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Viejos y nuevos antidepresivos en un mundo hedonista

Old and new antidepressants in an hedonistic world

J Vallejo a

a Catedrático de Psiquiatría. Universidad de Barcelona.

Artículo

La humanidad avanza inexorablemente hacia un mundo tecnológicamente tan perfeccionado que en muchas sociedades occidentales el hombre comienza no sólo a buscar bienestar, lo cual es un deseo consustancial a su esencia, sino a rechazar cualquier elemento de displacer, aunque sea mínimo. En medicina actualmente el objetivo no es sólo combatir la enfermedad sino, como señala la OMS, conseguir el bienestar físico, psíquico y social. Con esta filosofía de vida el ciudadano no sólo desea que se resuelva su dolencia, sino que se haga rápida y eficazmente, sin coste personal y sin ningún efecto adverso que perturbe el deseado bienestar absoluto. Vivimos, pues, en una sociedad hedonista y a los médicos se nos exige actuar de acuerdo con estos planteamientos. En consecuencia, los profesionales respondemos a estas demandas con complacencia y concordancia con el mundo en que vivimos. Sin embargo, olvidamos con frecuencia que, en la línea de escoger nuestras opciones terapéuticas, sin duda el objetivo más importante, el que debería regir nuestra actuación profesional, es la restitución ad integrum de la salud, aunque bajo el viejo aforismo primum non nocere. Si bien la buena tolerancia de los fármacos es un factor básico en el tratamiento, todavía más fundamental es la eficacia, cuya esencia no es sólo la respuesta sino la remisión total.

Todo este preámbulo viene a colación de una situación alarmante, cada vez más patente, como es la marginación e inminente desaparición de psicofármacos antiguos, pronto reliquias, como los tricíclicos y los IMAO, cuestión que ya tratamos con anterioridad1 y que ahora queremos precisar. Sin duda, numerosas enfermedades se resuelven hoy día con los antidepresivos actuales, cuyas eficacia y tolerancia están acreditadas. Sin embargo, existen subgrupos de pacientes que no responden, o lo hacen parcialmente, a estos modernos tratamientos, de tal forma que la desaparición de los fármacos clásicos supondría una limitación importante para los profesionales y una situación deplorable para los pacientes.

Concretamente nos referimos a tres enfermedades: melancolía, crisis de angustia y fobia social. Respecto a la primera ya concluimos, tras una reciente revisión, que posiblemente los ISRS eran menos eficaces que los tricíclicos2. En relación con las crisis de angustia, y a pesar de que el trabajo clásico de Sheehan et al3, la fenelzina tenía una acción más resolutiva que la imipramina, no se ha profundizado en la cuestión con trabajos doble ciego. Los recientes ISRS son eficaces en muchos pacientes, pero no debería olvidarse la fenelzina en los casos más resistentes. Finalmente, en la fobia social la prioridad terapéutica queda reservada para los ISRS, especialmente la paroxetina, según se señala en las conclusiones del Consenso sobre Trastorno de Ansiedad Social del Grupo Internacional de Consenso de Depresión y Ansiedad4. En las mismas se reconoce la eficacia de los IMAO, pero se especifica que "no quedan claros algunos aspectos de su seguridad y tolerancia". Sin embargo, existen indicios de que la magnitud del efecto de la fenelzina, no sólo sobre la ansiedad sino también en relación con la remisión, es superior a la de otros psicofármacos5, lo que debería, pero no ocurre, estimular trabajos de confrontación doble-ciego. En definitiva, por razones fundamentalmente económicas se posterga el uso de determinados antidepresivos en algunas enfermedades, sin que se haya determinado científicamente su posición respecto a los modernos competidores, más acordes con el mundo hedonista que mencionábamos.

Sin duda los viejos antidepresivos son menos "elegantes" y peor tolerados, pero abolirlos sería un grave error. Por supuesto que en muchos casos los nuevos antidepresivos constituyen los fármacos de primera intención, pero si prosigue la implacable campaña que desacredita a los clásicos, éstos no sólo quedarán marginados al tratamiento de casos resistentes, sino que desaparecerán, sin que la medicina les haya permitido medir su fuerza en el único campo que nos preocupa, la eficacia.

Bibliografía

1.Vallejo J. CITA
2.Vallejo J, Urretavizcaya M. ISRS en la melancolía. CITA
3.Sheehan D, Ballenger J, Jacobsen G. Treatment of endogenous anxiety with phobic, hysterical and hypocondriacal symptoms. CITA
Medline
4.Ballenger J, Davidson J, Lecrubier Y et al. CITA
5.Stravynski A, Greenberg D. The treatment of social phobia: a critical assessment. CITA
Medline