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doi: 10.1016/j.rh.2012.02.004

Nuestra especialidad en tiempos de crisis

Our specialty in times of crisis

R. Garreta Figuera a,

a Servicio de Rehabilitación, Hospital Universitario Mutua de Terrassa y Egarsat (SUMA), Terrassa, Barcelona, España

Artículo

La rehabilitación debería ser una especialidad en expansión, tanto por el tipo de paciente tributario de tratamiento, como por las modificaciones de nuestro entorno social y sanitario, sin embargo, por diversos motivos, en su mayoria ligados a la grave crisis actual, nuestra realidad es otra.

Asumiendo plenamente la definición de rehabilitación que en 1981 hacía la OMS como: «un proceso continuado destinado a evitar una deficiencia inminente, conservar, desarrollar o restablecer la capacidad de la persona para realizar una actividad normal», se entiende, que la rehabilitación comprende la valoración, la recuperación funcional, la readaptación y la terapia de mantenimiento, defendiendo que para alcanzar unos objetivos de atención integral, se precisa de un equipo multidisciplinario que trabaje interdisciplinariamente y que se coordine con el resto de recursos.

Otro aspecto importante es «dónde debe realizarse la rehabilitación». La respuesta sería desde el lugar más próximo al más lejano del usuario: el propio domicilio, la asistencia primaria, el hospital y las unidades de convalecencia y asistencia sociosanitaria.

Por lo tanto, por definición los servicios de rehabilitación deberían estar presentes en los distintos niveles asistenciales: hospital, primaria, sociosanitaria y domiciliaria, con una buena coordinación entre ellos para conseguir un flujo ágil y adecuado que garantice una continuidad asistencial eficaz y eficiente.

Este modelo de transversabilidad asegura el «continuum asistencial», para ello la gestión integral del proceso rehabilitador es fundamental y obliga a plantear una nueva forma de ubicar a los usuarios con afecciones susceptibles de rehabilitación que facilite el alta precoz de las unidades de agudos y favorezca la reducción de la estancia media y el coste del proceso. El hospital debe atender afecciones complejas, una sólida estructura en Atención Primaria es imprescindible y no es menos importante contar con medios a nivel sociosanitario y domiciliaria.

Esto coincide con una oferta muy baja de determinados servicios como las Unidades de Rehabilitación subaguda y de convalecencia básicamente dirigida al paciente neurológico y a pacientes con patología compleja, tributarios de rehabilitación.

Solo para el tratamiento del daño cerebral de origen traumático, se calcula que se necesitarían de 900 a 1.000 camas especializadas en el territorio español, lo que equivaldría a 20-25 servicios especializados.

Es necesario además, potenciar unidades ya existentes y crear nuevas áreas de interés dentro de nuestra especialidad.

Las Unidades de Rehabilitación subaguda o de convalecencia, la valoración del daño corporal-peritaje y la rehabilitación intervencionista entre otras, son inversiones claras de futuro y es imprescindible apostar por ellas si queremos estar bien posicionados. Actualmente puede parecernos un proyecto algo visionario, pero no es así, desde hace años, este modelo de especialidad ha demostrado sobradamente su eficacia en la mayoría de los países occidentales.

Pero no hay que olvidar el manejo de la afección banal que supone un porcentaje elevado de nuestras consultas, a corto plazo creo que nos veremos obligados a implementar modelos más eficientes que los actuales, mediante la protocolización de diversos procesos, que no solo contemple las terapias a aplicar, sino con una clara limitación en el número de visitas y sesiones de tratamiento, hay que trabajar por objetivos, crear programas multidisciplinarios con un fondo educativo, y pensar en posibles soluciones como la rehabilitación comunitaria para el paciente crónico. Todas estas medidas, sin duda van a ayudarnos a competir en eficacia y calidad con modelos actuales de rehabilitación «low cost», que cada vez están más presentes en nuestro país.

Para asumir este reto, es imprescindible equipar a nuestro servicio de una forma vanguardista, pero con una sólida base científica, debemos ser pioneros en la valoración del daño corporal y el peritaje, crear y potenciar nuevas áreas que nos hagan más competitivos y eficientes, sin olvidarnos de la docencia que estimula claramente la calidad de la práctica clínica y la investigación.

Finalmente, me gustaría puntualizar que en sanidad vamos hacia un modelo multihospital, donde se compartirán recursos tanto técnicos como humanos, como especialidad es importante saber qué somos y qué deberíamos ser, valorar nuestros puntos fuertes y nuestros puntos débiles, y tener una visión estratégica para anticiparnos a los cambios. Debemos preparar a nuestros futuros rehabilitadores para que sean capaces de actuar en este nuevo escenario, ser un poco visionarios, osados en hacer cosas nuevas y competitivos como especialidad. La clave de la rehabilitación, al igual que en otras especialidades médicas, es la introducción en el quehacer diario de las novedades tecnológicas como instrumentos diagnósticos, terapéuticos y de evaluación e impulsar la gestión del conocimiento.