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doi: 10.1016/j.rlfa.2012.03.005

El lenguaje en el envejecimiento, procesos de recuperación léxica

Language in aging, Lexical retrieval processes

María Teresa Martín-Aragoneses a, , Miguel Ángel Fernández-Blázquez b

a Departamento de Métodos de Investigación y Diagnóstico en Educación II, Universidad Nacional de Educación a Distancia, Madrid, España
b Servicio de Neurología, Hospital Sanitas La Moraleja, Madrid, España

Palabras Clave

Envejecimiento. Deterioro cognitivo leve. Enfermedad de Alzheimer. Lenguaje. Recuperación léxica. Fenómeno de punta de la lengua. Denominación. Fluidez.

Keywords

Aging. Mild cognitive impairment. Alzheimer's disease. Language. Lexical retrieval. Tip-of-the-tongue states. Naming. Fluency.

Resumen

En los últimos años, ha existido un interés creciente por entender la naturaleza del lenguaje en el envejecimiento, no solo por tratar de describir el modo en que este dominio cambia con la edad, sino también por la particular cualidad que su complejidad e interdependencia con otros procesos cognitivos le confieren sirviendo de marco en el desarrollo de teorías generales sobre el envejecimiento, al tiempo que brindando la oportunidad de examinar los sustratos neurobiológicos asociados al deterioro funcional y la preservación cognitiva. Aunque el procesamiento lingüístico parece resistir el avance de la edad, lo cierto es que cambios asociados al proceso de envejecimiento surgen también en el lenguaje. Sin embargo, el envejecimiento no afecta al lenguaje de un modo global, sino específicamente produciendo asimetrías, entre las que destaca un marcado deterioro de la producción frente a un relativo mantenimiento de la comprensión o un aumento del vocabulario. El propósito de este trabajo es revisar los principales cambios estructurales y funcionales que acontecen en el cerebro con la edad, así como los declives que a nivel cognitivo de ellos se derivan, con particular interés en el efecto que estos cambios pueden tener en el lenguaje, y en especial en los procesos de recuperación léxica. Se considera también el efecto de factores sociales, tales como el nivel educativo y la posición socioeconómica. El artículo aborda además los déficits de acceso léxico asociados a enfermedad neurológica, concretamente a deterioro cognitivo leve y enfermedad de Alzheimer.

Artículo

Caracterización del envejecimiento normal: factores que contribuyen a los cambios lingüísticos en el envejecimiento

El estudio de las distintas esferas relacionadas con el envejecimiento se ha intensificado durante los últimos años debido al aumento progresivo de la esperanza de vida y el paulatino envejecimiento de las sociedades occidentales. Entre otros aspectos, se ha prestado una especial atención al estudio de los cambios cognitivos asociados a la edad. Y, dentro de estos, la investigación de los distintos componentes lingüísticos durante el envejecimiento normal y patológico también ha experimentado un notable crecimiento. Como consecuencia de ello, en las últimas décadas se ha producido un incremento gradual en el número de estudios que relacionan envejecimiento y los procesos de recuperación léxica, tal como puede observarse en la Figura 1.

Número de registros bibliográficos obtenidos en la base de datos Psycinfo empleando la suma de las entradas recogidas con los descriptores «<i>lexical access</i>», «<i>lexical retrieval</i>» y «<i>naming</i>», en los grupos «<i>elderly</i>», «<i>mild cognitive impairment</i>» y «<i>Alzheimer</i>» para los periodos 1981-1990, 1991-2000 y 2001-2012. Como puede apreciarse en la figura, con el paso de los años se ha incrementado de forma progresiva el número de trabajos centrados en el estudio de los procesos de recuperación léxica asociados al envejecimiento sano y patológico. En este sentido, se observa que el mayor número de registros corresponde a la EA. El DCL cuenta con pocos registros hasta el periodo 2001-2012, debido a su reciente definición como entidad clínica en la última década del siglo pasado.

Figura 1. Número de registros bibliográficos obtenidos en la base de datos Psycinfo empleando la suma de las entradas recogidas con los descriptores «lexical access», «lexical retrieval» y «naming», en los grupos «elderly», «mild cognitive impairment» y «Alzheimer» para los periodos 1981-1990, 1991-2000 y 2001-2012. Como puede apreciarse en la figura, con el paso de los años se ha incrementado de forma progresiva el número de trabajos centrados en el estudio de los procesos de recuperación léxica asociados al envejecimiento sano y patológico. En este sentido, se observa que el mayor número de registros corresponde a la EA. El DCL cuenta con pocos registros hasta el periodo 2001-2012, debido a su reciente definición como entidad clínica en la última década del siglo pasado.

El envejecimiento se acompaña de cambios tanto cognitivos, perceptivos y sensoriales como neurobiológicos con implicaciones en el procesamiento del lenguaje a distintos niveles.

Cambios neurobiológicos

La investigación sobre la base anatomofisiológica del envejecimiento cognitivo ha experimentado un notable avance con el desarrollo de las técnicas de neuroimagen, tanto estructurales como funcionales. A nivel anatómico, se ha constatado una variación con la edad en el volumen general del cerebro, derivada de una serie de modificaciones a nivel celular, entre las que cabe señalar: una disminución del tamaño más que del número de neuronas, una degradación de sus axones y dendritas, y una menor densidad sináptica (Wong, 2002). Estos cambios no son lineales, sino que se acentúan en la vejez. Así, la corteza cerebral se reduce en adultos jóvenes a un ritmo de 0,12% por año, mientras que en mayores de 52 años este porcentaje anual alcanza el 0,35%. Análogamente, los ventrículos se expanden en un 0,43% en adultos jóvenes, ascendiendo este valor al 4,25% después de los 70 años (Dennis y Cabeza, 2008, Raz, 2005).

La atrofia cortical asociada a la edad difiere entre regiones, siendo la corteza frontal la que experimenta un deterioro más acelerado (entre 0,90 y 1,50% por año), seguida por la corteza parietal (entre 0,34 y 0,90%). Comparada con estas cortezas, la occipital muestra una insignificante atrofia asociada a la edad (Figura 2). El grado de pérdida de volumen varía, además, entre las subregiones de un mismo lóbulo. Por ejemplo, la corteza temporal, que ha sido examinada de forma más parcelada, exhibe tasas diferenciales de deterioro en mayores sanos, con una atrofia sustancial y progresivamente mayor del hipocampo frente a una relativa conservación de la corteza entorrinal (Dennis y Cabeza, 2008, Raz, 2005); resultado que se contrapone a lo observado en individuos con deterioro cognitivo leve (DCL), en los que la atrofia de la corteza entorrinal supera a la de la corteza hipocampal, pese a que la pérdida de volumen en esta última corteza sea más pronunciada en la EA respecto de controles sanos y DCL (Pennanen et al., 2004).

Imágenes de RM potenciadas en T2 y FLAIR, cortes coronal (imágenes de la izquierda) y transversal (imágenes de la derecha), de un adulto sano de 76 años (a) y un paciente con EA de 80 años (b). Tal como puede observarse en las imágenes, el paciente con EA presenta un mayor grado de atrofia en áreas frontotemporales, así como una mayor dilatación ventricular.

Figura 2. Imágenes de RM potenciadas en T2 y FLAIR, cortes coronal (imágenes de la izquierda) y transversal (imágenes de la derecha), de un adulto sano de 76 años (a) y un paciente con EA de 80 años (b). Tal como puede observarse en las imágenes, el paciente con EA presenta un mayor grado de atrofia en áreas frontotemporales, así como una mayor dilatación ventricular.

La sustancia blanca sigue el mismo gradiente antero-posterior de deterioro que la sustancia gris. Así lo afirma una revisión reciente de los hallazgos obtenidos en un número importante de estudios, en los que la integridad estructural de los tractos de sustancia blanca en el cerebro fue examinada a través de diversas técnicas de imagen, incluyendo la morfometría, el tensor de difusión, el estudio de hiperintensidades de sustancia blanca y la transferencia de magnetización (Gunning-Dixon et al., 2009). En el citado trabajo, se logra identificar un patrón general de deterioro y preservación, en el que la sustancia blanca prefrontal resulta la más susceptible a la influencia de la edad, y se establece la pérdida de integridad de la sustancia blanca como factor que contribuye a un estado de desconexión, que es asociado al deterioro que sufren con la edad la memoria episódica, las funciones ejecutivas y la velocidad de procesamiento.

A nivel bioquímico, también se han descrito en el envejecimiento alteraciones tanto en la síntesis y liberación como en la recepción y degradación de neurotransmisores, con la consiguiente disfunción de los circuitos sinápticos en los que se encuentran implicados. El principal sistema neurotransmisor afectado durante el envejecimiento normal es el dopaminérgico. Este sistema es crítico para muchas funciones cognitivas de orden superior y su deterioro resulta en una entrada reducida a la corteza frontal, derivada de la degradación de los circuitos frontoestriados (Bäckman y Farde, 2005).

Esta especial vulnerabilidad de la corteza frontal a los efectos de la edad ha llevado a proponer una teoría del Lóbulo Frontal del envejecimiento cognitivo (West, 1996, West, 2000), según la cual los procesos cognitivos mediados por esta corteza presentarán una mayor predisposición al deterioro con la edad.

Por su parte, los estudios de neuroimagen funcional han demostrado que, pese a que todo parece disminuir con la edad, la activación neuronal asociada al proceso de envejecimiento normal se caracteriza tanto por incrementos como por decrementos en la actividad cerebral (Dennis y Cabeza, 2008). Este patrón diferencial en el reclutamiento de las áreas implicadas en una determinada actividad cognitiva es interpretado como signo de deterioro cognitivo, cuando los adultos mayores fracasan en activar regiones cerebrales que son generalmente reclutadas por los adultos jóvenes (Dennis y Cabeza, 2008), mientras que la activación neuronal adicional, más allá de la observada en adultos jóvenes, ha suscitado 2 posibles explicaciones: una reorganización funcional como medio para compensar los cambios estructurales asociados a la edad (Reuter-Lorenz, 2002) o la desdiferenciación de regiones del cerebro con la edad (Park et al., 2004). El término desdiferenciación hace referencia a una pérdida de especialidad de la neurona y es consistente con una mayor correlación entre capacidades cognitivas (Lindenberger y Baltes, 1994). En cualquier caso, 2 patrones caracterizan la activación diferencial del cerebro envejecido: una reducción de la asimetría hemisférica (Cabeza, 2002) y un cambio postero-anterior (Davis et al., 2008).

Cambios cognitivos

Es esperable que cambios como los descritos comporten variaciones en el funcionamiento cognitivo, así como en el procesamiento lingüístico. Los cambios experimentados en el lenguaje durante el envejecimiento han sido comúnmente atribuidos al declive de otras funciones cognitivas, como la velocidad de procesamiento, la memoria de trabajo o la inhibición; aunque existe cada vez un mayor interés en conocer no solo los deterioros debidos a cambios asociados a la edad en capacidades cognitivas generales sino también en habilidades de dominio específico.

La velocidad de procesamiento hace referencia al tiempo que se necesita para llevar a cabo una determinada tarea cognitiva, y se sabe que disminuye con la edad (e.g., (Fernández-Duque y Black, 2006)). Las teorías del Enlentecimiento General (e.g., (Salthouse, 1996)) han sido usadas para justificar el rendimiento de adultos mayores en un amplio rango de tareas cognitivas, y en relación con el procesamiento del lenguaje proponen un enlentecimiento de los procesos componentes implicados como explicación de los déficits asociados a la edad (Salthouse, 2000). La disminución de la velocidad de procesamiento se ha vinculado, principalmente, a dificultades en los procesos de comprensión. De tal modo, es frecuente que se aluda a este enlentecimiento para explicar las diferencias asociadas a la edad en tareas que implican un ritmo de procesamiento al imponer restricciones temporales para su ejecución (e.g., el seguimiento de información presentada a una tasa rápida; (Wingfield et al., 2003)), o en tareas que requieren que los productos previos del procesamiento estén posteriormente disponibles para completar el proceso (e.g., la información contextual durante la resolución de una ambigüedad; (Dagerman et al., 2006)). Sin embargo, la velocidad de procesamiento tiene también un papel substancial en la producción. Así lo demuestra una investigación reciente (McDowd et al., 2011), en la que la velocidad de procesamiento resultó ser el mejor predictor de la ejecución en fluidez verbal en adultos mayores, incluso frente a otras medidas cognitivas que se supone están implicadas en el desempeño de esta tarea, como son las funciones ejecutivas y la habilidad verbal.

De igual modo, existe evidencia de que la memoria de trabajo, o también llamada memoria operativa (en adelante, MO), tampoco supera indemne el avance de la edad (Bopp y Verhaeghen, 2005, Grady y Craik, 2000). La MO permite el mantenimiento temporal y el procesamiento activo de información relevante para los propósitos de una determinada acción (Baddeley, 2003, Baddeley y Hitch, 1974), lo que la convierte en un mecanismo esencial para múltiples procesos cognitivos y situaciones cotidianas. Dado su papel crítico, se asume que su degradación contribuye a los deterioros asociados a la edad en el funcionamiento cognitivo general y, de forma particular, en el lenguaje. La pregunta sobre cómo el envejecimiento afecta a la MO no ha sido aun claramente contestada y todavía se discute si sus limitaciones se relacionan con una disminución en la capacidad (teoría de la Capacidad, (Just y Carpenter, 1992, Just et al., 1996)) o pueden ser explicadas por cambios en la eficacia del procesamiento (e.g., (MacDonald y Christiansen, 2002)); y, de estar sus limitaciones basadas en la capacidad, si puede hablarse de la reducción de una fuente única de recursos limitados (Just y Carpenter, 1992, Just et al., 1996) o debe hacerse una diferenciación funcional entre recursos interpretativos, especializados en los procesos psicolingüísticos, y postinterpretativos, dedicados a actividades de propósito general (teoría de la Especificidad de Recursos, (Caplan y Waters, 1999, Waters y Caplan, 1996)), en cuyo caso parece que el envejecimiento solo afecta a estos últimos (e.g., (DeDe et al., 2004, Caplan et al., 2011, Waters y Caplan, 2001, Waters y Caplan, 2005)). No obstante, con independencia de la causa de estos déficits, las personas mayores muestran mayor dificultad en tareas lingüísticas con altos requerimientos de MO, tales como la comprensión de oraciones gramaticalmente complejas o de un contenido semánticamente difícil (e.g., (Kemper y Sumner, 2001, Angwin et al., 2006)) o la producción autorregulada.

El modelo imperante de MO (Baddeley, 1986, Baddeley, 2000, Baddeley y Hitch, 1974) diferencia 4 componentes: 2 mecanismos de almacenamiento temporal de información visual y auditiva, respectivamente, un almacén episódico vinculado a la memoria a largo plazo y un procesador ejecutivo central amodal. Otros modelos alternativos (e.g., (Cowan, 1995, Cowan, 2001, Oberauer y Kliegl, 2006), por mencionar algunos) vinculan también mecanismos atencionales al mantenimiento limitado de información a corto plazo, distinguiendo así procesos de representaciones de modalidad específica temporalmente activadas y destacando el papel de un componente ejecutivo. El término función ejecutiva es impreciso, pues alude a «un constructo multidimensional que incluye una variedad de procesos cognitivos superiores vagamente relacionados» (e.g., la planificación, la toma de decisiones, la regulación…) (Spreen y Strauss, 1998, p. 171), salvo por el hecho de depender de la integridad de la corteza prefrontal (Dennis y Cabeza, 2008, Raz, 2005) y el sistema dopaminérgico (Bäckman y Farde, 2005). Como conjunto de «mecanismos de control de propósito general» (Miyake et al., 2000), el componente ejecutivo modula la operación de subprocesos cognitivos que incluyen la asignación de la atención, la selección, la actualización y monitorización de la información, la flexibilización o la inhibición de información irrelevante. Se ha observado una menor eficacia en el funcionamiento de estos subprocesos en personas mayores.

Otra explicación cognitiva para los cambios en el procesamiento lingüístico asociados a la edad proviene de la teoría del Déficit Inhibitorio (Hasher et al., 2007, Hasher y Zacks, 1988). De acuerdo con esta teoría, el envejecimiento disminuye la capacidad para inhibir información irrelevante, debilitando los procesos que son responsables de regular la información que entra y abandona la MO, así como aquellos que controlan respuestas probables o predominantes hasta haber evaluado su adecuación (Hasher et al., 1999). Consecuencia de unos procesos inhibitorios ineficientes es el aumento de la vulnerabilidad a la interferencia, la distractibilidad, la dificultad para cambiar rápidamente de una tarea a otra y la dependencia de «estereotipos, heurísticos y esquemas» sobreaprendidos (Yoon et al., 1999). Unos mecanismos de inhibición disminuidos pueden ocasionar problemas tanto en la producción como en la comprensión del lenguaje. Durante la comprensión, por ejemplo, déficits de inhibición permitirían explicar las dificultades que las personas mayores tienen para comprender el discurso cuando este se produce con ruido de fondo (e.g., (Tun et al., 2002)) o con palabras auditivamente muy similares (Sommers, 2008). Resultados análogos pueden ser observados durante la lectura (e.g., (Kim et al., 2007, Mund et al., 2010)). En cuanto a la producción, también se ha recurrido a un déficit inhibitorio para justificar algunas de las conductas observadas en los mayores durante su discurso, como la verbosidad (Arbuckle y Gold, 1993), la propensión a salirse del tema (e.g., (Arbuckle et al., 2000)) o la incapacidad para suprimir palabras incorrectas, aunque puedan autocorregirse.

Influencia de factores a nivel social

Los factores sociales más comúnmente considerados en la investigación sobre los cambios en el lenguaje son el nivel educativo y el estatus socioeconómico. Qué duda cabe que el nivel educativo es una medida bruta, más aún cuando es tenida en cuenta en la población de personas mayores, pues su valor trasciende el de los años de escolaridad y, a su vez, está influenciada por otras tantas variables como, por ejemplo, la calidad de la educación recibida, la escolaridad de los padres, la ocupación laboral y la formación continua e, incluso, las aficiones y la actividad social a lo largo de la vida. Sin embargo, este marcador se vincula con frecuencia al rendimiento en un extenso rango de tareas lingüísticas, desde la recuperación léxica (e.g., (Connor et al., 2004)) a la comprensión gramatical (e.g., (Martín-Aragoneses et al., 2011)) o la densidad conceptual en el discurso narrativo (e.g., (Mitzner y Kemper, 2003)).

El otro factor social, la posición socioeconómica, ha recibido considerablemente menos atención. Como en el caso del nivel educativo, incluye también otras variables, como la propia educación, la posición laboral y, a veces, el prestigio del empleo del cónyuge. Sus efectos han sido ampliamente estudiados en el desarrollo del lenguaje, menos en población con trastornos del lenguaje y muy escasamente en los cambios del lenguaje asociados a la edad.

Problemas de recuperación léxica en el envejecimiento: el fenómeno de la punta de la lengua

La producción oral es una de las actividades más fundamentales de los seres humanos. En algunas ocasiones, la producción de palabras fracasa y resulta en un estado conocido como el fenómeno de la punta de la lengua (PDL), una incapacidad temporal, pero con frecuencia frustrante, para recuperar desde la memoria una palabra conocida (Brown y McNeill, 1966). Los eventos de PDL se incrementan con la edad, y a pesar de tener vocabularios más extensos que los adultos jóvenes, los adultos mayores informan de una mayor incidencia de estos fallos, tanto de forma inducida en situaciones de laboratorio como durante la producción natural en la vida diaria (Burke et al., 1991, Burke et al., 2004, Cross y Burke, 2004, Evrard, 2002, Gollan y Brown, 2006, Juncos-Rabadán et al., 2006). Aunque el fenómeno comúnmente se ha enmarcado dentro de los problemas que pueden surgir durante el habla, se han observado en el lenguaje escrito dificultades en la recuperación léxica que imitan a aquellas experimentadas durante la producción oral (e.g., (Rastle y Burke, 1996)).

Cuando se produce un estado de PDL, parte de la información fonológica/ortográfica puede ser accesible (e.g., número de sílabas, primera y última letra, patrón de acentuación…), pero la palabra no puede ser ni escrita ni pronunciada (e.g., (Rastle y Burke, 1996)), lo que sugiere que el déficit se localiza en un nivel anterior al de salida motora (i.e., planificación y ejecución motoras). Tampoco parece que se trate de un problema a nivel fonológico, puesto que una palabra con la que se experimenta un estado de PDL puede ser repetida y leída en voz alta. Asimismo, el origen del problema no puede situarse en el nivel semántico, pues aunque las palabras no puedan ser recuperadas sí pueden definirse con precisión. En definitiva, los eventos de PDL parecen producirse esencialmente por un problema de acceso léxico.

Los modelos de producción, tanto de procesamiento en paralelo (interactivos; (MacKay y Burke, 1990)) como por etapas (seriales; (Levelt et al., 1999)), proponen un fracaso en la codificación fonológica/ortográfica tras la selección de la palabra apropiada como causa del fenómeno de PDL; sin embargo, este fracaso ha sido explicado desde 2 perspectivas: activación incompleta vs. bloqueo. La recuperación léxica implica tanto la transmisión de la excitación a las representaciones objetivo como la inhibición de representaciones alternativas primadas que compiten por la activación. Dentro de un modelo de acceso léxico de tipo conexionista, como el postulado por la teoría estructural nodular (Figura 3), se apunta a una activación insuficiente como resultado de un déficit en la transmisión del primado (Burke et al., 1991), derivado de un debilitamiento de las conexiones entre las representaciones lingüísticas con la edad. La arquitectura divergente de la red en los procesos de producción, con conexiones individuales entre la representación léxica específica y su forma fonológica/ortográfica, predispone a los sistemas fonológico y ortográfico a una particular vulnerabilidad a los efectos de una reducción en la transmisión asociada a la edad. Esta explicación, conocida como hipótesis del Déficit de Transmisión (HDT; (MacKay y Burke, 1990)), no se contrapone a otras sugeridas a nivel cognitivo, sino que, por el contrario, es consistente con un abordaje de los problemas de recuperación léxica basado en el enlentecimiento cognitivo observado en el envejecimiento (Salthouse, 1996).

Ejemplo de representación de la información semántica y fonológica en un modelo de activación interactivo, la <i>teoría de la Estructura en Nodos</i> (<cross-ref>MacKay, 1987</cross-ref>), en el que la información lingüística es almacenada en forma de nodos de una red altamente interconectada y especializada en varios sistemas, incluyendo un sistema semántico para el significado de las palabras y otro fonológico/ortográfico para sus formas, ambos interrelacionados a través del almacén léxico. La recuperación de la información representada en un nodo requiere su activación. El primado (del inglés, <i>priming</i>), o subumbral de excitación, prepara a una unidad representacional para la activación y un nodo activado prima o facilita a todos los demás nodos conectados con él, siendo la transmisión del primado bidireccional entre los niveles, esto es, de arriba-abajo y de abajo-arriba. La activación frecuente o reciente de nodos fortalece las conexiones, incrementando la transmisión del primado. Muchos de los nodos necesarios para producir las palabras que en este ejemplo aparecen han sido omitidos con el fin de simplificar la figura.

Figura 3. Ejemplo de representación de la información semántica y fonológica en un modelo de activación interactivo, la teoría de la Estructura en Nodos ( MacKay, 1987 ), en el que la información lingüística es almacenada en forma de nodos de una red altamente interconectada y especializada en varios sistemas, incluyendo un sistema semántico para el significado de las palabras y otro fonológico/ortográfico para sus formas, ambos interrelacionados a través del almacén léxico. La recuperación de la información representada en un nodo requiere su activación. El primado (del inglés, priming), o subumbral de excitación, prepara a una unidad representacional para la activación y un nodo activado prima o facilita a todos los demás nodos conectados con él, siendo la transmisión del primado bidireccional entre los niveles, esto es, de arriba-abajo y de abajo-arriba. La activación frecuente o reciente de nodos fortalece las conexiones, incrementando la transmisión del primado. Muchos de los nodos necesarios para producir las palabras que en este ejemplo aparecen han sido omitidos con el fin de simplificar la figura.

Desde la hipótesis de un déficit inhibitorio (Zacks y Hasher, 1994), los problemas de acceso léxico en la vejez se producen por el bloqueo de la palabra deseada como consecuencia de la activación de otras próximas desde el punto de vista fonológico, debido a una dificultad para suprimir información irrelevante, y, por lo tanto, competidores potenciales. Aunque un deterioro de la función inhibitoria es coherente con la observación de una menor capacidad de atención selectiva con la edad, lo cierto es que la hipótesis de un déficit inhibitorio deja muchas cuestiones sin resolver, y la explicación de un déficit en la transmisión como causa subyacente a los eventos de PDL ha recibido mayor respaldo en la investigación. Uno de los argumentos con mayor peso es que, comparados con adultos jóvenes, los mayores pueden recuperar menos información fonológica de la palabra en la PDL (Burke et al., 1991, James y Burke, 2000), pero son menos propensos a producir como alternativa una palabra incorrecta aunque fonológicamente similar a la que se desea recuperar (Burke et al., 1991, White y Abrams, 2002). Este hecho, replicado en estudios independientes, no puede ser explicado a partir de un déficit inhibitorio, que contrariamente justificaría una mayor presencia de intrusiones en las personas mayores. Pero sí por un debilitamiento de las conexiones entre las representaciones, ya que una reducción en la transmisión conllevará una menor recuperación de información de tipo fonológico/ortográfico, lo que impedirá a su vez que nodos fonológicos/ortográficos activados primen, vía retroalimentación de abajo-arriba, nodos léxicos que representen a palabras que posean esas características fonológicas/ortográficas, haciendo más improbable la producción de palabras intrusas en los adultos mayores.

Consistente también con la HDT es una mayor incidencia de eventos de PDL con palabras de baja frecuencia (Abrams et al., 2007a, Burke et al., 1991, Vitevitch y Sommers, 2003). Otro factor que parece tener un efecto en la recuperación léxica es la vecindad, o conjunto de palabras fonológicamente similares a la palabra objetivo. El término densidad de vecindad hace referencia al número total de vecinos que una palabra tiene, mientras que el término frecuencia de vecindad se refiere a la frecuencia con que esos vecinos son usados. Se ha encontrado un efecto diferencial de estos factores entre adultos jóvenes y mayores. Ambos grupos de edad exhiben una mayor cantidad de estados de PDL con palabras de baja densidad de vecindad, pero en adultos mayores esto solamente se observa cuando esas palabras además tienen una baja frecuencia de vecindad, mientras que en adultos jóvenes la influencia de la densidad ocurre con independencia de la frecuencia de vecindad (Vitevitch y Sommers, 2003).

Más evidencia a favor de la HDT proviene de estudios que han demostrado que la producción previa de palabras que comparten estructura fonológica con la palabra a ser recuperada aumenta el número de recuperaciones correctas y reduce la proporción de estados de PDL (James y Burke, 2000, Rastle y Burke, 1996). Asimismo, la producción de palabras fonológicamente relacionadas facilita también la resolución de un evento de PDL (Abrams et al., 2003), resultando la sílaba inicial decisiva respecto de otras claves (Abrams et al., 2003, White y Abrams, 2002) y determinando la clase gramatical del facilitador fonológico el efecto sobre la resolución, que únicamente parece incrementarse cuando este pertenece a distinta categoría que la palabra a ser recuperada (Abrams y Rodriguez, 2005, Abrams et al., 2007b). No se han encontrado cambios significativos asociados a la edad respecto a la facilitación derivada de la exposición a la fonología de la palabra objetivo, tanto antes como después de un evento de PDL, salvo a partir de los 73 años, momento en el que comienza a advertirse una mayor susceptibilidad a competidores fonológicos, especialmente cuando estos pertenecen a la misma clase gramatical (Abrams et al., 2007b), así como un menor beneficio en el uso de claves fonológicas de sílaba inicial en la resolución de eventos de PDL (White y Abrams, 2002).

Muchos estudios se han centrado en investigar el fenómeno de PDL con nombres propios, pues, al tratarse de expresiones referenciales puras, no disponen de la amplia red de conexiones dentro de la arquitectura representacional semántica con la que cuentan los nombres comunes, siendo especialmente proclives a producir experiencias de PDL en todas las edades (Burke et al., 1991, Evrard, 2002, Juncos-Rabadán et al., 2006), al tiempo que más vulnerables al efecto de la edad (Burke et al., 1991, Evrard, 2002, Facal-Mayo et al., 2006, Juncos-Rabadán et al., 2006). En un estudio llevado a cabo con imágenes de rostros no-familiares (James, 2004), en el que se solicitaba a adultos jóvenes y mayores aprender y, posteriormente, recordar el nombre propio y la ocupación correspondientes a cada uno de esos personajes, ambos grupos de edad mostraron más dificultad para recordar los nombres propios que las profesiones, a pesar de que se emplearon etiquetas ambiguas que podían designar tanto un apellido como una ocupación (e.g., [John] Farmer vs. a farmer). No obstante, los adultos mayores cometieron más errores que los jóvenes en la recuperación de nombres propios, pero no en la de ocupaciones. Resultados similares se han encontrado empleando imágenes de celebridades familiares, con incrementos asociados a la edad en el número de eventos de PDL para nombres propios comparados con otras palabras (James, 2006). Este rendimiento diferencial ante nombres propios parece surgir en torno a los 50 años, incrementándose su incidencia a partir de los 70 años (Facal-Mayo et al., 2006).

En cuanto a la facilitación fonológica en nombres propios, la investigación demuestra que, pese a exhibir mayores dificultades, los mayores se benefician de la presentación de la fonología de la palabra objetivo tanto en la recuperación (Burke et al., 2004) como en la resolución de eventos de PDL (Facal-Mayo et al., 2006). En un estudio que utilizaba la producción previa de nombres comunes homófonos (e.g., pit) de nombres propios (e.g., Brad Pitt) como facilitadores fonológicos en una tarea de denominación de imágenes de personajes famosos, se observó que únicamente en adultos mayores se incrementaba la recuperación y se reducían los eventos de PDL (Burke et al., 2004).

Respecto a los sustratos neuroanatómicos que subyacen al procesamiento fonológico, se ha destacado el papel de la corteza frontal inferior izquierda, en concreto la región del opérculo frontal, y muy especialmente el de la ínsula anterior izquierda (Indefrey y Levelt, 2004), para la que existe abundante evidencia de su implicación en la recuperación fonológica. Se ha observado, así, activación de esta región insular durante los intentos de recuperación léxica en estados de PDL (Shafto et al., 2010) y durante la ejecución de tareas de denominación por confrontación y generación de palabras (Indefrey y Levelt, 2004), relacionándose su atrofia con el aumento de eventos de PDL con la edad (Shafto et al., 2007). Por otro lado, el fascículo uncinado izquierdo, que conecta la corteza orbitofrontal con el lóbulo temporal anterior, incluyendo el giro frontal inferior, ha sido asociado con la denominación de objetos y acciones (Lu et al., 2002). Recientemente, se ha sugerido, además, una disminución de la integridad de este tracto como origen de los problemas de recuperación léxica de las personas mayores, especialmente con nombres propios (Papagno, 2011). También se ha encontrado una relación entre el fascículo longitudinal superior izquierdo y los fracasos para encontrar la palabra en adultos mayores (Stamatakis et al., 2011).

Déficits en el acceso léxico de pacientes con DCL y demencia

Tradicionalmente, los conceptos de salud y enfermedad se han representado como 2 polos de un mismo continuo; dentro del cual se situarían las diferentes entidades nosológicas. El DCL constituye un cuadro clínico situado entre el envejecimiento normal y la demencia. Se trata de un síndrome en el que se puede observar un declive cognitivo mayor al esperado para la edad del paciente, aunque sin la suficiente entidad como para condicionar la realización de las actividades de la vida diaria. A medida que el trastorno cognitivo se agudiza y aparecen dificultades para realizar de forma autónoma las tareas cotidianas, se considera que el paciente cumple criterios para el diagnóstico de demencia. El concepto clínico de demencia engloba una serie de características entre las que cabe señalar: i ) un déficit en uno o varios procesos cognitivos; ii ) una merma con respecto a un nivel previo; iii ) referido por el paciente y/o un informador fiable; iv ) un patrón de evolución de meses o años; y v ) una afectación significativa de la actividad social o laboral habitual (Viñuela y Olazarán, 2009). Entre los diferentes tipos de demencia, la EA ocupa un lugar central por su alta prevalencia, que se sitúa alrededor del 50-70% (Rektorová et al., 2009). La EA es una demencia degenerativa primaria de tipo cortical, que se caracteriza por una atrofia cerebral generalizada, más severa en los lóbulos temporales, y que se acompaña de dilatación secundaria del sistema ventricular (Figura 2). Los estudios epidemiológicos sitúan la prevalencia del diagnóstico de DCL en adultos mayores de 65 años en torno al 12-15% (Negash et al., 2008). Asimismo, diferentes trabajos longitudinales han obtenido unas tasas de conversión de DCL a demencia del 10-15% anual (Petersen et al., 1999(Gauthier et al., 2006)).

El DCL es una entidad clínica heterogénea (Petersen et al., 2001) que, de acuerdo al perfil de déficits cognitivos, puede ser clasificado en 4 tipos clínicos: DCL amnésico (DCLa) y DCL no-amnésico (DCLna), que a su vez pueden ser unidominio o multidominio, según se exhiban déficits en uno o varios dominios cognitivos (Petersen, 2004). El tipo amnésico puro implica la presencia de quejas subjetivas de memoria, corroboradas mediante informador fiable y juicio clínico, no observándose otras alteraciones cognitivas. Por su parte, el DCLna unidominio se caracteriza por un deterioro aislado en funciones ejecutivas, procesamiento visuoespacial o lenguaje. Existe cierto consenso en establecer la EA como causa del DCLa cuando existe una base degenerativa, mientras que el DCLna es asociado a demencia Frontotemporal (DFT), cuando es unidominio, y a demencia de cuerpos de Lewy, cuando es multidominio. De ahí que únicamente los subtipos de DCLa sean considerados por representar la etapa prodrómica de la EA. No obstante, a pesar de los esfuerzos por tratar de definir un modelo de DCL que conjugue tanto la caracterización cualitativa (perfil) y cuantitativa (nivel de afectación) como las posibles causas, esto aún no se ha conseguido.

La recuperación léxica es, también, uno de los aspectos del lenguaje más afectado en procesos progresivos de deterioro asociados a neuropatología (Grossman et al., 2004, Juncos-Rabadán et al., 2010). Estas dificultades se constatan ya en el lenguaje espontáneo del paciente, pero pueden objetivarse mediante tareas de fluidez verbal y de denominación por confrontación visual, conocidas por su sensibilidad para estimar el grado de disfunción de los mecanismos de acceso léxico (Radanovic et al., 2007) y, usualmente, presentes en los protocolos de detección y diagnóstico de DCL y EA (e.g., Test de los 7 Minutos; (Del Ser Quijano et al., 2004)). Entre los instrumentos usados para valorar la denominación, el test de denominación de Boston (Boston Naming Test, BNT; (Kaplan et al., 1983)) constituye la prueba más extensamente empleada. Los adultos mayores sanos exhiben una menor precisión y una mayor lentitud respecto de adultos jóvenes en la ejecución de este test, especialmente a partir de los 70 años (Barresi et al., 2000, Connor et al., 2004, MacKay et al., 2002), produciéndose una reducción promedio en el rendimiento de un 2% cada década, según datos longitudinales (Connor et al., 2004). Además, los adultos mayores se benefician más de claves fonológicas que de claves semánticas (ante las que suelen responder diciendo «sí, lo sé», cuando el problema es de recuperación léxica y no de reconocimiento del objeto) en tareas de denominación.

Los problemas de denominación son una manifestación temprana de la EA y se agravan durante el curso de la enfermedad (Taler y Phillips, 2008). Esta dificultad se asocia con la degradación de las redes semántico-léxicas y se ha relacionado con la atrofia de la corteza temporal lateral izquierda (Grossman et al., 2004). Una observación interesante en apoyo a esto último es que los pacientes con EA severa no se benefician cuando se les proporciona una clave fonológica (Purves y Small, 2006), pues, de utilizarla, tienden a producir una palabra fonológicamente similar en su comienzo, pero semánticamente no asociada. Un aspecto a considerar al emplear tareas de denominación por confrontación visual es el papel que en ellas tienen los procesos perceptivos, y distinguir dificultades semántico-léxicas de errores derivados de déficits gnósicos (e.g., decir pato ante la representación pictórica de una aguja enhebrada en el BNT), presentes también en la EA.

Los resultados son contradictorios para el DCL, pues mientras que algunos estudios encuentran que la capacidad para denominar es significativamente peor en el DCL que en controles sanos (e.g., (Nordlund et al., 2005)), otros fracasan en encontrar estas diferencias (e.g., (Willers et al., 2008)). Esta inconsistencia en los resultados podría deberse al perfil de los pacientes con DCL que constituyen las muestras de los estudios. De tal modo, la investigación muestra que pacientes con DCL de tipo amnésico puro tienden a presentar un rendimiento general normal en el BNT (Lopez et al., 2006), aunque a nivel cualitativo exhiban significativamente más errores semánticos que los controles sanos (Willers et al., 2008); sin embargo, diferencias significativas surgen cuando los pacientes presentan, además de alteración de la memoria, déficits en otros dominios cognitivos (Lopez et al., 2006, Tabert et al., 2006). En estos pacientes (i.e., DCLa multidominio), en los que además se ha observado una mayor conversión a demencia (Alexopoulos et al., 2006, Tabert et al., 2006), la puntuación en el BNT ha resultado ser un buen predictor de evolución a la misma (Tabert et al., 2006).

Un método comúnmente empleado para examinar la fluidez verbal es la generación de listas de palabras, consistente en solicitar la recuperación del mayor número posible de palabras, durante un tiempo limitado (generalmente un minuto), de acuerdo a una clave o regla específica de evocación que, dependiendo del tipo de fluidez, puede ser fonológica (e.g., F, A, S), semántica (e.g., animales, prendas de vestir…) o, incluso, gramatical (e.g., acciones…). Usualmente, implica la producción oral, pero también puede ser administrada de forma escrita (para un estudio con población española ver (Ruiz Sánchez de León et al., 2011)). La ejecución en tareas de fluidez verbal semántica depende de la integridad de las redes de la memoria semántica, mientras que la ejecución en tareas de fluidez verbal fonológica depende de la integridad tanto de las representaciones fonológicas como de las conexiones entre estas y las representaciones léxicas (Juncos-Rabadán et al., 2010). En ambas, además, intervienen procesos de control ejecutivo, tales como la actualización de las palabras que se van produciendo, la inhibición de las que ya se produjeron o que son inapropiadas y la puesta en marcha de mecanismos de búsqueda y recuperación, los cuales son expresados a través de 2 estrategias: la agrupación, o producción consecutiva de palabras dentro de una subcategoría semántica/fonológica, y el cambio, o transición rápida a una nueva subcategoría cuando la actual ha sido agotada. El tamaño del clúster refleja procesos semánticos, mientras que el cambio requiere de la habilidad para comprometer procesos de búsqueda estratégicos, tales como la iniciación y la flexibilidad (Troyer et al., 1997).

Se ha encontrado que los adultos mayores realizan menos cambios, pero logran clústeres comparables a los de adultos jóvenes (Troyer et al., 1997, Lanting et al., 2009); por lo que las dificultades asociadas a la edad en la fluidez parecen ser debidas al componente ejecutivo, pero no a diferencias en el procesamiento semántico. En este sentido, un estudio reciente (McDowd et al., 2011), en el que se examinaba la influencia en la fluidez verbal de diferencias individuales en medidas cognitivas que varían con la edad –y que ya fueron comentadas en la primera sección de este trabajo−, identificó la inhibición como el segundo mejor predictor de la fluidez en adultos mayores sanos, después de la velocidad de procesamiento, encontrando además un mayor número de perseveraciones y de intrusiones en los mayores respecto de adultos jóvenes; subrayando así estos resultados el papel determinante del control ejecutivo en la fluidez verbal y su deterioro en el envejecimiento.

Las diferencias entre adultos jóvenes y mayores sanos suelen ser similares a través de todos los tipos de fluidez (McDowd et al., 2011), caracterizándose el rendimiento en ambos grupos de edad por una mayor producción de palabras para categoría que para letra inicial (Lezak, 1995). No obstante, un estudio reciente (Brandt y Manning, 2009) ha demostrado que el rendimiento en tareas de fluidez verbal puede encontrarse fuertemente influido por la dificultad de la categoría o letra inicial elegida. En cualquier caso, ha sido ampliamente documentada una mayor afectación de la fluidez semántica que de la fonológica en la EA (para un meta-análisis basado en 153 estudios publicados, ver (Henry et al., 2004); ver también (Laws et al., 2010)), lo que se ha empleado para diferenciar la EA de otras formas de demencia, por ejemplo, la DFT (Rascovsky et al., 2007). Sin embargo, en un meta-análisis basado en 50 estudios que medían fluidez semántica y fonológica, el tamaño del efecto de la discrepancia entre las puntuaciones de ambos tipos de fluidez no difirió entre pacientes con EA y controles, indicando que la discrepancia semántico-fonológica, tan frecuentemente informada como característica distintiva de pacientes con EA, podía no tratarse más que de «una tendencia normal acentuada» en el curso de la enfermedad (Laws et al., 2010, p. 595).

Al igual que en la denominación, se han encontrado distintos patrones de fluidez en función del subtipo de DCL. Respecto al perfil amnésico, la investigación revela un deterioro progresivo en la fluidez semántica (controles >DCL>EA), en relación a la fonológica (controles = DCL>EA) (Adlam et al., 2006, Lopez et al., 2006, Murphy et al., 2006), más pronunciado en DCLa multidominio, cuyo rendimiento se aproxima al de pacientes con EA, que en el tipo amnésico puro (Brandt y Manning, 2009). De hecho, un estudio prospectivo que examinaba la predicción de EA durante un período de 10 años en una amplia muestra epidemiológica, en el que los resultados diagnósticos fueron derivados independientemente de las medidas predictoras, obtuvo evidencia de que la fluidez semántica, en concreto la categoría animales, podía predecir con precisión en población sana la probabilidad de conversión a EA 5 años después (Tierney et al., 2005). Sin embargo, la discrepancia entre fluidez semántica y fonológica parece reducirse en el DCL no-amnésico (Brandt y Manning, 2009).

Desde el punto de vista cualitativo, la fluidez verbal también parece estar afectada en el DCL y la EA. Los pacientes con EA realizan menos cambios que los adultos mayores sanos en tareas de fluidez semántica (Troyer et al., 1998, Pekkala, 2004) y de acciones (Pekkala, 2004), pero no en tareas de fluidez fonológica (Troyer et al., 1998). En lo que respecta al tamaño, sus clústeres son también más pequeños en tareas de fluidez semántica (Troyer et al., 1998, Pekkala, 2004), fonológica (Troyer et al., 1998) y de acciones (Pekkala, 2004). Son más escasos, por su parte, los estudios que examinan el uso de estas estrategias en individuos con DCL, y sorprende gratamente que uno de esos trabajos sea firmado por autores españoles. En este estudio, los 14 pacientes con DCL (no se especifica el tipo) realizaron un menor número de cambios en fluidez fonológica y de agrupaciones en fluidez semántica, aunque el tamaño promedio de los clústeres fue similar al de controles sanos en ambas tareas de fluidez (Ferreira y Correia, 2008). Este resultado es consistente con los de otros estudios que relacionan las dificultades de acceso léxico intencional en el DCL con una pérdida de eficacia de los procesos de control ejecutivo.

Asimismo, la comisión de errores, tanto perseverativos como de intrusión, es también mayor en la EA. Las perseveraciones son distintas y más frecuentes que las encontradas en personas mayores sanas. Perseveraciones de tipo recurrente (e.g., «falda», «blusa», «bufanda», «pantalón», «falda») pueden observarse en controles sanos y de forma progresiva en mayor proporción en pacientes con EA, mientras que perseveraciones continuas (e.g., «gato», «gato», «gato») o perseveraciones de una respuesta anterior (e.g., producir ítems de una categoría previa en una categoría posterior) son características de la etapa moderada de la EA (Pekkala et al., 2008). Por su parte, las intrusiones, o palabras inapropiadas, también son más frecuentes en pacientes con demencia (Pekkala, 2004). Este patrón de fluidez alterado es interpretado como signo de disfunción ejecutiva y de MO (Pekkala et al., 2008) y un déficit en el acceso, recuperación e integración de información semántica (Pekkala, 2004).

Conclusión

En este trabajo se han revisado los principales declives cognitivos derivados de los cambios no patológicos en la estructura y organización del cerebro durante el envejecimiento, que fundamentalmente afectan a la función de la corteza prefrontal, la lateralización de las funciones y la neuromodulación. Como resultado de las limitaciones en capacidades cognitivas de dominio general y de los deterioros sensoriales y perceptivos que acompañan frecuentemente al envejecimiento, los adultos mayores pueden experimentar dificultades para comprender y producir el lenguaje, especialmente cuando la actividad lingüística impone fuertes demandas de MO (e.g., construcciones gramaticales complejas), restricciones temporales (e.g., una conversación rápida sobre un tema desconocido), no ocurre en situaciones ideales (e.g., en condiciones adversas de escucha) o precisa de un control ejecutivo (e.g, en la producción autorregulada). Más allá de estas limitaciones, el lenguaje en la vejez se caracteriza, además, por una marcada afectación de la codificación fonológica/ortográfica durante los procesos de recuperación léxica, debido al debilitamiento de las conexiones entre las representaciones lingüísticas con la edad, que produce déficits de transmisión a los que los procesos de arriba-abajo son especialmente vulnerables en la producción. La investigación basada en neuroimagen ha potenciado el desarrollo de modelos psicolingüísticos explícitos para explicar los cambios que se producen en la recuperación léxica con el envejecimiento más allá de un enlentecimiento general, en los que el lenguaje es representado en una red distribuida de regiones cerebrales que comprometen, principalmente, áreas de cortezas frontal inferior, temporal y parietal. Asimismo, el estudio con poblaciones patológicas (DCL y EA) ha permitido identificar marcadores lingüísticos tempranos de procesos neurodegenerativos. Pero, sin duda, el avance en la investigación sobre el efecto de la edad en otros componentes del lenguaje se hace inexorablemente necesario.

Recibido 27 Marzo 2012
Aceptado 30 Marzo 2012

Autor para correspondencia. mt.m.aragoneses@edu.uned.es

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