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Existencias mínimas en farmacias

Elvira Bel a, Josep Mª Suñé a

a Facultad de Farmacia. Universidad de Barcelona.

Artículo

La legislación sobre existencias mínimas en farmacias y almacenes se remonta a 1965 y precisa una renovación y actualización. Las comunidades autónomas de Navarra, Andalucía y Valencia han legislado sobre la materia, pero se echa de menos un enfoque global. Los autores revisan la situación normativa actual y su desarrollo previsto en la Ley del Medicamento.

El ministro de la Gobernación, por Orden de 5 de mayo de 19651, estableció las existencias mínimas de farmacias y almacenes. Lo justifica el preámbulo en los siguientes términos:

«Resulta, pues, prudente, establecer las determinaciones adecuadas a fin de asegurar la tenencia por parte de aquellas oficinas, de los medicamentos, especialidades o artículos de uso medicinal que, previsiblemente, cabe sean requeridos con carácter de urgencia.»

Esta Orden la incluíamos, en 1969, en la segunda edición de nuestro libro Legislación Farmacéutica Española (Granada, 1969:187-92). A nuestros alumnos de entonces les comentábamos que atribuíamos la disposición a la aparición en la prensa diaria de una relación de «Medicamentos urgentes que debieran tener las farmacias» elaborada por una firma privada de asistencia sanitaria. Por lo que respecta a las oficinas de farmacia, se disponía lo siguiente:

«1. Los farmacéuticos con oficina abierta al público contarán en ésta con el mínimo de las existencias de los medicamentos y de los artículos de uso medicinal que figuran en el anexo de la presente Orden.

2. La Dirección General de Sanidad, mediante Resolución que podrá renovar cuando lo juzgue conveniente según las necesidades que la práctica terapéutica vaya aconsejando, queda autorizada para verificar en el anexo las modificaciones oportunas, tanto respecto a la inclusión o exclusión de preparados o instrumentos como al señalamiento del número de ejemplares o unidades de unos y otros.»

El anexo incluía los 26 apartados siguientes:

­ Analgésicos y antipiréticos.

­ Gotas óticas.

­ Anestésicos locales.

­ Hemostáticos.

­ Antibióticos y quimioterápicos.

­ Narcóticos.

­ Anticoagulantes.

­ Occitócicos.

­ Antidiabéticos.

­ Productos desinfectantes varios.

­ Antiespasmódicos.

­ Sedantes.

­ Antihemorroidales.

­ Sueros biológicos.

­ Antihistamínicos y terapia hipofisosuprarrenal.

­ Sueros fisiológicos.

­ Antitusígenos.

­ Sulfamidas.

­ Colirios.

­ Vasoconstrictores y vasodilatadores.

­ Diuréticos.

­ Vacunas.

­ Eméticos.

­ Vitaminas.

­ Estimulantes cardiorrespiratorios, circulatorios y psicofármacos.

­ Material de cura.

Cada apartado incluía uno o varios subapartados para describir, en su caso, principio activo, forma farmacéutica y dosificación y características del producto.

En la tercera edición de nuestra mencionada obra (Granada, 1973) incorporábamos el siguiente comentario: «El anexo es un reconocimiento implícito de la función y competencia del farmacéutico en materia de medicamentos, ya que se establecen grupos farmacológicos y dentro de ellos formas de administración, sin que en ningún caso se especifique marca comercial ni que tengan que ser especialidades farmacéuticas, lo que otorga al farmacéutico el poder elegir libremente en cada caso la marca o incluso prepararlos».

En el apartado de «Narcóticos» se incluía, entre otros, «morfina de 0,1 gramos» y «morfina de 0,2 gramos», dosificación obviamente errónea porque se refería a inyectables, ya que no existía todavía la morfina oral y los inyectables eran y son de 10 y de 20 mg, es decir, 0,01 y 0,02 g, respectivamente.

La Circular 1/77, de 30 de septiembre, de la Dirección General de Ordenación Farmacéutica modifica la relación de narcóticos suprimiendo el láudano de Sydenham 50 g y la petidina inyectables, y reduciendo la cantidad del resto, pero no corrige el error de la dosificación de la morfina; reduce los comprimidos de metadona de 2 a 1 envase, metadona inyectable de 6 a 2; metadona comprimidos de 2 a 1; morfina de «0,1 gramos» de 10 a 3 y morfina de «0,2 gramos» de 10 a 3. Nada dice del resto del anexo que, por tanto, queda igual y sigue vigente.

El Tribunal Supremo, mediante sentencia de 11 de febrero de 1986, ratifica la de la Audiencia Nacional de 3 de febrero de 1984, que a su vez ratificaba sanción a oficina de farmacia por no disponer de «cloruro mórfico 0,01 y 0,02 ampollas» (enmendaba, pues, acertadamente, el texto oficial), porque «a los posibles riesgos que para los señores farmacéuticos implica la tenencia de estas sustancias en sus respectivas oficinas no es causa que justifique la inexistencia de los mismos ahora producida, al entrar en juego superiores intereses de carácter público de imprescindible tutela» (la incorporábamos como nota a pie de página en la novena edición de Legislación Farmacéutica Española [Barcelona 1991], al mismo tiempo que trasladábamos las existencias mínimas del anexo de la Orden al final de la obra como Apéndice 1). El Tribunal Supremo considera, por tanto, la Orden de 1965 totalmente en vigor.

Por Circular 3/92, de 13 de enero, la Dirección General de Farmacia y Productos Sanitarios (DGFyPS) suprimía del apartado «Narcóticos» la metadona supositorios, por haberse «anulado por irrelevante el registro de la especialidad farmacéutica Metasedín supositorios (metadona ClH) a petición del laboratorio fabricante y por tanto suprimida su comercialización». Reproducía los cuatro subapartados subsistentes, pero no modificaba el error de la dosificación de las morfinas.

Comentábamos ya en la cuarta edición de nuestra obra (Barcelona, 1974) lo siguiente: «Desde 1965 la relación no ha sido actualizada lo que hace que bastantes medicamentos que incluye hayan perdido actualidad y falten aportaciones terapéuticas importantes de los últimos años»; lo repetíamos edición tras edición añadiendo «incluso no existan en el mercado farmacéutico». También el Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos se había hecho eco de la situación, y en su Circular 67/87 argumentaba: «En los veintidós años transcurridos desde la publicación de la Orden Ministerial citada [la de 5 de mayo de 1965], tan sólo se ha acometido una tímida actualización sobre existencias mínimas en la Circular n.º 1/77 de la entonces Dirección General de Ordenación Farmacéutica que se justificaba por la creciente ola de asaltos y robos en las oficinas de farmacia con objeto de la obtención ilegal de productos y preparados estupefacientes. Sin embargo, no se han tenido en cuenta los avances terapéuticos que han originado un desfase progresivo de la lista de existencias mínimas ni tampoco se han retocado las existencias mínimas en relación con los estupefacientes, a pesar de que el aumento de robos y asaltos en oficinas de farmacia se ha multiplicado por mil».

Se comentaban los motivos del «desfase» y se afirmaba que «las discrepancias entre los requisitos legales de existencias mínimas y la realidad de la práctica terapéutica están originando numerosas incidencias, habiendo llegado a un punto en el que se estima necesario modificar las listas para adecuarlas al momento actual». Para ello se propone «la supresión de medicamentos obsoletos o retirados y la inclusión de nuevos fármacos» para lo que se indican unos posibles criterios.

Como resumen, el Consejo General de COF proponía a la superioridad el estudio de la posibilidad de modificar la Orden de 1965 y se ofrecía para colaborar en la modificación del anexo.

En 1990 se promulga la Ley del Medicamento y se tipifica como infracción --aunque leve, la reiteración la convierte en grave-- «no contar las entidades de distribución y dispensación con las existencias de medicamentos adecuadas para la normal prestación de sus actividades o servicios, así como no disponer de las existencias mínimas establecidas».

El 13 de noviembre de 2001 se publica en el BOE la Circular 17/2001, de 29 de octubre, de la Agencia Española del Medicamento (hemos de felicitarnos después de haberlo reclamado tan insistentemente, ya que por fin las circulares, por lo menos las de interés general, se publican en el BOE) relativa a existencias mínimas en farmacias de medicamentos conteniendo estupefacientes de la Lista I de la Convención Única de 1961. Hace referencia a la Orden de 1965 (por tanto, la da por vigente) y a las circulares 1/77 y 3/92 antes comentadas, y dispone como legislación básica «modificar el apartado b) de la Circular 3/92 de la Dirección General de Farmacia y Productos Sanitarios y que las existencias mínimas de preparados estupefacientes en farmacias queden en los términos siguientes: b) Tres envases de una ampolla de cloruro mórfico (morfina ClH) de 0,01 gramos». Es decir, se eliminan los comprimidos y los inyectables de metadona y la morfina de 0,02 g y --¡por fin!-- se corrige la dosificación a 0,01 g.

Sorprende, no la eliminación de aquellos preparados poco utilizados, sino la no incorporación de otros que consideramos no sólo muy convenientes sino incluso necesarios, como la morfina oral de acción retardada, más si cabe cuando en el preámbulo de la circular indica:

«La aparición de nuevos medicamentos con estupefacientes sometidos a fiscalización y nuevas formas de dosificación y aplicación, hace necesaria una revisión ajustada de los mismos, adecuando su variedad y cantidad a la realidad actual». No parece consecuente el preámbulo con la disposición. Y no creemos que lo arregle el último párrafo del preámbulo que estaría mejor como consejo ético de la Corporación farmacéutica a su colectivo:

«Quede claro que el objeto de esta modificación es para una tenencia mínima obligatoria. También debe quedar claro que las farmacias y almacenes deben disponer siempre de la adecuada cantidad de estupefacientes para atender las necesidades que se demanden, en evitación de que en ningún caso se produzcan demoras en la atención a un enfermo con dolor. El establecimiento de unos mínimos legales jamás justifica unas existencias por debajo de necesidades reales».

Entendemos que tal vez no justifique éticamente o profesionalmente el comportamiento, pero dada la dificultad de fijar las «necesidades reales» opinamos que sólo los tres envases de una ampolla de morfina inyectable de 0,01 g pueden exigirse judicialmente siempre que la falta no se deba a fuerza mayor. Si Sanidad entendía, como parece deducirse del preámbulo, que las necesidades son mayores tenía en sus manos la oportunidad de disponerlo y exigirlo. De otra forma opinamos que falta a la obligatoria vigilancia de las necesidades sanitarias de los ciudadanos.

Anexo de la Orden de 1965

No parece oportuno efectuar un análisis a fondo del contenido del anexo de la Orden de 1965, sin duda muy desfasado después de más de 45 años de evolución rápida de la terapéutica. Pero sí hacer unas breves consideraciones a la presencia de fármacos o grupos de fármacos que han sido eliminados por la Administración sanitaria o por la práctica médica, en general, reemplazados por otros más eficaces y menos peligrosos, sin olvidar los muchos nuevos que han llenado huecos terapéuticos de los que hoy no se puede prescindir en una relación de medicamentos de tenencia obligatoria en la oficina de farmacia. Por ello, hacemos sólo un breve comentario por grupos sin intentar agotar el tema.

Analgésicos y antipiréticos

Se retiraron la mayor parte de derivados de la pirazolona, en especial los supositorios. Faltan las anilidas (paracetamol, propacetamol).

Anestésicos locales

El cloruro de etilo es casi una rareza para ser de obligada tenencia mientras faltan ésteres del ácido aminobenzoico (tetracaína) y amidas (bupivacaína, mepivacaína, prilocaína, xilocaína).

Antibióticos y quimioterápicos

No existen cápsulas de cloranfenicol de 125 mg ni supositorios de ninguna dosis. Tampoco la bencilpenicilina de 200.000 UI ni la penicilina-procaína de 300.000 y 400.000 UI, pero sí las de 600.000 y 1,2 millones de UI, que no figuran en el anexo. No se cita la penicilina oral, ni la penicilina-benzatina inyectable, ni ninguna semisintética de amplio espectro. No existen comercializadas las tetraciclinas de 100 mg, ni la IM de 50 y 100 mg ni la IV de 250 mg; en cambio debería figurar por lo menos la doxiciclina. La gama de antibióticos y quimioterápicos aparecida después de 1965 es extensa: cefalosporánidos, aminoglucósidos, macrólidos, quinolonas.

Anticoagulantes

Bien que figuren las heparinas del 1 y 5%, pero no deberían faltar las heparinas fraccionadas (dalteparina, enoxaparina, nadroparina).

Antidiabéticos

Las concentraciones de insulina que figuran ya no existen, sustituidas por la de 100 UI/ml en envases de 10 ml y en varias modalidades. No se citan los antidiabéticos orales (biguanidas, sulfamidas, inhibidores de la alfaglucosidasa).

Antieméticos

No figura ninguno. Por lo menos deberían figurar las ortopramidas.

Antiespasmódicos

No se comercializan los alcaloides de la belladona ni los supositorios de los semisintéticos. Tampoco existe la papaverina como monofármaco.

Antihemorroidales

Sólo cita pomadas con corticoides. Tal vez convendría incluir las que contienen anestésicos.

Antihistamínicos y terapia hipofisosuprarrenal

No se comercializan el ACTH ni la DOCA; los comprimidos de dexametasona son de otras dosificiaciones (0,5, 1, 4 y 40 mg).

Diuréticos

Sólo figuran las hidroclorotiazidas pero no la amilorida, la espironolactona, la furosemida.

Estimulantes cardiorrespiratorios, circulatorios y psicofármacos

Grupo heterogéneo que convendría reclasificar. Se incluyen la anfetamina inyectable, la cafeína inyectable, dietilamina del ácido piridinbetacarbónico, efedrina, gitalina, estrofantósido k, lanatósidos, lobelina, pentametilentetrazol, que han pasado a la historia, o supositorios y gotas de digoxina que tampoco existen. En cambio no aparecen betabloqueantes (propranolol, atenolol), ni antagonistas del calcio (nifedipino, diltiazem) ni inhibidores de la angiotensina (captopril, enalapril), ni antagonistas de la angiotensina (losartan, valsartan), ni hipocolesterolemiantes (estatinas, fibratos, colestiramina).

Narcóticos

Se ha comentado antes la ausencia de los comprimidos de sulfato de morfina y de los inyectables de petidina o meperidina, que se suprimieron en 1977 sin que se justificara la exclusión y que todavía se utilizan bastante. Hoy se consideran casi indispensables los parches de fentanilo y sin ser estupefacientes de la lista I también la buprenorfina y la pentazocina.

Oxitócicos

Figuran la ergotina y la pituitrina inyectables, que no se encuentran comercializados.

Desinfectantes y varios

Es el grupo con un contenido todavía más «actual» aun cuando debería añadírsele la povidona yodada.

Sedantes

No existe ni se usa el hidrato de cloral en supositorios. No figura el haloperidol ni ninguna benzodiazepina ni en éste ni en otro apartado.

Sueros biológicos

No existe ya el suero antidiftérico ni las gammaglobulinas de 125 y 250 mg del anexo. En cambio no figuran en el anexo las inmunoglobulinas específicas (antihepatitis B, antirábica, antiRH, antitetánica).

Sueros fisiológicos

Tal vez convendría suprimir toda mención a «autoinyectable».

Sulfamidas

No se comercializan las solubles inyectables ni los comprimidos de sulfametoxipiridazina. En cambio, debiera figurar el cotrimoxazol.

Vasoconstrictores y vasodilatadores

No existen la acetilcolina inyectable, ni la adrenalina al 2 por mil, ni el nitrito de amilo, ni la prostigmina, ni los supositorios de derivados de la teofilina.

Vacunas

La antitífica es pura historia. Debieran figurar las dobles, triples y cuádruples.

Material de cura

Los hilos de sutura catgut se retiraron a raíz de la enfermedad de las vacas locas. Las jeringas de cristal para inyectar son difíciles de hallar y deberían sustituirse por las de material plástico de un solo uso.

La existencias mínimas en la Ley del Medicamento

La Ley del Medicamento, en su artículo 88, «norma básica en el sentido previsto en el artículo 149, 1, 1ª y 16ª de la Constitución», dedicado a las oficinas de farmacia, dispone:

«1. Las Administraciones Sanitarias con competencias en ordenación farmacéutica realizarán la ordenación de las oficinas de farmacia, debiendo tener en cuenta los siguientes criterios:(...)

»c) Las exigencias mínimas materiales, técnicas y de medios suficientes que establezca el Gobierno con carácter básico para asegurar la prestación de una correcta asistencia sanitaria, sin perjuicio de las competencias que tengan atribuidas las Comunidades Autónomas en esta materia».

Para los almacenes mayoristas, el artículo 77 de la Ley del Medicamento, también norma básica y titulado «exigencias de funcionamiento», indica que estarán obligados:

«(...) b) A mantener unas existencias mínimas de medicamentos que garanticen la continuidad del abastecimiento».

Nada se ha hecho para determinar tales existencias mínimas por parte del Estado.

Disposiciones de las comunidades autónomas

Es lógico que algunas comunidades autónomas, ante el retraso en el cumplimiento por parte del Gobierno central de lo dispuesto en la Ley del Medicamento, convencidas de la conveniencia de una regulación de las existencias mínimas de medicamentos y productos sanitarios que deben poseer las oficinas de farmacia, hayan dictado normas propias que han de considerarse provisionales en tanto no se publiquen a nivel estatal. Así lo han entendido la Comunidad Foral de Navarra y la Comunidad Valenciana, ambas en 1993, y la Comunidad de Andalucía más recientemente (2001).

La Orden Foral de Navarra2 es muy expresiva. Hace referencia a la Orden de 1965 y comenta: «Desde esta fecha [se refiere a 1965] los avances terapéuticos han sido notables, apareciendo numerosos principios activos, algunos de los cuales han sustituido a los citados en la Orden, mientras que por otro lado el mejor conocimiento de los efectos de otros principios activos ha hecho que se dejasen de utilizar. Resulta así que la lista de medicamentos no se corresponde con el estado actual de las ciencias sanitarias siendo, en la práctica, una norma legal de imposible cumplimiento».

Hace referencia a la Ley del Medicamento y a las medidas que incluye tendentes al fomento del uso racional del medicamento y comenta: «Dentro de este uso racional es necesario determinar cuáles son los medicamentos que de modo permanente e inexcusable se deberán encontrar en todas las oficinas de farmacia, tanto para facilitar a los farmacéuticos el mantenimiento de un contingente adecuado de los mismos, como para facilitar a los prescriptores su tarea cuando deban prestar algún tratamiento a horas en las que sólo un número reducido de farmacias está en condiciones de ofertar su atención a los ciudadanos».

Recoge de la Ley del Medicamento la sustitución «por causa legítima» y dispone que la relación que incluye como anexo «se revisará, como mínimo, anualmente, modificándose en caso necesario». Sólo se ha hecho en julio de 19971. Para ella utiliza la clasificación anatómica ampliada (seis dígitos), que no es la oficial y en bastantes casos pone ejemplos en los grupos terapéuticos que considera como tales admitiendo que varios medicamentos pueden servir de alternativa. Para el grupo NO2A (analgésicos narcóticos) indica «ver mínimos obligatorios».

La Comunidad Valenciana dicta Orden a finales de 1993, publicada en 19943, para garantizar «las necesidades farmacéuticas que se pudieran producir tanto a nivel de atención primaria como de asistencia especializada, en aquellas situaciones de catástrofe o de emergencia», por lo que obliga a las oficinas de farmacia, servicios de farmacia hospitalaria y almacenes mayoristas farmacéuticos, a contar con las existencias de medicamentos, productos sanitarios y demás productos de uso medicinal que figuran en el anexo de la Orden. El contenido del anexo «podrá ser actualizado» (no lo ha sido por ahora) mediante resolución del director del Servicio Valenciano de Salud.

Utiliza la clasificación anatómica oficial del Ministerio de Sanidad y Consumo, y es mucho más reducida la lista que la de Navarra, probablemente por su carácter de sólo para casos de emergencia o catástrofe. Para el grupo NO2A (analgésicos narcóticos) menciona morfina, metadona y buprenorfina (indica erróneamente «buprenarfina»), en los tres casos comprimidos e inyectables.

La Comunidad de Andalucía regula en 2001, mediante Decreto4, las existencias mínimas de medicamentos y productos sanitarios en las oficinas de farmacia y almacenes farmacéuticos de distribución. También hace referencia a la Orden de 1965 y a los artículos 79 y 88 de la Ley del Medicamento, además de al Real Decreto 2259/1994, regulador de los almacenes farmacéuticos. Entiende que, debido a los avances de la terapéutica en los últimos años, «se consideran obsoletas las existencias mínimas vigentes en la actualidad», por lo que en aras de una adecuada asistencia sanitaria a la población «procede la fijación de unas nuevas existencias mínimas», que son las que figuran en el anexo y que serán preceptivas para la obtención de la autorización de funcionamiento y cuyo incumplimiento en cualquier momento será sancionado por los órganos competentes.

Utiliza, asimismo, la clasificación anatómica oficial, y en el grupo NO2A (analgésicos narcóticos) incluye metadona oral e inyectable, morfina oral de 10, 30, 60 y 100 mg y cloruro mórfico inyectable al 1 y al 2%. Su contenido podrá ser actualizado mediante orden del consejero de Salud.

Sólo un mes más tarde la Comunidad de Andalucía «actualiza» el anexo5 incorporando el principio activo medicamentoso levonorgestrel y en el apartado de productos sanitarios los preservativos de látex. Lo justifica «a la vista de la relevancia que en el caso de la prevención supone el evitar tanto los embarazos no deseados como la transmisión de enfermedades infecciosas». La norma andaluza, como antes las de Navarra y la Comunidad Valenciana, se presenta como una actualización de la Orden de 1965, que se justificaba para asegurar la tenencia en las oficinas de farmacia de los medicamentos y productos sanitarios que, previsiblemente, «cabe sean requeridos con carácter de urgencia». No parece que la «actualización» de la norma andaluza incorpore productos que tengan tal carácter de urgencia, ya que no puede defenderse seriamente que el levonorgestrel o los preservativos sean de carácter «urgente», aparte de que los últimos son de libre adquisición en las máquinas expendedoras automáticas. La «actualización» parece más de política sanitaria que de verdadera razón sanitaria, por lo que ha sido recurrida y aceptado el recurso por el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía. No entramos en el problema ético de objeción de conciencia de un colectivo de farmacéuticos andaluces por salirse de los límites únicamente legales del trabajo6.

Comentario general

Tanto las sucesivas modificaciones a la Orden de 1965, aunque sólo referidas al grupo de narcóticos, como la sentencia citada también referida a narcóticos, nada dicen de la no vigencia de aquella disposición. Y sin embargo, como se encargan de denunciar las disposiciones de las comunidades autónomas como Navarra («la lista de medicamentos no se corresponde con el estado actual de las ciencias sanitarias siendo en la práctica, una norma legal de imposible cumplimiento») y Andalucía («se consideran obsoletas las existencias mínimas vigentes en la actualidad»), se trata de una norma de obligado cumplimiento con un anexo de medicamentos y productos sanitarios totalmente desfasado por inexistencia en el mercado en muchos casos o por no presencia en la relación de productos hoy imprescindibles en la práctica terapéutica. Navarra dispone que se revisará «como mínimo, anualmente» (no se ha hecho), y la Comunidad Valenciana y la de Andalucía que «podrá ser actualizado» (tampoco se ha hecho, salvo Andalucía transcurrido un mes, como se ha comentado antes).

La Orden de 1965 se refiere en su preámbulo a medicamentos o artículos de uso medicinal que «cabe sean requeridos con carácter de urgencia», pero en su parte dispositiva obliga a que las oficinas de farmacia cuenten en ella «con el mínimo de las existencias de los medicamentos y los artículos de uso medicinal que figuran en el anexo...». Ha de interpretarse que deben figurar en la oficina de farmacia en el momento de la autorización de la apertura y de manera permanente a partir de entonces. Así lo entienden las disposiciones de las comunidades autónomas cuando obligan a unas existencias mínimas en la oficina de farmacia.

En ninguna de las relaciones de las tres comunidades autónomas mencionadas figuran ni los chupetes ni los biberones, que sin duda son más solicitados durante las guardias diurnas o nocturnas que la mayor parte de «productos sanitarios» incluidos

Para el futuro entendemos que no queda más que una disyuntiva: o la Administración sanitaria sustituye el anexo por otro actualizado y se compromete a mantenerlo actualizado constantemente o, si estima que no es necesario (y tal vez no lo sea contando con la profesionalidad de los farmacéuticos), deroga la Orden y la sustituye por otra que sólo contenga los medicamentos estupefacientes, y tal vez los psicotropos, que son los únicos en los que podría argumentarse inexistencia en las oficinas de farmacia por miedo a los nada infrecuentes atracos.

Una vez más nos hallamos ante una deficiencia normativa motivada por la falta de desarrollo del artículo 88.1.c) de la Ley del Medicamento, que dispone que las comunidades autónomas realizarán la ordenación de las oficinas de farmacia a partir de «las exigencias mínimas materiales, técnicas y de medios suficientes que establezca el Gobierno con carácter básico para asegurar la prestación de una correcta asistencia sanitaria». Al no establecerse unos mínimos, tres comunidades autónomas lo han hecho hasta el momento con requerimientos diferentes que podrían aceptarse, hasta cierto punto, siempre por encima de unos mínimos de carácter general, aunque no parece que sean defendibles las diferencias entre comunidades autónomas en un asunto de interés tan universal. Por cierto, aunque sea meramente anecdótico, en ninguna de las relaciones de las tres comunidades autónomas mencionadas figuran ni los chupetes ni los biberones, que sin duda son más solicitados durante las guardias diurnas o nocturnas que la mayor parte de «productos sanitarios» incluidos.


Notas

1. Orden de 5 de mayo de 1965 (BOE del 22) sobre las existencias mínimas de las farmacias y almacenes farmacéuticos.

2. Orden Foral de 16 de junio de 1993 (BON del 21 de julio) por la que se aprueban los medicamentos de tenencia mínima en oficinas de farmacia. Anexo modificado por Orden Foral 92/1997, de 1 de julio (BON del 8 de agosto).

3. Orden de 23 de diciembre de 1993 (DOGV del 21 de febrero de 1994) por la que se establecen los medicamentos y productos sanitarios básicos para casos de emergencia o catástrofe.

4. Decreto 104/2001, de 30 de abril (BOJA del 31 de mayo) por el que se regulan las existencias mínimas de medicamentos y productos sanitarios en las oficinas de farmacia y almacenes farmacéuticos de distribución.

5. Orden de 1 de junio de 2001 (BOJA del 2) de la Consejería de Salud, que actualiza el anexo del Decreto 104/2001, de 30 de abril, que regula las existencias mínimas de medicamentos y productos sanitarios en las oficinas de farmacia y almacenes farmacéuticos de distribución.

6. Pueden consultarse entre otros: Gonzalo Herranz. Ética médica y píldora del día después. Diario Médico, 5 y 6 de abril de 2001; José López Guzmán. Cinco argumentos a favor de la objeción de conciencia de los farmacéuticos. Diario Médico, 20 de junio de 2001.