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doi: 10.1016/j.psiq.2010.12.006

Un caso de síndrome de Ekbom

A case of Ekbom syndrome

Francisco Javier Zamora Rodríguez a, , Concepción Benítez Vega a, Pablo Calderón López a, Juan Antonio Guisado Macías a, María Isabel Teva García a, María Rosa Sánchez-Waisen Hernández b

a Servicio de Psiquiatría, Hospital Universitario Infanta Cristina, Badajoz, España
b Complejo Hospitalario Torrecárdenas, Almería, España

Palabras Clave

Trastorno delirante. Síndrome de Ekbom. Delirio dermatozoico. Psicopatología. Tratamiento antipsicótico.

Keywords

Delusional disorder. Ekbom syndrome. Dermatozoic delusion. Psychopathology. Antipsychotic treatment.

Resumen

Introducción

Desde finales del siglo xix han aparecido artículos en la literatura científica de pacientes que decían estar infestados por parásitos sin evidencias médicas que lo demostrasen. Fue descrito inicialmente por Thibierge en 1894, denominándolo «Acarofobia», y posteriormente por Ekbom, en 1938, en su trabajo Der praesenile dermatozoenwhan.

Caso clínico

Analizamos las alteraciones de conducta en una paciente de 36 años que presentaba un delirio de infestación. Las características clínicas y psicológicas del cuadro son reflejadas.

Conclusiones

El síndrome de Ekbom es un subtipo infrecuente de trastorno delirante que provoca un importante impacto en la vida de quien lo padece, pero el cual, como veremos en este caso, suele responder al uso de antipiscóticos de manera eficaz.

Artículo

Introducción

El síndrome de Ekbom, también llamado delirio de dermatozoos, dermatozoico, o de infestación, entre otros términos, se trata de un cuadro psicótico sumamente inespecífico, consistente en un trastorno del pensamiento en el cual los pacientes se consideran a sí mismos infectados por parásitos. Pueden describir que estos se encuentran sobre la piel o debajo de esta.

Fue descrito inicialmente por Thibierge1 en 1894, denominándolo «Acarofobia», y posteriormente por Ekbom2, en 1938, quien lo denominó delirio involutivo o de la «presenilidad» en su trabajo Der praesenile dermatozoenwhan, por manifestarse en personas mayores, más a menudo de sexo femenino, con frecuente asociación con trastornos cerebrales orgánicos.

La prevalencia anual del delirio de parasitosis se estima en 80 casos por millón de habitantes, con una incidencia anual de 20 casos por millón3.

Presentamos el caso de una paciente que acudió a Urgencias de su hospital de referencia presentando una clínica compatible con un síndrome de Ekbom.

Caso clínico

M. J. es una paciente de 36 años de edad, soltera, sin trabajo actualmente y que convive con sus padres. Tiene 2 hermanos que conviven fuera del domicilio familiar. Como antecedentes personales somáticos destacan una hepatitis C sin tratamiento, una obesidad grado I y una enuresis nocturna, que hace que tenga que dormir con pañales. Desde el punto de vista de los antecedentes personales psiquiátricos, hay que señalar que lleva varios años en seguimiento psiquiátrico tanto a nivel privado como público, con los diagnósticos de trastorno no especificado de la conducta alimentaria en remisión, trastorno depresivo moderado y trastorno mixto de la personalidad (rasgos dependientes y límites). Estuvo durante años en tratamiento por la Unidad de Trastornos Alimentarios, siendo alta un año antes del proceso actual. Actualmente en tratamiento con topiramato 300mg, loracepam 2mg, trazodona 100mg y duloxetina 120mg. Como antecedentes personales tóxicos destacan consumo en el pasado de speed-ball, cocaína y heroína hasta hace 6 años. Dependencia de opiáceos en tratamiento con metadona desde entonces, no recuerda la cantidad. Consumo actual de tabaco, aproximadamente 1 paquete/día, negando alcohol ni otros tóxicos. Dentro de los antecedentes familiares destacar una tía materna con obesidad operada con cirugía bariátrica y una hermana y madre obesas.

Acudió al servicio de Urgencias de su hospital de referencia acompañada de su madre, refiriendo llevar unas semanas con unos bichos por todo el cuerpo, con muchos picores y con la consiguiente ansiedad secundaria. Ella dice que son como puntos negros y afirma que incluso ve cómo se mueve. Se encuentra sorprendida de que nadie más los vea. Refiere que están por todo el cuerpo, pero más en brazos, manos y cabeza. Dice que le dan picotazos, que le hacen reaccionar bruscamente. Está continuamente buscándoselos y cuando se los quita, llega a hacerse heridas. El pensar que tiene estos bichos le lleva a cambiarse de pijama diariamente; de sábanas cada 2-3 días; se ducha y se lava las manos en varias ocasiones a lo largo del día, etc. También está continuamente limpiando su habitación. Dice que ha cogido varios de esos bichos y que los ha guardado en una caja, la cual ha enseñado a su médico de atención primaria, pero que no trae en el día actual. Ha acudido varias veces a su centro de salud por esta sintomatología, llegando incluso a derivarla al dermatólogo, quienes no han encontrado de momento infestación por parásitos. En la exploración psicopatológica se encuentra orientada en las tres esferas, abordable y colaboradora, con ansiedad flotante elevada con importante sudoración, hipotimia manifiesta secundaria a su situación vital actual (en paro, sin prácticamente ninguna actividad social, vive con sus padres con los que dice tener problemas de comunicación), niega ideación autolítica, ideación delirante referente a estar infestada por bichos o insectos, alucinaciones cenestésicas de prurito en piel y cuero cabelludo, ilusiones visuales referidas a la presencia de bichos en su cuerpo, interpretando cualquier partícula diminuta como uno de ellos, no conciencia de enfermedad, quejas de insomnio mixto, especialmente de conciliación.

Se solicitan una bioquímica, un hemograma y un sistemático de orina, con todos los parámetros dentro de la normalidad, excepto una elevación leve de los triglicéridos. Los tóxicos en orina dieron positivo a benzodiacepinas y metadona.

Se le diagnóstico de trastorno delirante tipo somático (F 22.0) y se le pauta tratamiento antipsicótico (quetiapina prolong 300mg en toma nocturna) y se suspende la trazodona, dándole una nueva cita en 2 semanas para valorar evolución y respuesta farmacológica.

Se vuelve a revisar a la paciente en 15 días, acudiendo a la cita acompañada por su padre. Este refiere que «está mucho mejor, ya no se queja de los bichos, ha disminuido la frecuencia de sus lavados, más animada». La paciente dice que «está muy bien, ya no tengo picores…todo mucho mejor». Ante la evidente mejoría se mantiene el mismo tratamiento. Se la deriva a su Equipo de Salud Mental de zona correspondiente, dándole la opción de continuar seguimiento a nivel privado si así lo desean.

Discusión

El síndrome de Ekbom es un subtipo de trastorno delirante incluido dentro del tipo somático de los mismos. Otros tipos de trastornos delirantes4, según el tema delirante que predomine son: el erotomaníaco, de grandiosidad, celotípico, persecutorio, somático, mixto o no especificado. En el trastorno delirante tipo somático o psicosis hipocondriaca monosintomática5 aparecen ideas delirantes de que la persona tiene algún defecto físico o una enfermedad médica, en ausencia de evidencias objetivas, malinterpretando las sensaciones subjetivas corporales. Podríamos dividir así mismo el tipo somático en: delirios relativos a la piel (donde encontraríamos el síndrome de Ekbom), delirios de deformidad (dismorfofobia), delirios de tipo olfatorio y otros tipos.

Se describe característicamente su mayor frecuencia en mujeres de edad media. Puede presentarse de forma aislada o formando parte de gran variedad de enfermedades, tanto físicas (consumo de tóxicos, déficits vitamínicos y patología renal o hepática inductora de prurito), como psíquicas (esquizofrenia y otras psicosis, trastornos afectivos y trastornos ansiosos). Para el diagnóstico del delirio de parasitosis primero debemos descartar la presencia de una infección real y después de estas causas médicas y psiquiátricas señaladas anteriormente2, 6, 7, 8, 9.

El motivo de consulta principal es el de prurito asociado a excoriaciones. La clínica consiste en una convicción delirante de infestación parasitaria, sin evidencia de patología dermatológica. Asocian con frecuencia ilusiones interpretativas secundarias al sistema delirante. Rara vez el paciente es visto en primera instancia por el psiquiatra, siendo los dermatólogos, especialistas en infecciosas y compañías de desinfección los que suelen hacerlo10, 11. La conducta está dominada por una lucha contra los insectos imaginarios, provocándose lesiones en su afán por eliminarlos. Utilizan tratamientos antiinfecciosos y continuas actividades de limpieza, pudiéndose aislarse socialmente por temor a contagiar a sus familiares u otras personas cercanas. Puede aparecer de forma característica el signo de la caja de cerillas, descrito por Lyell12 en 1983, que consiste en que el paciente dice que ha logrado capturar al parásito y lo trae para mostrarlo en aquel recipiente.

El tratamiento farmacológico sería un antipsicótico; clásicamente se observaba una buena y específica respuesta al antipsicótico típico pimocide, e incluso se seguía recomendando en artículos recientes 10, 13, pero este no es un tratamiento de primera línea por su perfil de efectos secundarios: elevado riesgo de síntomas extrapiramidales, prolongación del intervalo QT e interacciones con otros fármacos14. Varios artículos han indicado los efectos beneficiosos de los antipsicóticos atípicos en el tratamiento del delirio de parasitosis, tanto para risperidona15, 16, quetiapina17, olanzapina18 y amisulpride19. En una revisión del uso de antipsicóticos en el tratamiento del delirio de parasitosis primario20 no pudieron concluir que los atípicos eran más eficaces que los típicos por la falta de ensayos clínicos que comparasen ambos, aunque sí indicaban que ambos eran eficaces, por lo que a falta de algún futuro ensayo parece más recomendable usar los antipsicóticos de segunda generación por su menor perfil de efectos secundarios.

En la paciente de nuestro caso cabría preguntarse la posible influencia de los antecedentes personales de la paciente, tanto somáticos como psíquicos, y especialmente del consumo de tóxicos antiguo y el actual de metadona. Destaca la rápida respuesta que presentó al tratamiento, con la consiguiente mejora conductual y la disminución de la ansiedad secundaria.

Autor para correspondencia. pacozamora23@hotmail.com

Bibliografía

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