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Red vascular dérmica. Implicaciones estéticas

Llorenç Pons a

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Artículo

Desde hace años, se multiplican los estudios que investigan los mecanismos metabólicos responsables de la regulación de la vascularización cutánea. Los esfuerzos se centran, sobre todo, en la trama de vasos capilares, que se localizan en la dermis superior y alrededor de los folículos pilíferos, las glándulas sebáceas y las glándulas sudoríparas.

La funcionalidad de la red vascular dérmica es vital para que se produzca un óptimo recambio de las células epidérmicas y, simultáneamente, se mantenga el adecuado metabolismo que requiere el tejido conjuntivo cutáneo.

Es preciso destacar la sorprendente capacidad de adaptación que poseen los vasos para regular el flujo sanguíneo, ya que responden de forma inteligente a las diferentes situaciones ambientales que inciden sobre la piel.

Pero a esta respuesta se suma la no menos sorprendente capacidad de los vasos para crecer e incrementar la citada trama vascular. Este fenómeno, bien conocido, se identifica con el nombre de angiogénesis, y supone un incremento de proliferación de las células endoteliales, que conforman las paredes de todos los vasos sanguíneos.

VEGF

En muchas investigaciones recientes se ha relacionado el llamado VEGF (factor de proliferación del endotelio vascular) con diferentes daños que alteran el tejido cutáneo y son capaces de provocar tanto situaciones inestéticas como respuestas patológicas.

VEGF es una citocina mutifuncional, liberada por los queratinocitos epidérmicos, responsable a la vez de la angiogénesis y del incremento de la permeabilidad vascular.

En un interesante estudio, realizado por Young et al1, se ha comprobado que 160 pacientes psoriásicos (con placas crónicas) poseían unas concentraciones plasmáticas de VEGF muy superiores a las detectadas en los 102 controles de pacientes sanos. Parece, por tanto, evidente, que la angiogénesis que desencadena este factor de proliferación del endotelio vascular desempeña un importante papel en la patogénesis de la psoriasis.

Las investigaciones de Yano et al2 y Kajiya et al3, realizadas por científicos del Shiseido Life Science Research Center (Yokohama) y del Massachusetts General Hospital and Harvard Medical School, han valorado los daños actínicos cutáneos y la angiogénesis provocada por la radiación UVB. Estos estudios se han realizado en ratones irradiados una sola vez (200 mj/cm2) y en ratones sometidos a la radiación UVB durante 2 semanas (con un total acumulado de UVB de 7,23 j/cm2).

Los autores recuerdan que la irradiación crónica de la piel con UVB provoca, en la epidermis, una hiperplasia y en la dermis, una degradación de las moléculas de la matriz extracelular, con formación de arrugas y una acusada angiogénesis.

Estos trabajos, y los de otros investigadores, confirman la existencia simultánea de factores endógenos capaces de incrementar la angiogénesis (como el VEGF) y de factores endógenos inhibidores de la angiogénesis (como la trombospondina-1 [TSP-1] y la trombospondina-2 [TSP-2]). Parece evidente que sólo mediante un adecuado equilibrio entre ambos tipos de factores se puede controlar el grado de angiogénesis.

En uno de estos estudios se utilizaron ratones genéticamente modificados, incapaces de sintetizar TSP-2, para observar la respuesta que genera una irradiación crónica con UVB. Los controles se realizaron con ratones que no habían sufrido esta modificación, lo que permitió demostrar que la ausencia de TSP-2 provocaba la formación de arrugas muy pronunciadas, un incremento de la angiogénesis, una marcada desorganización de las fibras de colágeno y una infiltración de células inflamatorias en la dermis. Simultáneamente se detectó, mediante adecuadas técnicas analíticas, un incremento de la expresión del ARNm, que codifica VEGF en los queratinocitos suprabasales.

Efecto de la irradiación UVB

Los resultados arriba mencionados permiten atribuir al VEGF y a la angiogénesis incrementada los daños que se manifiestan en la piel sometida a una irradiación crónica del UVB. Y también se puede aceptar que TSP-2 posee una actividad protectora frente a los daños actínicos cutáneos.

El trabajo de Kajiya et al3 ha demostrado, en los ratones de su estudio, que una única exposición al UVB provocaba, a los 8 días, un importante incremento de la vascularización en la dermis superior. Esta respuesta se relacionaba con un claro incremento de la expresión del ARNm, que codifica VEGF en los queratinocitos y con una disminución de la expresión de TSP-1. Esta investigación demuestra que la irradiación aguda con UVB invierte el equilibrio entre VEGF y TSP-1, lo que supone que el tejido cutáneo presenta un desequilibrio que favorece la angiogénesis.

Otra reciente investigación, realizada por Kosmadaki et al4, que utilizó un cultivo de queratinocitos humanos normales, ha permitido comprobar la respuesta de estas células a exposiciones crecientes (entre 5 y 50 mj/cm2) de UVB. Partiendo de la certeza de que la irradiación UV provoca angiogénesis en la piel humana, y que el equilibrio entre los factores positivos y negativos de la angiogénesis mantiene la homeostasis vascular, estos autores pudieron demostrar el efecto de la irradiación UVB en los inhibidores más importantes, en especial la trombospondina-1 y la trombospondina-2.

Los factores proangiogénicos que incrementan su expresión en la piel humana expuesta a la radiación UVB son bien conocidos: VEGF, BFGF (basic fibroblast growth factor) e IL-8 (interleucina-8). Sin embargo, la modulación de TSP-1 no resultó afectada si la irradiación no superaba los 5 mj/cm2, o los 15 mj/cm2, aunque las dosis de 30 y 50 mj/cm2 de UVB reducían la expresión de TSP-1 en los queratinocitos y, simultáneamente, reducían la secreción de TSP-2 por estas mismas células.

Situaciones inestéticas

Al margen de situaciones patológicas directamente relacionadas con una excesiva angiogénesis, es evidente que una vascularización cutánea anómala, generalmente asociada a un incremento de la permeabilidad, puede ser responsable de diversas situaciones inestéticas que interesan a la cosmética. El eritema actínico, las rojeces difusas, la manifestación de cuperosis, y algunas situaciones edematosas, podrían tener, en un futuro, un adecuado tratamiento. Las investigaciones reseñadas permiten suponer que los citados inhibidores endógenos de la angiogénesis --las moléculas capaces de modular esta actividad-- son potenciales ingredientes cosméticos capaces de aliviar los problemas estéticos desencadenados por una vascularización descontrolada.

Esta especulación científica merece ser estudiada, ya que todos los avances básicos realizados en el conocimiento molecular del metabolismo cutáneo también pueden ser utilizados para investigar nuevas vías de corrección de determinados problemas estéticos

Bibliografía

1.Young HS, Summers AM, Bhushan M, Brenchley PE, Griffiths CE. Vascular endothelial grow factor and psoriasis. J Invest Dermatol 2003;121(abstract 0007). CITA
2.Yano K, Shirakata Y, Brown LF, Bornstein P, Detmar M. Thrombospondin-2 deficiency accelerates UVB-induced angiogenesis and cutaneous photo-damage. J Invest Dermatol 2003;121(abstract 0011). CITA
3.Kajiya K, Yano K, Yokoyama T, Ishiwata M, Detmar M. UVB-induced skin angiogenesis is associated with a switch in the balance of vascular endothelial growth factor and thrombospondin-1 expression. J Invest Dermatol 2003;121(abstract 0008). CITA
4.Kosmadaki M, Noh Y, Yaar M, Detmar M, Gilchrest BA. UV down-regulates the angiogenesis inhibitor thrombospondin-1 in normal human keratinocytes. J Invest Dermatol 2003;121(abstract 0032). CITA