacionarse con su estado de hidratación (o con el nivel de deshidratación).

Se especifica a continuación uno de estos procedimientos, quizá el más habitualmente empleado por su simplicidad y rapidez de ejecución y su correspondiente instrumentación: la corneometría.

Se basa en la medida de la conductividad de la superficie cutánea. Ésta será tanto más elevada cuanto mayor sea la presencia de agua, y en consecuencia cuanto mejor sea el estado de hidratación superficial, ya que el agua es un buen conductor (fig. 2). El aparato dispone de un display calibrado en unidades adimensionales (UA), que corresponden a un rango de escala de 0-150, donde 0 es la lectura de la sonda eléctrica «en vacío» (aire), y 150 es la lectura de la sonda sumergida en una solución NaCl 0,9% (solución fisiológica), correspondiente a un hipotético estado de hiperhidrosis acusado difícilmente alcanzable en la práctica. Los valores intermedios corresponden a diferentes «grados de hidratación» (o niveles de deshidratación) cutánea.

Fig. 2. La imagen superior corresponde al corneómetro (mod. CK825, Courage-Kazakha, Alemania). En la parte inferior de la imagen, se representa gráficamente la estructura de la sonda de medida.

En próximas fichas de esta sección se describirán en detalle los pormenores y posibilidades de ésta y otras técnicas empleadas con este fin.


Bibliografía general

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Rodríguez IC. Hidratación cutánea: conceptos generales e implicaciones cosméticas. En: Máster en Dermofarmacia y Cosmetología. 5.ª ed. Universidad de Barcelona. 2005;3:130-59.